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Retratos, por javier puerto sarmiento.

Retratos, por javier puerto sarmiento.

Queremos dar la bienvenida a nuestro nuevo colaborador Javier Puerto, quien mes a mes amenizará las páginas de la sección Tu Farmacia con el espacio “Retratos”

Javier Puerto Sarmiento es Catedrático de Historia de la Farmacia y Legislación Farmacéutica de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. Asimismo es director del Museo de la Farmacia Hispana de la Facultad de Farmacia de esta Universidad y vocal de la Fundación de Ciencias de la Salud. Ha escrito numerosos artículos para revistas científicas y profesionales y en su extenso currículum figuran trabajos de toda índole: ha participado en numerosos programas de investigación y congresos y publicado, coordinado y editado numerosos libros y prólogos. Entre sus muchos premios y condecoraciones figuran la Medalla de bronce de la Facultad de Farmacia de Madrid, concedida el 8 de diciembre de 1998 y la Insignia de plata de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de la Tecnología, concedida el 16 de septiembre de 1999. En el año 2000 fue nombrado Socio de Honor de la Asociación Española de Farmacéuticos de Letras y Artes.

La farmacia es una profesión añeja, repleta de pasado, de presente y de porvenir. El público, en general, observa a unos profesionales sanitarios, muy cercanos, en cuya actividad destaca el intercambio de objetos medicamentosos por dinero. Tras ese trueque hay mucha historia, muchas horas de estudio, muchos equipos de trabajo. Farmacéuticos son los propietarios y algunos de quienes trabajan en las oficinas de Farmacia. Farmacéuticos son, también, los directores técnicos de los laboratorios, en donde se preparan las especialidades farmacéuticas; muchos de los técnicos que controlan la preparación en los mismos, los fabrican o informan a los médicos de sus propiedades. Farmacéuticos son quienes garantizan una correcta distribución, desde las fábricas hasta los lugares de dispensación. Farmacéuticos son quienes los dispensan en los hospitales. Farmacéuticos son quienes, por encargo del Estado, trabajan en los centros de control de la administración, para garantizar que todos los medicamentos sean correctos y eficaces. Farmacéuticos son quienes inspeccionan los laboratorios de preparación, los centros de distribución y las oficinas de Farmacia, quienes trabajan en los laboratorios municipales, quienes investigan en las empresas privadas, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas o en la Universidad. Farmacéuticos somos quienes, en esa última institución, formamos a los alumnos para que puedan atender correctamente a los ciudadanos. Hay una legión de farmacéuticos trabajando para que los compañeros de Oficina de Farmacia puedan dar una correcta atención farmacéutica. No están solos. Detrás tienen a muchos colaborando desde muy diversas instancias.

Se suele definir al farmacéutico como el experto en medicamentos. No es del todo exacto. En realidad el farmacéutico es el sanitario que se ocupa de la prevención y curación de los seres humanos, animales y plantas, a través de los medicamentos. El objetivo del farmacéutico no es el medicamento, sino el ser humano enfermo o deseoso de no estarlo. Su especialidad: el medicamento. Por eso, la nuestra, es una profesión humanística y por eso quien, como yo, sólo investiga, imparte clases o escribe de temas relacionados con la Historia de la Ciencia o de la Farmacia, la ética o la legislación, puede llamarse también farmacéutico y, a consecuencia de ello, todos los farmacéuticos tienen extensos conocimientos de tipo humanístico, no sólo técnicos.

En el caso de la Farmacia española se han dado, además, una serie de circunstancias peculiarmente sorprendentes. Pocos saben que los introductores de la Química en España fueron los farmacéuticos en el siglo XVIII, ni que también introdujeron la botánica moderna de Linneo, en la misma época. Tampoco es conocimiento corriente que, durante la Ilustración, se efectuaron grandes expediciones científicas al Nuevo Mundo. Las botánicas dirigidas, en su mayoría, por farmacéuticos. Es poco sabido que la Bioquímica la introdujo un boticario en nuestro país, Rector de la Universidad Complutense o que la primera cátedra de Microbiología fue de Farmacia o que el creador del CSIC fue catedrático de Edafología en Farmacia o, por llevar más lejos las cosas, que el Presidente del Gobierno republicano durante los primeros días de la Guerra Civil, fue también farmacéutico. Pocos recuerdan que el gran poeta, León Felipe, fue boticario o que el Premio Nadal, Raúl Guerra Garrido, lo es también, como lo es el poeta y ex director General de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza.

La Oficina de Farmacia es muy cotidiana, muy cercana, algo casi de andar por casa. A la Oficina de Farmacia, como a los hermanos pequeños, todos le dan capones, porque parece muy sencillo su quehacer y se realiza sin aspavientos ni liturgias solemnes o distanciadoras. Algunos dicen:

-¡Bah! Eso lo hace cualquiera.

No se? Recuerden ustedes todos los problemas alimentarios habidos en nuestro país: el alcohol metílico, la colza? Recuerden los debidos a los medicamentos: ninguno con carácter general. Todos cortados de raíz.

Me dirán ustedes:

  • ¿Y la carne contaminada con engordantes indebidos?

Si los medicamentos de uso veterinario los controlaran los farmacéuticos, las cosas irían mejor, pero eso es otra historia.

Como persona ajena que soy a los intereses puramente profesionales, distintos de los científicos, creo que se podría prescindir de la profesión farmacéutica, para crear otra, acaso con distinto nombre, pero que hiciera lo mismo, so pena de graves riesgos para la salud pública. Los farmacéuticos, los boticarios, han existido desde los albores de la Humanidad, primero con su actividad compartida con la de los chamanes o médicos, luego separados de ellos y, aunque su trabajo más visible es en la de Oficina de Farmacia, aparte de sus propios conocimientos, tienen tras sí, o a su lado, a un batallón de compañeros empecinados en una tarea común: la correcta atención farmacéutica. La curación de los ciudadanos, el mantenimiento de su salud por medio de fármacos.

Los hermanos pequeños parece que no tienen historia. La Historia es cosa de Reyes o militares. A lo largo de una serie de artículos voy a intentar hacer retratos, colectivos o individuales, de boticarios españoles y extranjeros, del pasado y del presente, para explicarles la Historia de esa profesión cercana, llamada Farmacia, con la intención de ayudar a conocerla mejor y de entretenerles.



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