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SERUMS Los mejores tratamientos pre-otoño

SERUMS Los mejores tratamientos pre-otoño

Superconcentrados, textura muy ligera, efectos inmediatos y plus de confort. Estas son las principales señas de identidad de los serums o sueros, productos cosméticos que no se encuadran en ningún otro grupo (no son cremas “al uso”) pero que se han convertido en imprescindibles para mantener la piel y, también, otras zonas corporales en perfectas condiciones. En esta época del año suponen la mejor opción para “borrar” los estragos estivales y preparar a la piel para el cambio de estación.

Por mucho que se hayan cuidado bajo el sol y reparado los estragos después, la mayoría de las pieles piden a gritos en esta época del año una ayuda extra que las repare en profundidad y actúe de forma eficaz sobre las huellas que las vacaciones han dejado en ellas: sequedad, deshidratación, aparición de manchas, hipersecreción sebácea, arrugas y, en definitiva, envejecimiento. Es en este momento cuando los serums deben pasar a formar parte del ritual de cuidados diario. ¿La razón? Son la mejor estrategia cuando se trata de poner la piel a punto ante un cambio de estación. Pero hay más motivos para convertirse en una “serum adicta”.

Un producto “con pasado”

“Elixir de juventud”, “última frontera de la belleza”, “cura de vitalidad”… son muchas las etiquetas bajo las que se pueden encontrar estos productos. En sus orígenes, se presentaron como soluciones flash o de belleza inmediata, debido principalmente a su efecto tensor, pero poco a poco se han ido “enriqueciendo” con nuevos ingredientes y propiedades, pasando de ser tratamientos puntuales a convertirse en básicos de belleza.

Se trata de productos que combinan una alta concentración de principios activos con unas texturas muy ligeras (lo que les permite acceder a las capas más profundas de la piel), de ahí que su efecto sea mucho más potente que cualquier crema. No se encuadran en ninguna tipología cosmética al uso, sino que de ellos se podría decir que constituyen una categoría cosmética en sí mismos, aunque–eso sí- siempre tienen que actuar como complemento a los otros productos de tratamiento: cremas hidratantes, nutritivas, reparadoras, etc..

“La aplicación de los serums supone una excelente estrategia de reparación diaria, sobre todo después de la exposición solar, especialmente aquellos que contienen vitamina C, ya que sus propiedades antioxidantes neutralizan el daño de los radicales libres y evitan el fotoenvejecimiento. Tienen una textura muy ligera y resultan muy cómodos de utilizar. En cuanto a su aplicación, hay que extender el producto por el rostro, el cuello, el escote y las manos”, explica la farmacéutica Leticia B. Carrera, directora de los centros Felicidad Carrera, de Madrid.

Para conocerlos mejor

  • Se caracterizan por su textura líquida, transparente e inodora. Suelen presentarse en pequeños envases de vidrio acompañados de un práctico gotero aplicador.
  • Se puede decir que los serums son productos multifuncionales ya que los efectos que tienen sobre la piel son muchos y variados: fortalecen las defensas cutánea, aumentan la hidratación, regeneran la epidermis; minimizan las arrugas; elevan el tono; combaten la flacidez; redefinen los rasgos y el óvalo facial…
  • Hay serums para todas las necesidades: antiedad, iluminador, anti-manchas o blanqueador, reparador, efecto lifting o flash inmediato, para pieles maduras, específicos after sun.
  • No son exclusivos de la piel del rostro sino que cada vez hay más opciones de serums adaptados a las distintas partes del cuerpo.
  • Los serums capilares, por ejemplo, se han convertido en imprescindibles. Los pioneros fueron los específicos para las puntas abiertas, y actualmente se pueden encontrar serums reparadores de la cutícula, protectores frente a la acción de los UVA, minimizadores del efecto que el secador o las planchas producen en el pelo o con efecto anti-frizz.
  • Más novedosos son los serums corporales, pero cada vez van subiendo más posiciones como productos de referencia. Tienen fundamentalmente una función hidratante y también reafirmante y remodeladora. La ventaja que supone su textura ligera y su rápida absorción los convierten en productos muy cómodos y confortables.
  • También hay serums específicos para determinadas zonas corporales, como el pecho, adaptados a las características de su piel, más fina y sensible. Los serums reparadores de estrías son otra opción al alza.
  • La cosmética masculina, por su parte, cada vez está recurriendo más a las formulaciones en serum.
  • Así mismo, hay productos en serum para zonas como las pestañas, con ingredientes activos que favorecen su crecimiento; o las uñas, formulados con sustancias nutritivas, fortificantes y reestructurantes.

Manual de uso

1. la incorporación de los serums a la rutina cosmética diaria está indicada a partir de los 25-30 años, aunque se puede recurrir a ellos antes en los casos de las pieles especialmente secas o desvitalizadas.

2. El serum se aplica sobre una piel perfectamente limpia y desmaquillada. Esta es una condición que hay que respetar siempre porque, de lo contrario, los restos de suciedad impiden que sus principios activos alcancen las capas más profundas de la piel.

3. El tándem exfoliación-serum es el más recomendable para asegurar que los activos contenidos en los serums actúen eficazmente, sobre todo en los casos de las pieles más desvitalizadas o cuando se utilizan como “curas intensivas”.

4. La cantidad a aplicar depende del producto en concreto, pero por lo general basta con 3-4 gotas, que se extienden suavemente con las puntas de los dedos.

5. Lo mejor es elegir el serum más adaptado al tipo de piel y a las necesidades concretas. Las opciones son cada vez más amplias.

6. El serum no sustituye a la crema habitual. Si bien en el caso de las pieles jóvenes y las grasas o mixtas su aplicación podría ser suficiente, cuando se trata de pieles maduras o muy secas y deshidratadas es imprescindible utilizar después un producto nutritivo, para complementar su efecto.

7. No hay que olvidar que los serums no tienen SPF, así que se deben utilizar siempre con productos que contengan fotoprotección si se va a exponer la piel al sol.

Serums “puros”: cuidados más específicos

Se los puede definir como los serums “más auténticos” ya que en su formulación solo se suele incluir un único ingrediente, lo que potencia su efecto. Un secreto: son los preferidos de los dermatólogos y de los especialistas en medicina estética:

Con vitamina A: Tanto esta vitamina como su derivado, el retinol, es esencial para la reparación de los tejidos y ayuda a mantener la piel lisa y suave, ya que actúa como guardián de la película hidrolipídica.

Cuándo usarlo. Los serums a base de retinol son ideales para combatir los signos muy profundos de envejecimiento, devolviendo a la piel su textura e hidratación. El retinol también tiene una ligera acción exfoliante, por lo que va muy bien a las pieles con impurezas, puntos negros y poros abiertos.
Cómo usarlo. Se aconseja aplicarlo preferiblemente por la noche. En el caso de las pieles sensibles, hay que espaciar su uso ya que puede favorecer que ésta se pele e irrite.

Con ácido ferúlico: Esta sustancia, presente en vegetales como la avena, la alcachofa, la manzana o el café, es un potente antioxidante y actúa directamente sobre las células, contrarrestando los efectos de los radicales libres. Para potenciar su eficacia, suele combinarse con vitamina C pura.

Cuándo usarlo. Varias investigaciones han demostrado su acción como sustancia que refuerza los filtros solares y aumenta la protección de la piel frente a los infrarrojos.
Cómo usarlo. Preferiblemente por la noche; esperar un par de minutos a que se absorba y aplicar después la crema hidratante. El sueño favorece la penetración y la reparación celular que propicia este ácido. También se puede aplicar antes de la crema de día, siempre que ésta tenga SPF.

Con vitamina C: Es una de las sustancias más antioxidantes que existen. Debido a que se deteriora con facilidad, no es fácil incluirla en las formulaciones cosméticas, por lo que a menudo se recurre a un derivado, el ascorbil palmitato, más estable.

Cuándo usarlo. Es el mejor aliado para las pieles desvitalizadas y también frente a la aparición de manchas solares (lentigos) ya que ejerce una ligera acción blanqueadora. La vitamina C también refuerza los vasos sanguíneos más superficiales, por lo que estos serums están especialmente indicados en los casos de cuperosis.
Cómo usarlo. Debido a la especial sensibilidad que la vitamina C tiene a la luz, lo mejor es aplicar estos productos por la noche. Hay que tener en cuenta que se trata de un principio activo muy potente, por lo que se debe evitar la zona de los ojos. Por la misma razón, en los casos de las pieles muy sensibles o reactivas, se aconseja aplicarlo con un intervalo de 2-3 días.

Con colágeno: Es una proteína que la dermis produce de forma natural y cuya principal finalidad es “pegar” los espacios intercelulares, asegurando así la firmeza cutánea. Sin embargo, con el paso de los años, esta producción disminuye. La aplicación tópica de esta sustancia palía en cierta medida esta carencia. La principal ventaja del serum de colágeno es que crea una eficaz barrera cutánea que impide que el agua contenida en la piel se evapore, asegurando así el nivel adecuado de hidratación.

Cuándo usarlo. Está especialmente indicado para las pieles jóvenes, como tratamiento preventivo. También reduce significativamente las primeras arrugas y líneas de expresión.
Cómo usarlo. Se recomienda aplicarlo dos veces al día sobre la piel perfectamente limpia. Poner unas cinco gotas en la palma de la mano y masajear con ellas la cara,  el cuello y, especialmente, la zona de debajo de la barbilla, que es donde suelen aparecer las primeras arrugas.

Con péptidos. Se trata de aminoácidos que juegan un importante papel en la “construcción” del tejido cutáneo ya que intervienen en la formación del colágeno y la elastina. Se han convertido en uno de los protagonistas de las investigaciones en el campo de la cosmética en los últimos años y ocupan un lugar preferente en el ranking de ingredientes antiedad. Una de sus ventajas en este sentido es la gran capacidad que tienen para penetrar hasta el nivel de la dermis y estimular allí la formación del tejido cutáneo.

Cuándo usarlo. Es un básico del cuidado cutáneo a partir de los 40 años, cuando la piel empieza a tener necesidad de una hidratación profunda. Además, posee un efecto tensor inmediato, por lo que difumina las arrugas existentes. Resulta muy útil utilizado debajo del maquillaje, para que este se mantenga durante más tiempo y prolongar así el “efecto buena cara”.
Cómo usarlo. Para potenciar sus efectos, se debe aplicar mañana y noche. Lo ideal es utilizarlo antes de una crema hidratante de día y de una reparadora y antioxidante antes de dormir. También se puede aplicar sólo sobre zonas específicas, como el contorno de ojos.

¡SOS, me he manchado!

Según los expertos, cada vez son más las personas que con la llegada del otoño visitan al especialista o buscan un tratamiento que pueda disminuir o eliminar las manchas que el verano ha dejado sobre su piel. Y es que no hay que olvidar que el sol es uno de los mayores factores que intervienen en la aparición de manchas cutáneas. Tal y como explica el doctor Héctor Valdés, cirujano plástico, estas manchas son pigmentos de melanina depositados en la piel y producidos por unas células “especializadas”, los melanocitos, que fabrican más o menos pigmentos según diversos estímulos que reciben. “Uno de los más importantes es la radiación ultravioleta, pero también hay otros como las hormonas femeninas o estrógenos, e incluso inflamaciones cutáneas producidas por pequeños golpes. Todos estos factores pigmentan la piel y pueden producir manchas”.
En esta época del año, las manchas más comunes son los lentigos solares, conocidas también como manchas de envejecimiento, que aparecen principalmente en el rostro y el dorso de las manos, pero también pueden presentarse en el escote (una zona de “alto riesgo” en lo que a la formación de manchas se refiere), los antebrazos y cualquier otra zona del cuerpo que haya estado expuesta al sol de forma continua sin protección. Se trata de manchas planas, de color marrón y de pequeño tamaño, y suelen manifestarse a partir de los 40 años. Lo habitual es que con el tiempo aumenten en número. Hay varias soluciones para eliminar o, al menos, minimizar su apariencia:

-Láser. Las terapias basadas en la combinación de láseres (Fraxel, Q-switched) consiguen muy buenos resultados en la eliminación de los lentigos solares.
-Productos. Hay productos cosméticos específicos antimanchas que incluyen en su formulación sustancias como la hidroquinona, que resulta muy efectiva para “blanquear” estas manchas. También existen serums específicos para este problema, con efecto blanqueante.
-Peelings. Aplicados en casa o en un centro de estética, son tratamientos a base de determinados ácidos (retinoico, glicólico, tricloroacético) que sirven para difuminar y, en algunos casos, hacer prácticamente desaparecer determinados tipos de manchas solares.
-Alimentos. El doctor Valdés explica que hay algunos alimentos que pueden tener una acción beneficiosa en la prevención y eliminación de las manchas cutáneas. Es el caso de algunas frutas, como la granada, que ayuda a reducir el exceso de pigmentación y tiene un reconocido efecto blanqueante. Y lo mismo ocurre con las semillas de uva. El experto se refiere también a algunos trucos caseros a los que se atribuyen propiedades blanqueadoras, como la aplicación sobre la mancha de rodajas de patata cruda o el jugo de limón. “Muchas técnicas naturales basan sus resultados en la evidencia de que, en efecto, producen un aclarado de la piel. Por ejemplo, el ácido cítrico de muchas frutas provoca efectivamente una exfoliación de las capas superficiales, dando como resultado un aclarado de la mancha”.

Bienvenido otoño… con la mejor piel

Los expertos de la Academia Española de Dermatología y Venereología ofrecen un decálogo muy recomendable en esta época del año para comenzar la nueva estación con la piel en las mejores condiciones:

  1. Limpieza (tanto facial como corporal) suave. Utilizar a ser posible geles sin jabón que respeten el manto ácido de la piel.
  2. Exfoliar con cuidado. Se pueden usar exfoliantes suaves las primeras semanas tras la vuelta de vacaciones para mejorar así la penetración de los serums y cremas hidratantes.
  3. Plus de hidratación. Las hidratantes corporales (si incluyen ingredientes reparadores, mejor) se deben aplicar sobre la piel ligeramente húmeda, tras una ducha corta con agua templada e insistiendo en zonas como las piernas y los pies, que son las que más se resecan.
  4. Mimar el rostro. Hay que emplear cremas hidratantes faciales cuyo excipiente se adecúe al tipo de piel. Se recomienda también el uso por la noche de serums, por su mayor concentración de principios activos.
  5. Ojo al contorno. El contorno de ojos se debe cuidar con cremas o geles adaptados específicamente a esta zona, que es la más sensible de la piel del rostro.
  6. Alerta acné. Tras el verano puede haber un empeoramiento del acné, por lo que se debe acudir al dermatólogo en cuanto se inicien las lesiones para que paute el tratamiento más correcto.
  7. No bajar la guardia. Los dermatólogos recomiendan no abandonar el uso de cremas fotoprotectoras faciales durante el otoño y, también, el invierno. Lo ideal es el empleo de cremas o maquillajes con factor de protección solar entre 30 y 50. La radiación ultravioleta, tanto la A como la B, continúa llegando y dañando la piel cuando ésta está expuesta.
  8. Adiós cabinas. Evitar los rayos UVA para mantener el bronceado, ya que pueden producir el envejecimiento prematuro de la piel y cáncer cutáneo.
  9. El vello puede esperar. Hay que dejar pasar un tiempo hasta que se elimine el bronceado antes de someterse a una depilación láser, ya que sobre la piel bronceada el riesgo de quemaduras aumenta notablemente.
  10. En manos expertas. Consultar inmediatamente al dermatólogo si se observa que tras el verano algún lunar ha cambiado de color, forma o tamaño.





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