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SÍNDROME DEL EMPERADOR, “No puedo con él”

SÍNDROME DEL EMPERADOR, “No puedo con él”

Aunque la causa puede ser genética, ambiental o familiar, gran parte de las consultas pediátricas por problemas psicosociales podrían evitarse si la implicación de los padres fuera mayor. El secreto para ganar: darle al niño responsabilidades desde pequeñitos y educarles en el NO.
No son mayores de edad, pero son los verdaderos jefes de la familia. No son delincuentes comunes, pero pegan, amenazan, roban, agreden psicológicamente… Son los protagonistas del llamado “síndrome del emperador”, también llamado del niño tirano o del niño rey, un fenómeno de maltrato de hijos a padres que se ha instalado con fuerza en la sociedad. Aunque este tipo de violencia no es nueva, en los últimos años su incidencia se ha disparado: desde el año 2000, los casos de este tipo de maltrato se han multiplicado por seis, con cerca de 6.500 denuncias recibidas por la Fiscalía General del Estado el año pasado.

Su elevada incidencia y la preocupación de los pediatras por el elevado número de casos,  que éste haya sido uno de los temas principales abordado por los profesionales pediátricos en la VII Reunión Anual que la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) celebrada a finales de año en Guadalajara.

Las normas claras

Para evitar el fenómeno del síndrome del emperador los pediatras aconsejan establecer desde el principio normas claras que regulen la convivencia familiar. Según la doctora María Victoria García García-Calvo, presidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria de Castilla La Mancha (APapCLM), “en las últimas décadas hemos vivido cambios muy  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentosimportantes en la forma de entender las responsabilidades en la familia. En ocasiones los padres encuentran grandes dificultades para establecer el balance adecuado entre autoridad y afectividad”. Por ello, los expertos sostienen que el establecimiento de normas y límites no sólo es imprescindible, sino que es totalmente compatible con el afecto.

Así, para evitar el fenómeno del síndrome del emperador, desde la AEPap, los pediatras aconsejan establecer desde el principio normas claras que regulen la convivencia familiar pero sobre todo, destacan la importancia de mantener la coherencia y razonar las reglas cuando el niño tiene capacidad de compresión. Asimismo, “los padres más que castigar cuando hay un error, tienen que gratificar al niño cuando hace las cosas bien”, subraya la doctora García García–Calvo. Otorgar responsabilidades al niño y hacerle pensar antes de actuar son dos de los aspectos que los pediatras más recomiendan en consulta a los padres y tutores. “Es en la etapa de aprendizaje cuando hay que distribuir y reafirmar el papel de cada miembro de la familia”, apunta la pediatra. “Hay que abolir, la creencia de que al niño no hay que negarle nada y se debe decir “no” las veces que sea necesario”, añade.

 

Un cuarteto peligroso

¿Qué puede ocurrir en la personalidad de un niño para que llegue a agredir a sus padres? Los expertos señalan innumerables causas genéticas, familiares y ambientales que ayuden al desarrollo de este síndrome, destacando entre las familiares y sociales:
1. El abandono de las funciones familiares.
2. La sobreprotección.
3. La ausencia de autoridad.
4. La falta de afectividad por parte de los padres. A veces los padres encuentran grandes dificultades para establecer el balance adecuado entre autoridad y afectividad en la educación del niño.

Las madres, principales víctimas

Estos datos podrían reflejar sólo la punta del iceberg del problema, por la resistencia de los padres a denunciar a sus propios hijos. La pasada primavera, un caso sacó a la luz pública esta situación: una madre asturiana rogó a los servicios sociales que se ocuparan de su hija, cuyo comportamiento violento (golpes, robos, amenazas) ya no era capaz de resistir.

Sin embargo, “éste no es un caso característico, la tendencia de los padres es a encubrir el problema”, explica Luis González Cieza, coordinador del programa de maltrato infantil de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor. “La mayoría de los casos se da en madres que vuelven a tener otra pareja”, explica. Uno de los pocos estudios realizados al respecto es “La violencia de los jóvenes en la familia, una aproximación a los menores denunciados por sus padres”, elaborado por el Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat de Cataluña.

El informe asegura que la madre es la víctima en el 87 por ciento de las ocasiones que se produce este tipo de violencia, y que principalmente recibe agresiones físicas, aunque también son habituales las verbales. En el 13.8 por ciento de los casos, el estudio refleja que la intimidación se produjo con un cuchillo o un arma similar. González Cieza añade que la edad media de los menores denunciados por este tipo de violencia es inferior a la de otros delitos. Mientras que en estos últimos es de 17.5 años, en el “síndrome del emperador” es de 16 años. Sus protagonistas, además, no suelen tener historial delictivo. Una última característica es que esta violencia familiar tiene una incidencia sensiblemente superior en hijos adoptados frente a los biológicos.

Cómo detectar un “emperador” en casa

1. Según la doctora García García-Calvo, normalmente, el niño presenta una incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etcétera) auténticas. Esto se traduce en muchas dificultades para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.
2. Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres, no parece que sirvan regaños y conversaciones, él busca su propio beneficio, parece guiado por un gran egocentrismo.
3. Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades.


Cómo enfrentarse al síndrome

1. Perdiendo el miedo a ejercer la autoridad como padres, y tomando conciencia de la necesidad  en educación de decir NO.
2. Desarrollando de manera intencionada y sistemática las emociones morales y la conciencia de los hijos, dándoles oportunidades para que practiquen actos altruistas y que extraigan lecciones morales.
3. Estableciendo límites firmes que no toleren la violencia y el engaño.
4. Prestando ayuda para que desarrollen habilidades no violentas que satisfagan su gran ego.

La opinión de la experta
(Doctora María Victoria García García-Calvo es presidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria de Castilla La Mancha (APapCLM)

¿Genética, sociedad o entorno familiar? ¿En qué medida contribuyen estos factores al desarrollo de este trastorno?
El abandono de las funciones familiares, la sobreprotección y sobreexigencia     simultáneas, los hábitos familiares determinados por la escasez de tiempo, la     ausencia de autoridad, la permisividad y, sobre todo, la falta de elementos afectivos,     como la calidez en la relación con los hijos son factores que propician este     trastorno. Se les educa más en otros entornos sociales que en la familia, algo que no     ocurría hace tan sólo una década. Sin embargo, para otros expertos, aspectos     familiares o sociales, como la permisividad o la ausencia de autoridad, no son     suficientes para explicar este     fenómeno. Si hay violencia es como resultado de un     proceso de deterioro personal por falta de educación, generalmente al final de la     adolescencia.

¿Qué ingredientes familiares suelen darse en hijos con este problema?
Los escasos estudios realizados en España sobre este fenómeno no permiten     elaborar un perfil exacto de las familias que acogen a un niño o joven con el     “síndrom

e del emperador”. Sin embargo, los expertos coinciden en una mayor     incidencia en las familias monoparentales. La madre es la víctima en el 87 por     ciento de las ocasiones en que se produce este tipo de violencia, y     principalmente     recibe agresiones físicas, aunque también son habituales las verbales.Una última     característica es que esta violencia familiar tiene una incidencia sensiblemente     superior en hijos adoptados frente a los biológicos

¿Qué es lo que pasa por la mente de un hijo que agrede a sus padres?, ¿cómo se ve a si mismo?, ¿existe un problema previo de autoestima?
Estos niños son incapaces de desarrollar emociones morales (como la empatía, el     amor o la compasión), lo que se traduce en dificultad para mostrar culpa y     arrepentimiento sincero por las malas acciones.

¿Se podría decir que un hijo con este problema es un ser carente de emociones? ¿Existe sentimiento de culpa en un hijo violento?
Tienen dificultades de expresión de emociones, por tanto también la culpa, es claro     que interviene múltiples causas en el desarrollo de este síndrome y por tanto el     abordaje pasa por encontrar la empatía con los demás y de ahí se puede aprender .

¿Por qué esta creciendo este fenómeno entre las jóvenes, cuando la violencia era una parcela más bien reservada al sexo masculino?
En la actualidad, se desprestigia el sentimiento de culpa y se alienta la gratificación     inmediata y el hedonismo. La familia y la escuela han perdido la capacidad de     educación, y esto favorece que chicos con esta predisposición, que antes eran     mantenidos por la sociedad, ahora tengan mucha más facilidad para exhibir la     violencia. Un  elemento decisivo son las carencias más o menos claras en la     adquisición de competencias personales, agudizado por el hecho de que el hijo ideal     de los padres está en franca contradicción con los hijos sociales ideales definidos     por la sociedad de consumo.

¿Cómo deben los padres enfrentarse al síndrome? ¿Llega un momento en que “ya es demasiado tarde” para remediarlo?
Nunca es tarde, como siempre lo primero es valorar el problema como tal y pedir     ayuda. Es necesario a veces que los chicos salgan de casa y separarlos de sus     padres, se necesitan muchos recursos, puesto que todos las cuestiones de conducta y     relación no se solucionan en una semana.

¿A qué profesional conviene que acudan: a un pediatra, a un psicólogo o a un psiquiatra infanto-juvenil?
Cuando vemos las primeras señales, puede ser el pediatra el que determine normas     para ayudar a los padres en ejercer su autoridad y establecer límites. Si la     convivencia familiar y las relaciones del niño con sus iguales están dañadas será     necesario recurrir a las unidades de salud mental infanto-juvenil.“Nuestra consulta     es un observatorio del desarrollo infantil y las dinámicas familiares desde el     nacimiento hasta la adolescencia y tenemos  la tarea de observar, aconsejar     psicológicamente y orientar sobre muchos problemas que sólo requieren mayor     implicación de los padres”.

¿Qué papel atribuye a los medios en el auge de este problema y del hedonismo creciente en los jóvenes de hoy en día?
La importancia de los medios en este factor es clave: la televisión enseña valores     muy hedonistas y consumistas, y dificulta el aprendizaje del autocontrol, es decir, la     capacidad de esforzarse por renunciar a cosas inadecuadas y para perseguir metas     que requieren esfuerzos. Los hijos tiranos ven en los medios muchas conductas y     metas que son coincidentes con lo que ellos desean: pasarlo bien y hacer lo que     quieran sin que nadie les obstaculice. Lo que para muchos es una falta de disciplina     que se soluciona con un “cachete a tiempo”, es, sin embargo, un problema mucho     más profundo que exige “ayudar a que el niño desarrolle una conciencia sólida; ésta     es la mejor policía. Y ello se logra aplicando castigos razonables, pero firmes, y     explicando las razones morales y prácticas que supone su mala acción.





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