Síndrome del intestino irritable. el pago de una vida estresante.

Publicado por el 01/02/2004

Malos hábitos alimentarios, excesivo sedentarismo, uso
de laxantes, y por encima de todo el estrés y la tensión emocional, son las
causas que explican la aparición de esta disfunción intestinal

La tensión, el estrés
emocional y la ansiedad no iban a pasar desapercibidos para nuestro aparato
digestivo. Estos factores provocan una reacción inadecuada del sistema nervioso
autónomo o neurovegetativo, el cual regula el ritmo y la intensidad de los
movimientos del aparato digestivo, alterando la función intestinal y dando paso
a problemas de estreñimiento, diarrea, flatulencia, gases, hinchazón y dolor
abdominal, síntomas todos que caracterizan el llamado Síndrome del Intestino
Irritable (SII) o colon irritable, y que se manifiestan de manera persistente o
periódica a lo largo de toda la vida. Un cuadro nada alentador que puede
mitigarse contemplando una serie de medidas higiénico-dietéticas y farmacológicas.

Una entrevista laboral o un desengaño amoroso pueden
provocar la exacerbación de los síntomas del SII: un ejemplo que ilustra muy
bien la influencia que ejerce lo psicológico en lo fisiológico

Un problema funcional

Aunque la estructura anatómica
del intestino sea normal, en el Síndrome del Intestino Irritable, que afecta
más frecuentemente a mujeres con edades comprendidas entre los 20 y los 30
años, se da una alteración funcional de la movilidad intestinal. Además del
estrés y la tensión emocional, una dieta pobre en fibra y el abuso de laxantes también
pueden estar en el origen de esta enfermedad que dificulta el tránsito y la
defecación normal y produce flatulencia, hinchazón, dolor abdominal y pesadez
después de las comidas. En ocasiones el SII se acompaña de otros síntomas extradigestivos como crisis de palpitaciones, sudoración o
sensación de falta de aire.

El SII es responsable de aproximadamente la mitad de
las consultas de médicos especialistas en aparato digestivo

Estreñimiento y diarrea

El síntoma por excelencia en el
SII es la alteración en el ritmo de las deposiciones, que suele incluir
períodos de estreñimiento y períodos de diarrea. El estreñimiento se debe a un enlentecimiento del bolo fecal en su paso por el colon y a
la pérdida de sensibilidad de la ampolla rectal en presencia de materia fecal,
lo que reduce el reflejo de defecación. El estreñimiento puede también
manifestarse en forma de falsas diarreas: la pared del intestino, irritada por
materias fecales demasiado duras y secas, segrega agua en exceso, lo que
entraña una emisión de sales líquidas, y lleva a la alternancia de episodios de
estreñimiento y diarrea.

En ocasiones, la diarrea
puede ser la única manifestación de la enfermedad. En este caso, se trata de
una diarrea fundamentalmente diurna y acompasada al ritmo de las comidas. Esta
diarrea se ve favorecida por la ingesta de ciertos alimentos y sobre todo por
el estrés.

Hinchazón y dolor abdominal

Una vez en el colon, los
alimentos sufren el ataque de la flora bacteriana que transforma los alimentos
por un proceso de fermentación. En presencia del SII, tiene lugar un proceso
anormal de fermentación que provoca una sobreproducción de gas, con la
consiguiente hinchazón acompañada de flatulencia y en ocasiones de dolores y
espasmos. Este dolor se localiza normalmente en la zona inferior del abdomen,
ya sea en el flanco izquierdo o derecho, y a veces también se percibe debajo de
las costillas.

Para salir de dudas:

La colonoscopia

Esta enfermedad se manifiesta
por la alternancia de períodos de exacerbación sintomática con otros de
relativa tranquilidad, aunque por regla general no suelen evidenciar un mal
pronóstico. Las perturbaciones intestinales, también llamadas colonopatías funcionales, no predisponen al desarrollo de
enfermedades graves del intestino, aunque para salir de dudas y descartar otros
problemas de origen orgánico como pólipos o diverticulosis
(presencia de bolsas semejantes a pulgares en la pared del intestino grueso, fundamentalmente
en el colon, cuya formación se debe a una presión demasiado alta en el colon),
conviene hacer una colonoscopia.
Esta prueba visualiza el revestimiento interior del intestino grueso, empleando
un colonoscopio, que es un instrumento flexible de
fibra óptica. Para la preparación del examen es indispensable una limpieza
completa del intestino, que comprende el uso de enemas, la abstención de todo
tipo de comida sólida durante dos o tres días antes del examen y la ingestión
de laxantes. Las personas mayores de 45 años que padezcan problemas funcionales
intestinales deben hacerse esta prueba sin dilación, ya que es a partir de esta
edad cuando aumentan los riesgos de pólipos, diverticulosis
o cáncer de colon.

17 consejos dietético-sanitarios

  1. Evita las comidas copiosas, las especias, las
    bebidas alcohólicas, el café y el té. Investiga con tu médico cuáles son
    los alimentos que te hacen daño en tu caso particular.
  2. Prescinde de verduras difíciles de digerir y que enlentecen el tránsito intestinal: coles, coliflores,
    espinacas, alcachofas, calabaza, rábanos, zanahorias crudas, apio, pepino,
    y algunas legumbres como las lentejas.
  3. Para el estreñimiento consume verduras de hoja
    verde y aumenta el consumo de fibra y de uvas y ciruelas pasas.
  4. Contra la flatulencia y la hinchazón abdominal
    prueba a limitar el aporte de féculas como las patatas, las legumbres
    secas, la pastelería, las bebidas alcoholizadas y los quesos fermentados
    del tipo camembert, roquefort y brie.
  5. Fracciona las tomas en
    5-6 comidas al día, disminuyendo el volumen en cada una de ellas.
  6. Reduce el consumo de grasa total, evitando las
    frituras y las grasas animales y vegetales cocidas.
  7. Consume frutas sólo cuando estén muy maduras.
  8. Elige las carnes blancas y magras, y cocínalas preferentemente
    a la plancha.
  9. Limita la leche, sobre todo la entera.
  10. Come pan integral, favoreciendo el consumo de
    fibra. Pero ten en cuenta que algunas colopatías
    muy dolorosas obligan a la erradicación definitiva de fibra en la dieta (biscotes, cereales, pan?).
  11. Come relajadamente y huye de los ambientes
    bulliciosos, evitando la ansiedad, los nervios y las prisas, sobre todo
    durante las comidas.
  12. Come siempre a las mismas horas.
  13. Mastica bien los alimentos.
  14. Bebe agua abundante y regularmente,
    preferentemente un litro y medio o dos litros al día. Un vaso de agua nada
    más levantarte puede servirte de ayuda para ir al baño con normalidad.
  15. Imponte un horario a la hora de ir al baño, a fin
    de reeducar el reflejo de defecación, y elige un momento del día en el que
    sepas que vas a estar tranquilo.
  16. Procura reducir el estrés y la tensión emocional,
    dos factores directamente implicados en la aparición de problemas
    funcionales intestinales.
  17. Acaba con el sedentarismo y practica ejercicio
    físico con regularidad: la marcha, la gimnasia, el ciclismo o la natación
    tonifican la cintura abdominal y son particularmente recomendables.
    Además, la actividad física ayuda a preservar el equilibrio psicológico.

Consejos farmacológicos

En ocasiones, estas reglas
higiénico-dietéticas deben completarse con el aporte de algún tratamiento
farmacológico, aunque en la práctica no haya un tratamiento curativo para
acabar con la enfermedad: por regla general, tu médico te administrará un
calmante intestinal, y eventualmente un medicamento antiespasmódico (contra los
espasmos y dolores abdominales) y decontracturante.
Si las medidas dietéticas resultaran insuficientes para normalizar el tránsito
intestinal, tu farmacéutico te puede recomendar un medicamento de acción laxante
en el momento oportuno, teniendo en cuenta que la administración prolongada de
laxantes puede generar una enfermedad intestinal que consiste en una
combinación de irritación y recuperación progresiva del intestino, por lo que
el resultado puede ser contrario al efecto que se buscaba. Por lo tanto,
siempre que vayas a utilizar un laxante, conviene que tu farmacéutico te
informe debidamente sobre los distintos tipos, su modo de empleo y los efectos
secundarios que se derivan de su utilización.