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Sonrisas sanas desde el primer diente.

Sonrisas sanas desde el primer diente.

Además de ser carta de
presentación, la dentadura es un auténtico ?chivato? de nuestra salud y, sobre
todo, de nuestros hábitos de higiene. De ahí la importancia de cuidar los
dientes como se merecen desde la primera infancia

Cuidados prenatales

Una mamá que se cuida es la mejor garantía de que su bebé nacerá con
unos dientes sanos y robustos. De ahí que sea tan importante saber que durante
el embarazo, cada mineral y cada nutriente adquiere un significado doble: el beneficio
que le aporta al bebé y el que le aporta a la madre. En el caso del calcio y el
fósforo, sus efectos beneficiosos son para los huesos y la dentadura de ambos.
¿Quién no ha oído esas anécdotas que hablan de dientes rotos o perdidos durante
los embarazos? Por lo tanto, la dieta es la primera revisión que una embarazada
debe hacer, procurando que no falten en ella ni el calcio ni el fósforo, dos de
los principales componentes de los huesos y la dentadura. Desde el primer
trimestre, la dieta de la embarazada debe ser rica en lácteos, pescado azul,
cítricos, vegetales de color verde, carne roja, huevos, habas, pescado y pavo.

Los primeros años

Una vez que el bebé ha nacido, los papás deben vigilar que su mucosa
bucal tenga una apariencia suave, con encías lisas y sin abultamientos. Sus
babitas (saliva) deben ser cristalinas, sin olores ni sabores desagradables.

Hacia los seis meses, momento en que aparecen los dientes de leche, es
cuando hay que iniciar una rutina diaria de aseo bucal, pasando una gasa
estéril por la boca del bebé y frotando los dientes para eliminar los restos de
comida. ?En cuanto el niño sea capaz de hacerlo, es tarea de los padres
enseñarles a lavarse los dientes jugando con el cepillo, para que lo que al
principio se inicia como una diversión, se vaya convirtiendo paulatinamente en
un hábito. Nunca hay que obligarle a lavarse los dientes; con ello, lo único
que se consigue es que le coja manía al cepillo. También es muy importante que
los padres den ejemplo y se cepillen delante de sus hijos, para conseguir que
se les ?antoje? imitarles?, explica el odontólogo
y estomatólogo Tomás Peña,
director de la Clínica Dental de Madrid.

Y al dentista, ¿cuándo?

Hacia los 2-3 años ya han salido todos los dientes de leche (en total
unos 20), que cumplen su función durante los primeros 6-9 años. Aunque se
pierden en su totalidad, son muy importantes porque proporcionan una pauta de
orientación y contribuyen a mantener el espacio de los dientes permanentes. ?Es
absolutamente obligatorio llevar a los niños al dentista antes de los 6 años, y
si se puede antes, mejor que mejor. Esta visita es fundamental porque es a esta
edad cuando empieza a salir la dentición permanente?, comenta el doctor Peña. A
partir de esta primera ?toma de contacto?, la visita debe ser anual.

Caries y otras ?pupas?

La caries es una enfermedad destructiva de las estructuras del diente, que
afecta tanto a niños como a adultos. Según la Organización Mundial de la Salud
(OMS), se trata de la patología infecciosa más extendida en el mundo, pudiendo
llegar a padecerla un 90% de la población. Tres son los factores que influyen
en la aparición de las caries:

  1. La presencia
    de bacterias en la boca.
  2. Los azúcares
    en la dieta (que por acción de las bacterias sufren una degradación ácida
    que actúa sobre el esmalte).
  3. La existencia
    de dientes susceptibles o predispuestos.

Las bacterias son también responsables de la formación de la placa
dental, una capa bacteriana incolora y pegajosa que recubre al diente y que,
cuando se acumula en cantidades excesivas, se adhiere a la superficie de los
dientes y encías, causando daños celulares. Si esta capa permanece en la
cavidad oral, logra endurecerse (calcificarse), y se transforma en sarro. Tanto
la placa como el sarro son la causa de la enfermedad de la encía (periodontal), que 
afecta al tejido y hueso que rodea y sostiene a los dientes y que se
presenta en dos formas: por un lado, la gingivitis, producida cuando la placa y
el sarro se acumulan a lo largo de la línea de la encía, dando lugar a enrojecimiento,
inflamación, sensibilidad y mayor facilidad para el sangrado. Suele mejorar
después de una limpieza profesional y con una buena higiene diaria. Y, por
otro, la periodontitis, un estado más avanzado
que  se produce cuando la placa y el
sarro se extienden por debajo de la línea de la encía, propiciando el
desarrollo de bacterias destructoras y produciéndose una infección. Su
tratamiento es más amplio y complejo, y siempre debe ser realizado por un
profesional.

La enfermedad de la encía no suele doler, de ahí que haya que prestar
atención a ciertos síntomas: sensibilidad, hinchazón o sangrado; cambios en la
coloración; pus entre los dientes; mal aliento persistente…

El cepillado:

todo
un arte

La forma más directa y efectiva de mantener la salud de nuestros dientes
es respetar escrupulosamente la higiene diaria mediante un correcto cepillado,
algo no siempre fácil de conseguir:

  1. Escoge un
    cepillo dental con cabezal blando, ya que las púas blandas entran más
    fácilmente en las cavidades y no irritan las encías. Si los filamentos
    están torcidos o desgastados, sustitúyelo. Los expertos recomiendan
    cambiar el cepillo cada 3-4 meses.
  2. Una cantidad
    de pasta equivalente a un centímetro es suficiente.
  3. Para limpiar
    las superficies externas, coloca el cepillo en un ángulo de 45 grados,
    apoyándolo en la unión de la encía y el diente. Muévelo suavemente con
    pequeños movimientos circulares y laterales, aplicando una ligera presión
    para que los filamentos penetren entre los dientes.
  4. Repite el
    proceso en la cara interna. En los dientes delanteros, coloca el cepillo
    en posición vertical, con movimientos de arriba a abajo posteriores.
  5. Cepilla
    también la lengua durante aproximadamente 30 segundos.
  6. Enjuaga
    completamente el cepillo, escurriéndolo bien; déjalo secar al aire libre y
    guárdalo en posición vertical, con las cerdas hacia arriba. No lo cubras
    ni lo metas en recipientes cerrados.
  7. En caso de que
    te sea imposible cepillarte los dientes después de cada comida, enjuágate
    la boca con agua: sólo con este acto podrás reducir las bacterias hasta en
    un 30%.
  8. Para una
    limpieza más completa, se puede utilizar después del cepillado hilo o seda
    dental, que elimina la placa allí donde el cepillo no llega. Empieza con
    un trozo de  seda dental de unos 45 cms. Enrolla la mayor parte del hilo entre los dedos
    medios de las manos; deslízalo entre los dientes hasta llegar a la encía,
    cúrvalo alrededor de cada diente y muévelo suavemente de arriba abajo.

En busca del dentífrico ideal

Entre el ?maremagnum? de dentífricos que
actualmente se ofertan en el mercado, ¿cómo acertar con el más adecuado? El
doctor Peña nos da algunas pautas: ?Si lo que se busca es reforzar el esmalte,
hay que elegir uno que contenga flúor; si se padecen problemas de encías, se
debe adquirir uno que incluya un fármaco que desinflame y fortalezca…
Actualmente existen dentífricos para todo tipo de necesidades; hay que elegir
el más apropiado, lo que no quiere decir que siempre tengamos que utilizar el
mismo, sino que se puede variar de acuerdo a problemas puntuales que se tengan
en cada momento. Pero siempre, para el uso habitual, el componente base tiene
que ser el flúor?.

¿Y los blanqueadores??

Sobre lo que sí nos alerta el experto es acerca de los productos que
prometen un efecto blanqueador. ?Muchos de ellos provocan abrasiones en el
esmalte (llegando incluso a destruirlo) y producen grandes sensibilidades
dentales. Los blanqueamientos tienen que llevarse a cabo en la consulta del
dentista, donde, afortunadamente, se dispone de 
tecnología muy avanzada para hacerlos sin agredir al diente?, asegura.

?Si lo que se busca es
reforzar el esmalte, hay que elegir uno que contenga flúor; si se padecen
problemas de encías, se debe adquirir uno que incluya un fármaco que desinflame
y fortalezca…

A vueltas con el flúor

La conveniencia o no de administrar suplementos de flúor a los niños es
un tema discutido debido a la mayor sensibilidad que los dientes en desarrollo
presentan frente a la fluorosis dental (exceso de
flúor). Pero lo cierto es que suministrar suplementos farmacológicos de flúor
reduce la incidencia de caries entre un 40 y un 60 por ciento. ?Hay dos tipos
de flúor: el oral (se ingiere) y el tópico (se enjuaga). Si se trata de niños
que viven en grandes capitales, cuyas aguas están fluoradas,
no necesitan más que colutorios para reforzar el esmalte. Yo siempre recomiendo
colutorios y dentífricos con flúor para los niños que tiene dentición mixta, es
decir, que están haciendo el cambio de la dentadura temporal a la permanente,
porque es el momento en que el esmalte dental es más blando y, además, coincide
con una época en la que la ingesta de golosinas es mayor. En dentífrico, en
colutorio o en gel, se debe recomendar el uso
habitual de flúor hasta la edad de 10-12 años?, señala el doctor Peña.

Tres gestos para presumir de
dientes


  1. Beber más agua

    . Consumir al menos siete
    vasos de agua al día ayuda a reducir las inflamaciones de la boca, pues
    fomenta la producción saliva, sustancia muy  importante para diluir las toxinas que
    crea la placa.

  2. Dosificar las ?chuches?

    . Dulces, golosinas y
    bollería son los factores que más inciden en la aparición de caries
    infantil. Como es prácticamente imposible suprimirlas totalmente del
    entorno de los peques, procura dárselos siempre después de las comidas,
    nunca entre horas, para que así puedan lavarse los dientes inmediatamente.

  3. Fomentar el desayuno

    . Según los resultados de
    recientes estudios, los niños de entre 2 y 5 años que no desayunan tienen
    un riesgo hasta 4 veces mayor de padecer caries, pues la mayoría de ellos
    optan a media mañana por soluciones rápidas como la bollería industrial o
    productos azucarados e hipercalóricos.


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