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Soporte nutricional adecuado, fundamental en los tratamientos oncológicos

Soporte nutricional adecuado, fundamental en los tratamientos oncológicos
La alimentación del paciente oncológico es
fundamental. Por ello, los expertos reunidos en el VII Congreso
Internacional de Nutrición, Alimentación y Dietética y las XV Jornadas
Nacionales de Nutrición Práctica han dedicado parte de la mañana a
profundizar en este tema. Bajo el título “Aspectos Prácticos de la
indicación de suplementos orales en cáncer” se ha celebrado un taller
en el que ha participado la Dra. Carmen Gómez Candela.

Durante
su intervención la doctora destacó que el incremento del número de
pacientes y de supervivencia al cáncer genera nuevas necesidades
relacionadas con la atención psicológica, social y clínica de los
pacientes. Según los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica
en el año 2015 el cáncer con mayor incidencia será el colorrectal. La
doctora resaltó el dato de malnutrición que presentan  los pacientes
oncológicos y que oscila alrededor del 40%. Esta desnutrición va a
influir en la respuesta del paciente a los diferentes tratamientos y no
será según resaltó la doctora la respuesta esperada, pudiendo empeorar
la supervivencia del paciente y especialmente su calidad de vida. Por
ello, el soporte nutricional se debe realizar desde el momento del
diagnóstico, durante el tratamiento y a lo largo de la enfermedad
siendo una medida de soporte terapéutico esencial. La malnutrición
extrema inducida por el tumor, se denomina caquexia tumoral. Este
proceso consiste en una pérdida involuntaria de masa grasa y masa
muscular que además está asociado a inflamación, resistencia insulínica
y pérdida de proteínas musculares, en algunos casos resulta
irreversible y puede ocasionar la muerte.

Este soporte
nutricional consiste en la administración de nutrientes y otras
sustancias terapéuticas coadyuvantes por vía oral, enteral o parenteral
con el propósito de mejorar o mantener el estado nutricional del
paciente. Actualmente en el mercado contamos con suplementos de muy
diferente composición para que puedan ser consumidos por todos los
pacientes en tratamiento. En este sentido el Hospital Universitario La
Paz, cuenta con una indicación de suplementos nutricionales muy elevada
representando el 61% de las unidades/envases de nutrición enteral
suministradas en el centro. Estos soportes nutricionales pueden seguir
suministrándose en el domicilio del paciente una vez la enfermedad se
haya estabilizado y el tratamiento hospitalario haya finalizado.

Los
resultados  de un análisis publicado por “Review of reviews” permitió
observar que los suplementos orales con aporte calórico de entre
250-600 Kcal/día se asociaban a una mayor mortalidad, especialmente en
pacientes  ancianos con malnutrición y pacientes hospitalizados por
procesos agudos, incrementando también el peso corporal y disminuyendo
complicaciones como infecciones desarrollo de úlceras por presión y
cicatrización de heridas.  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, MedicamentosEn
este mismo sentido la ESPEN recomienda administrar suplementos
nutricionales como medida de prevención a la pérdida de peso en
pacientes con tratamiento activo con radioterapia, quimioterapia o
ambas.

Para finalizar su intervención Dra. Carmen Gómez Candela,
comentó que existe suficiente evidencia científica que avale que la
administración de suplementos nutricionales puede mejorar tanto
parámetros nutricionales como funcionales y previene la aparición de
malnutrición en pacientes que no cubren todas sus necesidades
nutricionales con la dieta convencional o con la dieta adaptada.

Alimentación y sistema cognitivo
La
segunda jornada del congreso también acogió la mesa redondaAlimentación
y Sistema Cognitivo. Los expertos participantes pusieron de manifiesto
como la nutrición interactúa  con el envejecimiento empeorando o
mejorando la pérdida de tejidos y funciones. La mayoría de las personas
comen menos a medida que su edad avanza y en consecuencia, las ingestas
de nutrientes pueden resultar más bajas que las recomendadas. Los
principales indicadores de un mal estado nutricional en las personas de
edad avanzada según: pérdida significativa de peso; bajo o alto peso en
relación con la talla, reducción significativa de la circunferencia del
brazo; incremento o disminución de los pliegues cutáneos; obesidad;
reducción significativa de la concentración de albúmina sérica; cambios
significativos en el estado funcional; ingesta inapropiada sostenida de
alimentos; concentraciones inadecuadas de vitaminas, minerales o
lípidos en sangre; otras alteraciones relacionadas con la nutrición.En
el proceso de envejecimiento la nutrición puede interactuar de varias
formas: junto con estilos de vida,  pueden contribuir a empeorar o
preservar la pérdida de tejidos y funciones corporales que declinan
progresivamente a lo largo de la vida adulta; la frecuencia de
enfermedad crónica degenerativa se incrementa con la edad existiendo
también una clara evidencia de que determinados factores dietéticos
están implicados en la etiología de estas enfermedades y que una
adecuada intervención nutricional puede tener un papel beneficioso en
su prevención y tratamiento.La doctora hizo hincapié en el hecho de que
las necesidades de energía disminuyen con la edad aproximadamente un
30% entre los 20 y los 80 años. Dos tercera partes de esta disminución
pueden atribuirse a la menor actividad física y el resto a la menor
tasa metabólica basa. Se considera hoy en día que las necesidades de
energía de las personas mayores deben estar en el rango de 1,65 a 1,8
veces la tasa metabólica basal. Según comentó la doctora, recientes
estudios indican que una mayor adherencia al patrón tradicional de
dieta mediterránea podría prevenir el riesgo de Enfermedad de
Alzheimer. Actualmente los tratamientos que existen son paliativos por
lo que la prevención primaria y secundaria de esta enfermedad mediante
al adecuado conocimiento de sus factores de riesgo y su control. La
evidencia científica acumulada durante la última década muestra que
durante el desarrollo y el envejecimiento, los componentes de la dieta
influyen de modo relevante en las funciones cognitivas e intelectuales,
y pueden prevenir o retrasar el deterioro cognitivo asociado a la edad 
y la Enfermedad de Alzheimer.

La malnutrición, la pérdida de
peso y la caquexia han mostrado ser factores asociados a la disfunción
cognitiva, disminución de la actividad de la vida diaria y peor
supervivencia de la Enfermedad de Alzheimer en diversos estudios, y una
adecuada intervención nutricional a nivel clínico puede ser crucial en
el manejo de la enfermedad. El 60% del peso corporal está constituido
por lípidos. El 50%  de los AG de la materia gris  son poliinsaturados
(AGPI), siendo el 30% del tipo de AG de cadena larga omega-3 (AG
omega-3). Está firmemente establecido el papel de los  AG de la dieta
en el colesterol plasmático y arteriosclerosis, asociada no sólo al
riesgo de demencia vascular, sino también de EA. Las fuentes
alimentarias más ricas en AG omega-3 son las algas, los pescados de
aguas frías (atún, bonito, cazón…) y los pescados azules en general.
Las vitaminas B6, B12 y ácido fólico son cofactores implicados en su
metabolismo, así como en procesos de mutilación esenciales. Las fuentes
más importantes de ácido fólico son las verduras de hoja verde, la
vitamina B12 se encuentra exclusivamente en alimentos de origen animal,
y la vitamina B6 está ampliamente distribuida en alimentos de origen
animal, cereales integrales y germen de trigo. La evidencia actual
sugiere un estilo de vida sano -físico y mental-, así como la promoción
de hábitos dietéticos saludables y una mayor adherencia al patrón
tradicional de Dieta Mediterránea, podrían constituir la mayor defensa
frente a los cambios del cerebro que envejece y prevenir el riesgo de
las patologías neurodegenerativas como la Enfermedad de Alzheimer.

La
Dra. Samara Palma Milla destacó los datos publicados por la Fundación
Española de Enfermedades Neurológicas en España, que reflejan que más
del 50% de los enfermos crónicos/personas dependientes, lo son por
enfermedades de origen neurológico. Tal y como señaló Palma Milla,
“existe una relación entre nutrición y enfermedad neurológica que 
podemos definir como bidireccional; en tanto que un patrón alimentario
inadecuado o un estado nutricional patológico puede incluir en la
aparición de determinadas enfermedades neurológicas. De este modo
mediante el aporte de nutrientes específicos podríamos influir en los
distintos mecanismos fisiopatológicos implicados en el desarrollo de
las enfermedades neurológicas, en concreto de las enfermedades
neurodegenerativas y/o el deterioro cognitivo asociado a la edad”. En
lo que respecta a los macronutrientes, se conoce que las dietas pobres
en hidratos de carbono y ricas en proteínas podrían resultar
beneficiosas, en tanto que mejoran la respuesta al tratamiento
farmacológico en los pacientes con epilepsia. En pacientes con
enfermedad de Parkinson, por el contrario, las proteínas deben
fraccionarse y administrarse al final del día. Respecto a los
micronutrientes, prácticamente cualquier déficit puede verse asociado a
la aparición de enfermedades neurológicas, aunque no todos tienen la
misma importancia. Al zinc se le atribuyen propiedades neuroprotectoras
en pacientes con enfermedad de Alzheimer. Dentro del grupo de la
vitaminas, se atribuyen propiedades protectoras frente al deterioro
cognitivo a las liposolubles A, E y D. El déficit de ácido fólico
parece ser más frecuente entre los pacientes que desarrollan enfermedad
de Alzheimer.
Nutrición y Obesidad

La tarde comenzó con la
mesa redonda Nutrición y Obesidad, en la cual han participado los
doctores: Dra. Marta Garaulet, Dª Ceila Fernández Fernandez; Dra. María
José Casto Alija y el Dr. Manuel Gargallo Fernández. En primer lugar la
Dra. Marta GarauletAza, destacó la gran preocupación existente
alrededor del peso corporal  lo cual ha generado la proliferación
descontrolada de un sin número de dietas de adelgazamiento entre las
personas “no satisfechas con su peso”. Una de las principales
cuestiones que se plantea la ciencia moderna es porqué la  pérdida de
peso tras un tratamiento dietético difiere entre sujetos. Hoy en día
sabemos que pequeñas variaciones en ciertos genes, conocidas como
polimorfismos, pueden influir en la capacidad de metabolización de los
alimentos y de los nutrientes, incluso podrían explicar en parte la
gran diversidad interindividual ante la aplicación de un tratamiento
dietético específico. A lo largo de su intervención la doctora cito
varios estudios. En el primero de ellos se analizó el ADN de 500
pacientes de una población que acudía a centros de nutrición
especializados para perder peso.Los resultados revelaron que los
pacientes portadores del alelo menor del gen CLOCK presentaban un mayor
grado de obesidad, y en particular de obesidad abdominal. Aún más
interesante la doctora destacó que en pacientes con polimorfismo (30%
de la población estudiada) perdían peso con mayor dificultad a lo largo
de las 30 semanas de tratamiento. Otro estudio se realizó con una
muestra de 1.500 pacientes que seguían en tratamiento dietético y
conductual basado en la Dieta Mediterránea (método Garaulet) para la
pérdida de peso. Estos nuevos resultados mostraron que las
características de los sujetos que presentan la variante en el gen
CLOCK, son más vespertinos, presentan valores plasmáticos de ghrelina
aumentados (proteína estimulante del apetito) y además presentan
hábitos alejados de la

Dieta Mediterránea, lo que sucede con
más frecuencia en aquellos sujetos que no son portadores de esta
variante. Tal y como finalizó Garaulet “estos nuevos descubrimientos
pueden resultar en una mejora de la nutrición personalizada, mediante
una mejora de los horarios de sueño y de comida, así como la
combinación del genotipo y la caracterización cronobiológica del
paciente”.

Dª Ceila Fernández Fernández, comenzó su intervención
hablando de uno de los mayores problemas emergentes de salud pública
del siglo XXI, la obesidad que afecta ya a más de un billón de adultos
a nivel mundial. Según las últimas estimaciones para el año 2030 el
100% de la población adulta americana presentará obesidad, mientras que
en España la población obesa masculina aumentará en el 33% y la
femenina en el 37%. Según destacó la experta algunos estudios han
demostrado, que la obesidad está relacionada con el seguimiento de un
estilo de vida sedentario, y que existe una asociación inversa entre el
IMC y la cantidad de actividad física realizada. De entre estos
estudiosPRONAF tiene entre sus objetivos descubrir cuáles son los
protocolos de entrenamiento más eficaces y determinar qué tipo de
ejercicio combinado con dieta es más adecuado para la intervención en
obesidad. A pesar de que este estudio se divide en tres fases,
Fernández destacó que la término de la segunda parte del trabajo PRONAF
los resultados indican que tras la realización de una dieta
hipocalórica y personalizada en pacientes con sobrepeso, éste es eficaz
para la pérdida de peso, a expensas principalmente de masa grasa,
independientemente del tipo de ejercicio que esté llevando a cabo. Para
finalizar su exposición Dª Ceila Fernández Fernández señaló la
importancia de promocionar  programas de ejercicio físico y educación
nutricional impartidos por profesionales de cada área con la finalidad
de contribuir a una mejora en la salud de los pacientes con
sobrepeso/obesidad a largo plazo, lo cual generaría un enorme ahorro en
salud pública.

La intervención de la Dra. Maria José Castro
Alija se centró la obesidad infanto-juvenil, un problema de salud cuya
prevalencia está aumentando en todo el mundo debido a estilos de vida
sedentarios y a unos hábitos dietéticos inadecuados. De hecho, en
España, se estima que alrededor del 14% de la población infanto-juvenil
tiene obesidad y un 25% sobrepeso. Para dar solución a este problema es
necesario realizar una aproximación multidisciplinar al mismo,
incluyendo además medidas de intervención sanitaria, cambios
educativos, legislativos y medidas relacionadas con la publicidad y la
comercialización de productos alimentarios así como intervenciones
preventivas. En este sentido, las intervenciones a nivel preventivo
deben se multidisciplinares, dirigidas a varios ámbitos: escolar,
sanitario, comunitario y familiar, con la finalidad de fomentar una
alimentación saludable, promoción de la actividad física y disminución
de hábitos sedentarios. Por último la doctora señaló la farmacoterapia
y el tratamiento quirúrgico como medidas extraordinarias siempre y
cuando no se logren objetivos con las anteriores tras un periodo de
tiempo determinado.

En la misma sesión, el Dr. Manuel Gargallo
Fernández habló sobre el riesgo oncológico de la obesidad señalando que
la relación “obesidad-ciertos tipos de cáncer” no se mantiene constante
en todos los casos, sino que hay ciertas circunstancias que pueden
condicionar esta relación como el tipo de obesidad, terapia hormonal
sustitutiva, factores raciales, estado menstrual, tabaquismo. Numerosos
trabajos se han llevado a cabo para esclarecer la relación
cáncer-obesidad. Uno delos más recientes señala que en EE.UU la
obesidad era la responsable del 4% del cáncer en varones y del 7% en
mujeres, mientras que en Europa se han publicado cifras del 3,2% de
cáncer en varones y del 8% en cáncer femenino. Y es que según ha
indicado el doctor, el riesgo oncológico de la obesidad ha dejado hace
tiempo de ser una teoría a una hipótesis para convertirse en una
evidencia científica. Por lo tanto “no debe extrañarnos que la
prevención dela obesidad se incluya dentro de las medidas a adoptar en
la lucha contra el cáncer”. La Agencia Internacional para la
Investigación en el Cáncer en su informe de 2002 cuantifica el posible
efecto de esta prevención al establecer que globalmente la inactividad
física y el exceso de peso son responsables del 25% al 30% de todos los
cánceres de colon, mama, endometrio, riñón y esófago. Desde el punto de
vista oncológico, el control del exceso de peso debe incluirse entre
las medidas a adoptar en la prevención del cáncer.





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