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TERESA BERGANZA, "El canto ha estado por encima de todo"

Es una de nuestras cantantes más internacionales, y una de las artistas más queridas de nuestro país. Teresa Berganza, mezzosoprano y madrileña de casta, sigue en activo a sus 73 años ofreciendo recitales, impartiendo clases magistrales y participando como jurado en premios o en distintas actividades de fomento de la música.


 




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Por Xoán Luaces Fandiño


 

Antes del verano viajó a Buenos Aires y después a París, la ciudad que la catapultó a la fama y al triunfo en 1957, tras su debut  
internacional en el


Festival Aix-en-Provence
, bajo la batuta del legendario director cántabro Ataúlfo Argenta. Esta vez, París la reclamaba para ofrecer unas charlas sobre uno de sus personajes emblemáticos,  Carmen, y sobre su creador, Georges Bizet, en la casa museo de Pauline Viardot García, famosa cantante de origen español y hermana de María Malibrán, otra famosa diva del XIX.

A pesar de haber cantado con los más grandes intérpretes, desde María Callas a Alfredo Kraus, o haber sido dirigida por Karajan, Abbado o Solti, Teresa Berganza conserva su sencillez y su cercanía intactas. Alejada desde hace años de los escenarios operísticos y dedicada casi en exclusiva a los recitales y las clases magistrales, su vida transcurre entre El Escorial y los viajes constantes por el mundo para cumplir con sus compromisos.   


 


¿Cómo ve el mundo de la ópera y en general la música clásica de hoy?

No veo yo que esté muy protegida la música. Ojalá que la protejan, sería estupendo. Nosotros nacimos en una época muy difícil, después de una guerra. Con todos los problemas que había, se quería y se respetaba la música clásica como una veneración.

Ahora tenemos España llena de auditorios nuevos y a veces van 50 personas a conciertos muy interesantes. Los auditorios polivalentes de ahora tienen una acústica lamentable, y donde cantamos los artistas sin micrófono, luego van otros con dieciocho altavoces. Sé que ahora hay quien canta con el microfonito en el pelo, pero los cantantes clásicos nunca cantan ayudados. Además, antes los teatros eran humanos, para 800 o 1.000 personas, pero el cantante de hoy no puede hacer nada ante un estadio de miles de butacas porque la voz humana no da más de sí. 


 


¿Cree que la ópera tal y como la vivió usted entre los años 50 y 80, una de las épocas de mayor explendor, se ha terminado?

La ópera es algo que no puede acabar nunca. Estamos pasando un periodo de transición en el que están investigando y haciendo interpretaciones escandalosas de las óperas. Los cantantes tendrían que tener más fuerza y decir que no. Tuve directores de escena que estaban medio locos, y a mi se me permitía (y si no se me permitía, me marchaba) decir “esto no lo hago, y a mi se me respeta por encima de todo”.

Tambíen son muy responsables los directores de los teatros y los de orquesta, que le ofrecen a una voz lírica lo que tiene que cantar una voz dramática, etcétera. Los cantantes debieran ser más responsables, a todos nos han ofrecido papeles nada convenientes. A mí, con 23 años, me ofrecieron cantar en La Scala ‘La Traviata’ y gracias a Dios que no la canté, por eso estoy aquí hablando hoy. Y era algo que me hacía mucha ilusión, pero me hubiera quedado sin voz. No soy una soprano lírico-dramática, ni siquiera las líricas, a veces, la pueden cantar, como voy a hacerlo yo que soy mezzosoprano.


 


¿Ha sido usted muy exigente a lo largo de su vida?

Sí, he sido muy exigente conmigo misma, muy perfeccionista, pero no por ser maniática sino para llegar a ser mejor. El ser humano no es perfecto, como tampoco es divino, pero tenemos que ir hacia la perfección. Con mis alumnos soy también muy exigente, y a la vez, muy generosa. Eso lo tienen que decir ellos, de todas formas.


 


Usted ha cantado con las voces más importantes de la lírica mundial, ¿cuáles son sus cantantes preferidas?

Es muy difícil hablar de un cantante y decir porqué te gusta. Un cantante es como un milagro, cada uno es una personalidad, te emociona por el color de la voz, por la forma de interpretar, por su físico o incluso por sus gestos. Victoria de los Ángeles era artista, música y ser humano. María Callas era artista, aunque su voz era más dramática, no soy capaz de ponerle un adjetivo. Mirella Freni, Elisabeth Schwarzpkof y Christa Ludwig han sido mis cantantes, y luego hay como 50 más, buenísimas.


 


Tiene usted en su casa muchas biografías de su compañera y amiga, María Callas. ¿Está de acuerdo con la imagen que se da de ella?

Las tengo por todas partes. Cuando yo la conocí era una mujer estupenda, conocí a una artista fuera de serie, porque marcó una etapa, nos marcó a todos. Sobre todo, conocí a la profesional seria, increíble, la primera que llegaba a los ensayos. Era muy exigente con ella misma y con los demás, porque cuando uno se exige, pues exige a los demás. También conocí a la mujer tierna, me trató como si fuera su hermana pequeña. 


 


Se ha divorciado dos veces, ¿quizás sus maridos se sintieron siempre en un segundo plano?

Por más que yo he querido ponerlos en primer plano, ha sido imposible. Creo que las mujeres sabemos seguir mejor a los hombres y estar a su sombra. A los hombres les cuesta muchísimo. El hombre, como marido, me ha decepcionado.

Ocurren muchas cosas en la vida cotidiana y quizás he dedicado mucha parte de mi vida al canto, el canto estaba por encima de todo y era así, porque vivíamos del canto todos, no era un capricho mío, la cabeza de familia era yo.  Mi primer marido, Félix Lavilla, ha sido uno de los mejores pianistas que ha tenido España, pero de alguna forma yo siempre estaba allí y era imposible pasar por encima de mí. Alguna vez me pidió que dejase el canto pero nunca hubiera dejado de cantar por nadie. Sólo por mis hijos, por ellos hubiera dejado muchas cosas, pero no sé si por un hombre vale la pena.



 


Cómo se cuida, ¿le gusta por ejemplo hacer deporte, practica alguno en particular?

He practicado mucho el senderismo, me gusta mucho la montaña, o la bicicleta. Cuando no vivía aquí me iba a hacer ejercicio a Panticosa, a Los Pirineos. Incluso llegué a hacer montañismo, colgada, pero solamente una vez porque cuando tuve que bajar me dio tanto pánico, tanto, que todavía me palpita el corazón. Cuando me vi en la cima, y vi Los Pirineos, la parte francesa y la española, sentí una emoción enorme.


 


¿Qué significa para Teresa Berganza la libertad?

Todo en la vida. Para mí ha significado mucho porque no me he sentido libre casi nunca. Siempre fui una mujer muy libre dentro de mí, pero estaba muy vigilada, primero por los padres, luego por mi marido, luego los hijos… No hablo de libertinaje, hablo de libertad. Ahora es cuando me siento un poquito más libre, rodeada de mis hijos y mis nietos, pero es diferente. Creo que nunca he sido tan feliz como ahora. Libertad y soledad son dos cosas, que cuando se escogen, te hacen muy feliz.


 


 


 


 


 



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