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¿Tiempos modernos?.

¿Tiempos modernos?.

De vez en cuando, los
medicamentos son  noticia no por lo que
curan sino por cómo lo curan; no por la enfermedad que combaten sino por el
modo de incorporarse al cuerpo humano en el que van a desarrollar la  función para la que están indicados.

En estos últimos años, la
investigación clínica ha propiciado una nueva vía de administración denominada transdérmica y
que consiste en la aplicación de un parche sobre algún punto de la superficie
de la piel del paciente para que el medicamento sea paulatinamente liberado y
se transporte en el torrente circulatorio durante un cierto periodo de tiempo.
La tecnología es, desde luego, novedosa y el mecanismo permite que el aparato
digestivo ?la vía de entrada más tradicional para las medicinas- apenas sufra
repercusiones y  el fármaco vaya más
directo a su  punto de destino.

Los menos optimistas aseguran
que nada ha cambiado y que estos parches no son más que las antiguas
cataplasmas que usaban nuestros abuelos, pero un poco más sofisticadas. Es
posible que aquel fuera el precedente de esta importante innovación, pero
entonces los paños eran enormes, el enfermo quedaba casi inmovilizado al
colocárselos, contenían mezclas irregulares de distintos productos y, en muchas
ocasiones, erosionaban la propia piel. Hoy se garantizan plenamente seguridad y
eficacia además de otros factores como no olvidar la toma de una dosis, e,
incluso, facilitar que la medicación pase desapercibida para los demás.

Puede que las vías de acceso
a un organismo enfermo no sean infinitas, pero es bueno que los tiempos
modernos que proponía Charles Chaplin se palpen
también en la vida cotidiana con avances técnicos como esta evolución de la antigua
cataplasma al recoleto y diminuto parche transdérmico.



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