TUS UÑAS HABLAN. Escúchalas

TUS UÑAS HABLAN. Escúchalas


Unas uñas con alteraciones pueden llegar a ser motivo de afectación psicológica, de dolor, de infecciones, de dificultades en el trabajo e incluso en las relaciones sociales. Descubre por qué cuidarlas no es una banalidad.

El cuidado de las uñas es reflejo de la higiene, ocupación y personalidad de cada persona. Unas uñas sanas tienen una superficie regularmente curva, sonrosada, brillante por el reflejo de la luz y con estrías longitudinales perceptibles con la edad. Sin embargo, cuando se produce algún tipo de alteración ungueal (de las uñas) rápidamente se deja traslucir en su aspecto. Una de las alteraciones más frecuentes en verano son las infecciones en las uñas u onicomicosis, tal y como ha destacado el doctor José Luis Garavís, vicepresidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), debido principalmente a que “algunos de los lugares donde es más fácil contraer la infección son las piscinas y duchas públicas y a que, además, el calor y la humedad favorecen su contagiosidad ya que los restos de uñas o queratina pueden permanecer mucho tiempo en ambientes húmedos y cálidos”.

En España hay alrededor de 1.300.000 personas afectadas por onicomicosis. Deportistas, diabéticos, personas obesas, inmunodeprimidos y población de edad avanzada son los principales grupos de riesgo.

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La importancia de acudir al médico


Sin embargo, debido a que las lesiones por onicomicosis son indoloras, los pacientes las perciben como un problema únicamente estético y en muchos casos no acuden al médico. Por ello Semergen y la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) han iniciado la campaña No Escondas tus Uñas, cuyo objetivo principal es informar sobre la importancia de acudir al médico en cuanto se sospeche de la existencia de onicomicosis, entre otras cosas por su alta capacidad de contagio y su cronicidad. La campaña estará presente en hospitales y centros de salud de toda España a través de carteles y folletos informativos. Entre sus mensajes, los expertos nos recuerdan la importancia de cuidar las uñas a medida que aumenta la edad, ya que sus alteraciones pueden llegar a ser un buen marcador de otras muchas patologías sistémicas, como trastornos cardio-circulatorios (dedos en palillo de tambor), respiratorios (síndrome de las uñas amarillas), hepáticos (uña de Terry), renales (líneas de Muehrcke), hormonales (diabetes), inmunitarios (SIDA), autoinmunes (lupus, dermatomiositis, etc.),  dermatosis a distancia (psoriasis, alopecia areata, etc.).


Cándidas y dermatofitos, los responsables


Dentro de la gran variedad de hongos que pueden colonizar las uñas hay que destacar:

• Las levaduras Candidas porque producen inflamación periungueal (alrededor de la uña) con enrojecimiento, hinchazón, calor y dolor. Si la inflamación persiste, termina haciendo una fosa entre la uña y el pliegue cutáneo, destruyendo la capa protectora y engrosando la uña. En este caso no hay sequedad, sino que la invasión se realiza de forma húmeda, con dolor y color desde el rojo al violeta. La evolución hace que la uña crezca irregularmente y en cada detención produzca un pliegue o banda transversal. La infección por Candidas es más frecuente en las mujeres y el 70% se localiza en las manos por el trabajo con agua, traumatismos en la manicura, oclusión y maceración por guantes de goma, etc.

• Cuando los hongos dermatofitos alcanzan las uñas y encuentran unas condiciones apropiadas, se reproducen lenta pero progresivamente, invadiendo las uñas de forma asimétrica. La invasión se realiza sin dolor, con sequedad, pérdida de elasticidad, engrosamiento y deformación con aspecto carcomido. También hay cambios irregulares de color (desde el blanco al amarillento), según la profundidad que alcance la infección, que siempre tiene un aspecto sucio. Esta infeccio´n es más frecuente en varones que en mujeres, en los pies que en las manos, en mayores de 40 años que en jóvenes, pero las cifras son relativas según los diferentes factores de riesgo. La humedad representa un 35% de riesgo, las zonas públicas de recreo un 23%, la mala higiene un 16%, los traumatismos un 14% y la edad un 11%.


Recomendaciones

Las uñas  crecen diariamente entre 0´1 y 0´125 mm. y cualquier alteración o infección que se produzca necesita, como mínimo, entre 6 y 12 meses de cuidados. Según el doctor Luis Olmos, Dermatólogo y Profesor Emérito de  la Universidad Complutense de Madrid (UCM), por su cronicidad, por las posibles complicaciones con otras enfermedades (diabetes, anemias, etc.), así como por las posibles sobreinfecciones con estafilococos, estreptococos, bacilos coliformes o pseudomonas que puedan producirse, hay que tratar la onicomicosis cuanto antes. Por ello, los expertos recomiendan:

1. Evitar los traumatismos y los hábitos de automanipulación, como arrancamiento de cutículas, utilización inadecuada en el trabajo o bricolajes, manicuras inexpertas, etc.
2. Cortarlas siempre que empiecen a molestar en la actividad diaria, por el roce con el zapato o por el contacto o golpes en el caso de las manos. Las uñas de las manos deben cortarse siempre en forma de curva y las de los pies en línea recta.
3. Usar un calzado cómodo y amplio para prevenir la onicomicosis por oclusión y microtraumatismos repetidos.
4. Llevar a cabo una higiene diaria con agua, jabón y cepillo de cerdas suaves, y secar con cuidado no sólo los bordes de las uñas sino también los espacios interdigitales.
5. Seleccionar muy bien los cosméticos ungueales, por sus posibles irritaciones y oclusiones (la humedad es el mayor riesgo de infección).
6. Cuidar las uñas de los pies con la misma meticulosidad que las de las manos.
7. Consultar al médico a la más mínima sospecha de onicomicosis.


Tratamiento


Respecto al tratamiento de la onicomicosis, el doctor Olmos explica que difiere dependiendo de si la matriz de la uña está o no afectada y de los factores que puedan favorecer la persistencia del hongo. “En general”, apunta “no se necesita tratamiento oral y basta con la aplicación local de una laca que contenga amorolfina. El problema es que hay que tener paciencia, ya que las uñas crecen muy lentamente y hasta que no se reemplaza la parte enferma no se resuelve la infección. Aplicar la amorolfina dos veces por semana es sencillo, aunque a veces sea necesario hacerlo durante 6-9 meses”, explica.

Si hay afectación de la matriz o factores favorecedores que no se puedan evitar como inmunodeficiencias o diabetes, continúa el doctor Olmos, “se suele recomendar la terapia combinada de, por ejemplo, terbinafina 250 mg/día vía oral, con una laca ungueal de amorolfina”.

A pesar de la eficacia de estos tratamientos, este especialista concluye recordando la importancia del tratamiento precoz y, por tanto, la necesidad de acudir al médico tan pronto se sospeche una posible infección por onicomicosis.





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