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Ulcera gastroduodenal. la procesión va por dentro....

Ulcera gastroduodenal. la procesión va por dentro.

El dolor abdominal y la acidez son la queja más frecuente de quienes sufren úlcera gastroduodenal, una llaga en el revestimiento del estómago o del duodeno que hace que se pongan en contacto estos órganos con los jugos digestivos

Se estima que entre el 10 y el 15% de la población padece úlcera péptica (úlcera gástrica y úlcera duodenal) en algún momento de su vida. Tras la infección por Helicobacter Pylori, la ingestión de fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) constituye la segunda causa más importante de aparición de úlcera péptica.

Algo va mal

Lo más característico de la úlcera gastroduodenal es la aparición de dolor y acidez, o de sensaciones incómodas en la región abdominal, que pueden presentar uno o varios de los siguientes síntomas:

  1. Dolor en la región media de la parte alta del abdomen (epigastrio), que aparece a los 30-60 minutos después de comer.
  2. Acidez.
  3. Dolor de aparición nocturna (cuando el estómago está vacío).
  4. El dolor sordo que no se irradia.
  5. Períodos de empeoramiento y mejora. El dolor puede durar semanas, con períodos libres de síntomas.
  6. Dolor al presionar en la parte alta del abdomen.
  7. Sensación de ardor en el pecho.
  8. Estreñimiento.
  9. Otros síntomas consecuencias de los anteriores serían pérdida de peso, pérdida del apetito, distensión abdominal, eructos, náuseas o vómitos, aunque estos últimos son poco frecuentes.
  10. La evolución de la úlcera péptica puede llevar consigo ciertas complicaciones que la convierten en una enfermedad con riesgo vital. Las principales complicaciones son hemorragia, perforación, penetración a otros órganos (sobre todo al páncreas) y estenosis del canal pilórico. El 25% de los pacientes con úlcera péptica padece hemorragias en algún momento de la evolución de la enfermedad, ya sea de forma aguda o crónica.

Helicobacter pylori: un gran descubrimiento

Nunca hasta los años 80 se había pensado en la úlcera como en una infección producida por una bacteria. Es entonces cuando, tras el descubrimiento de la bacteria Helicobacter Pylori que la producía, se pasó de tratamientos que únicamente cicatrizaban la herida a tratamientos encaminados a curarla. Tras años de investigación, se constató que H. Pylori estaba presente en casi el 100 % de los pacientes con úlcera, según señala el Dr. Manuel Díaz-Rubio, presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Ahora, 20 años después del descubrimiento de la bacteria y ya sabiendo que ésta está directamente relacionada con otras patologías, como el cáncer gástrico, las posibilidades de una vacuna contra la úlcera se perfilan cada vez más netamente. De todas formas, y tal y como se ha puesto de manifiesto en el X Simposio sobre Tratamiento Actual de las Patologías Digestivas que se ha celebrado en Madrid recientemente, en la comunidad científica se ha abierto un debate sobre si esta bacteria debe o no ser erradicada indiscriminadamente. Tal y como ha indicado el profesor Díaz-Rubio, en la actualidad hay científicos que opinan que no debe erradicarse el Helicobacter Pylori si no existe úlcera o alguna otra patología que justifique su eliminación, puesto que de esta forma pueden aparecer otras enfermedades que el paciente no sufría con anterioridad: es el caso de la enfermedad por reflujo gastroesfágico, que se ha manifestado en pacientes que antes de la erradicación de esta bacteria no presentaban síntomas”.

Cómo actúa H. Pilory

  • Aumentando la concentración de amoníaco en el moco gástrico hasta 4 veces más de lo normal, lo que lesiona directamente la mucosa del estómago y altera la viscosidad del moco que la recubre y protege, haciéndola más vulnerable al efecto del ácido con el que está en contacto permanente.
  • Elevando la cantidad de gastrina, molécula que se encarga de regular la cantidad de ácido gástrico que se libera al estómago. Si en circunstancias normales la gastrina se regula dependiendo del alimento ingerido, en infectados por Helicobacter Pylori la gliadina no actúa en respuesta al estímulo alimentario, aumentando la gastrinemia basal en un 50 % y la postprandial en un 100 %.
  • La primavera: época de recaídas sintomáticas

    El hecho de que la primavera y el otoño sean épocas en las que los síntomas de la úlcera péptica provocada por H. Pylori se agrave, ha llevado a los expertos a definir las recaídas como “brotes estacionales”. Otras recaídas pueden ir asociadas al consumo de AINE (antiinflamatorios no esteroideos) y a períodos de tratamiento.

    El papel del estrés, el tabaco y la dieta

    Según ha explicado el doctor José Luis Vázquez Iglesias, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Juan Canalejo de La Coruña, cuando una úlcera evoluciona por brotes de exacerbación, después de una temporada asintomática, los pacientes intentan relacionar estas recaídas con el estrés o con el consumo de algunos alimentos o bebidas alcohólicas, pero no puede afirmarse que realmente sean factores desencadenantes de los brotes ulcerosos, aunque sí pueden provocar una mayor percepción de los síntomas. Tradicionalmente se creía que la dieta constituía uno de los ejes fundamentales del tratamiento de la úlcera péptica. Sin embargo, según Vázquez Iglesias, la inmensa mayoría de los pacientes puede llevar una dieta normal durante el tratamiento, siempre que no existan complicaciones ulcerosas. Lo que sí influye es la adicción al tabaco, que está comprobado que retrasa la curación y que, además, influye en las recidivas. Igual que debe suspenderse el consumo de tabaco, debe suprimirse la ingestión de AINE.

    La vacuna de la esperanza

    Gracias al hallazgo realizado por investigadores japoneses y que ha sido publicado en la revista “Nature Genetics”, la posibilidad de desarrollar una vacuna contra esta bacteria y las patologías que le son asociadas es cada vez más real. Con esta vacuna, cuya primera experimentación ha sido realizada con ratones, aunque la bacteria y sus receptores son comunes a la especie humana, se podría además evitar la resistencia de la bacteria a los antibióticos empleados actualmente como tratamiento, e incluso podría servir para prevenir algunos tipos de cáncer de estómago, especialmente el linfoma gástrico.

    Otra puerta a la esperanza la ha abierto el equipo de cirugía general y digestiva del Hospital de la Paz, al utilizar por primera vez células madre autólogas procedentes de la grasa del propio paciente, para la cicatrización de fístulas asociadas a la enfermedad de Crohn. En un futuro, este “pegamento orgánico” podría ser utilizado para cicatrizar úlceras gastroduodenales, garantizando además el que no se desarrolle a posteriori patología tumoral alguna.

    Actualmente se estima que entre el 30 y el 50 % de los tumores gástricos podrían relacionarse con la bacteria H. Pilory, y hasta con un 70 % de los linfomas que afectan a la mucosa gástrica



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