Un cojín.

·        
Una silla por favor.

·        
Ahí tiene un banco.

·        
Es que el banco es muy molesto para mis
almorranas.

·        
Le voy a traer un cojín horadado que tengo para
estos casos.

·        
¡Uy, qué a gusto me encuentro! ¡Qué oportuno, ni
que supiera que iba a venir!

·        
Es que yo padezco hemorroides, peores que las
suyas.

·        
¡De eso nada! Las echo a pelear.

·        
No me refiero a la intensidad del dolor sino a
que las mías son crónicas y las suyas están producidas por el embarazo.

·        
Pues mi madre me dice que ya las voy a tener
toda la vida.

·        
¡No, mujer! Sus hemorroides son
circunstanciales. Tenga en cuenta que la ocupación fetal comprime toda la zona anorrectal.

·        
Pues menos mal, porque es sentarme en el retrete
y ver las estrellas.

·        
¿Está estreñida?

·        
Eso venía a preguntar precisamente. ¿Qué laxante
podría tomar?

·        
En su caso debería consultar al médico.

·        
Es que mi ginecólogo está fuera de España en un
congreso. Pero un laxante es algo sin importancia.

·        
Cuando hay un embarazo, recomendar un laxante es
algo delicado, ya que si se toma uno drástico puede inducir el parto.

·        
¿Y eso?

·        
Tenga en cuenta que este tipo de laxantes
produce peristaltismo intestinal que no es otra cosa que contracciones?

·        
Retortijones.

·        
Exactamente.

·        
Y entonces, ¿qué hago?

·        
Podría tomar algún formador de bolo.

·        
¿Bolo? ¡Ése es mi
cuñado, el que juega en el Rayo Vallecano.

·        
Bolo es el trozo de alimento masticado y
dispuesto a ser deglutido, que tras la digestión se convierte en bolo fecal. Y
cuidado con el fecalito.

·        
Yo desde el embarazo no tomo ni un cafelito.

·        
Le hablo del fecalito, que es como un trozo duro
de excremento difícil de expulsar.

·        
¿Entonces?

·        
La fibra. Consumir mucho líquido es una buena
opción.

·        
Es que cuando bebo mucho se me viene la comida a
la boca.

·        
Eso es pirosis.

·        
¡Oiga, que yo de la cabeza ando muy bien! La que
está pirada es mi cuñada.

·        
La pirosis es el reflujo gastroesofágico?

·        
¿Y las mermeladas? Desde que estoy así me chifla
el dulce.

·        
Pues cuidadito con el azúcar porque el embarazo
puede producir una diabetes gestacional.

·        
¡Uy, Dios mío, que mi abuela es diabética!

·        
Pero no se preocupe porque, suponiendo que tenga
un poco alta la glucosa, también es un problema circunstancial.

·        
Aquí, por lo visto, todo es circunstancial. ¡Qué
ganas tengo de que nazca la circunstancia!

·        
Es que el embarazo es molesto pero no es ninguna
enfermedad.

·        
Con qué facilidad dicen eso ustedes los hombres.
No es ninguna enfermedad pero tengo almorranas, estoy estreñida, tengo azúcar?

·        
Cositas.

·        
¡Vamos, un poquito de todo, como un quiosco de
chucherías!

·        
Me alegra que lo lleve con sentido del humor.

·        
En definitiva, que ni laxantes fuertes, nada de
mermelada y mucha agua. ¿No es así?

·        
Así es.

·        
Pues yo no me voy de aquí, después de lo amable
que ha sido usted, sin comprar algo.

·        
¿Y qué desea?

·        
¡Que me venda el cojín en el que estoy sentada!
¡Qué gusto!



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