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Un nombre inadecuado.

Un nombre inadecuado.

-Vengo a decirle que tenga
cuidado? porque, ¡fíjese cómo traigo el ojo!

-¿Y por qué he de tener
cuidado?

-Porque lo tengo así por un
colirio que me vendió.

-¿Cuándo?

-El día que me lo recetó Don
Casimiro, el oculista.

-¿Casimiro?…¡Ah!…lo
recuerdo. Vamos a mirar en la memoria del ordenador, que es neutral.

-Desde luego.

-Pues la máquina dice que
usted se llevó el colirio hace hoy? exactamente dos meses y tres días.

-¡Bueno? y qué pasa!

-Pasan dos cosas. La
primera: que usted ha vuelto a usar este colirio

-Don Casimiro  dijo que, si aparecían de nuevo los
síntomas, me  pusiera el mismo colirio.

– El médico le quiso decir
que se pusiera otro colirio igual. ¡No el mismo!

-¿Y no es lo mismo?

-Lo parece, pero no lo es.
Aún sin la opinión de Don Casimiro, me atrevo a decirle que el colirio que se
ha puesto está contaminado. Y ésta es la segunda cosa que pasa.

-Pues fíjese en la fecha de
caducidad: válido hasta el año que viene.

-Esta fecha es a efectos del
envase sin abrir, pero una vez usado hay que desecharlo, porque los colirios se
contaminan fácilmente.

-¿Y eso por qué?

-Porque son líquidos
estériles y hay que manejarlos correctamente.

-Yo vivo sola y me tiembla
el pulso, ¡no quiera ver lo mal que lo paso!

-Es que verá. Cuando se
habla, generalizando, de administrar un medicamento, creemos que todas las
formas farmacéuticas son tragadas o bebidas?

-¿Y los supositorios? que me
dice de los supositorios?

-Buen ejemplo. Un
supositorio que está en la nevera ha de precalentarse  antes de administrarlo.

-Pero, ¡por Dios!, hay
algunos que se derriten en la mano.

-Algunas instrucciones ponen
?temperatura ambiente? y esta frase es muy relativa. No es lo mismo el mes de
Junio en Burgos que en Murcia.

-Bueno? pues deme otro
colirio nuevo.

-Sin receta no. Es mejor que
vaya a Don Casimiro.

-Iré, pero si no le importa
le voy a hacer una pregunta.

-Dígame.

-¿Puede ser también que el
colirio no me haya hecho efecto?

-No creo. ¿Por qué lo dice?

-Es que la primera vez me lo
puso una vecina que es enfermera. Y ayer me lo puse yo. Parpadeé mucho y creo
que eché fuera todo el líquido.

-Es posible.  Una vez que la gota de colirio penetra en el
ojo necesita un tiempo de 5 minutos para absorberse.

-O sea que al parpadear?

-Cada parpadeo hace una
limpieza de la lágrima y la renueva. Por eso no se debe parpadear.

-Es que yo sola…

-La comprendo. Cuando Don
Casimiro la vea,  si le manda otro
colirio no tengo inconveniente en ponérselo.

-¡Qué amable! Ahora estoy
más tranquila y le pido disculpas por si le pude molestar al principio.

-Lógicamente me molesté,
pero ahora que me ha dicho sus circunstancias la comprendo.

-Es que desde que murió mi
marido vivo sola y estoy muy torpe.

-No se acompleje. Es que hoy
vivimos la época del ?hágaselo usted mismo?.

-¡Qué razón lleva! Hace
tiempo tuve unos episodios asmáticos y me mandaron un inhalador que para
prepararlo se necesitaban estudios… ¡Entonces vivía mi Vicente!

-Eran unas cápsulas que se
disgregaban extemporáneamente, creo recordar.

-Algo así. Oiga, ¿y si me
mandan otro colirio? ¿Una vez usado lo tiro?

-Me imagino que Don Casimiro
le prescribirá monodosis.

-¿Y eso qué es?

-Mire, aquí le doy unas
instrucciones que aclaran todo el tema sobre colirios.

-¡Qué amable! Una última
pregunta, ¿por qué recordaba lo de la receta del colirio?

-Por el nombre del oculista.
Don Casi?miro no es nombre idóneo para un especialista de la vista.

-¡Ja, ja! He venido
protestando y me voy riendo.

-Así me gusta.

                               Pedro
Caballero-Infante

 



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