Un soplo feminista.

-Aquí
le traigo a este hombre…

-¿Su
marido?

-El
mismo.

-¿Y
qué le ocurre?

-Quítate
las gafas Pepe, que te vea la señorita.

-¡Uf!,
tiene una fuerte conjuntivitis…

-¿Ves
lo que te dije? ¡Y no quiere ir al médico!

-Pues
debía.

-Pero
por lo menos usted ha dado con lo que tiene y me ha quitado el susto. ¿Es
grave?

-En
principio no. Una conjuntivitis es una inflamación de la conjuntiva, pero hay
que saber la causa.

-¿Y
usted no le podría mandar algo?

-Es
que si la irritación está producida, por ejemplo, por una subida de la tensión
arterial ya son palabras mayores. ¿Es usted 
hipertenso?

-Yo
le contesto, porque él es muy paradito.

-Ya
veo.

-De
tensión está bien porque yo se la tomo, con el aparatito de la muñeca, cada
tres días. Es que de niño tuvo un soplo y me preocupa mucho.

-¿Ha
habido algo que le haya podido producir esta irritación? ¿Ha conducido mucho
con la ventanilla abierta o ha estado en contacto…?

-Es
metalúrgico, pero está jubilado. Ayer le estuvo haciendo un arreglito a un
amigo con la autógena.

-¡Acabáramos!
¡Seguro que no usó la pantalla para protegerse del soplete! ¿Verdad?

-Yo
le contesto, porque él es muy paradito. Ha acertado usted. Porque yo le vengo
riñendo siempre. Esta no es la primera vez que viene con los ojos como tomates,
pero hoy es el acabose.

-Le
voy a  recomendar un colirio
astringente.

-Del
vientre va bien, porque yo lo vigilo. Es estreñido pero yo le doy mucha
ciruela…

-Cuando
digo astringente me refiero a una sustancia que lleva el colirio para
contrarrestar la vasodilatación de los capilares de la conjuntiva.

-Pues
démelo y explíqueme cómo se lo tengo que poner, porque él es muy torpe.

-Ya
veo como lo cuida  y sin embargo, desde
que la he visto, me preocupa más usted.

-¿Yo?
¿Qué tengo?

-Estoy
observando sus manos y tiene una dermatitis aguda.

-¡Ah!
Esto es de fregar. Ahora las tengo un poco peor porque le estoy poniendo a mi
Pepe compresas calientes para el lumbago. Es lo normal.

-Pues
esa dermatitis, en muchos casos, se considera enfermedad  laboral. Los que manipulan alimentos, sobre
todo pescados y mariscos, tienen que darse de baja muchas veces.

-Pero
yo no trabajo.

-¿Qué
usted no trabaja?

-Me
refiero en la calle. De limpiar pescado soy una experta. ¿No ve usted que a mi
Pepe no le gusta otra cosa?

-Pues
usted debe cuidarse y si ha de dejar una temporada lo del pescado…

-¿Y
quiere usted que el pobrecito se me muera de hambre? ¡Con lo que ha trabajado
la criatura!

-¿Y
usted no ha trabajado y lo sigue haciendo?

-Pero
no es lo mismo. ¡Cómo se nota que usted es joven! ¡Verá cuando se case! Es la
obligación del ama de casa.

-No
estoy de acuerdo con usted, pero le voy a recomendar una cosa, ya que no quiere
dejar el pescado y el lavado.

-¿Qué
es?

-Unos
guantes que llevan en su interior una sustancia hidratante. Pero antes ha de
ponerse esta pomada antiinflamatoria. ¡Jesús como tiene las manos!

-Pero
yo con los guantes no sé manejarme. Me los puse una vez y a mi Pepe le daban
asco y desde entonces…

-Pues
ya es tiempo de empezar. Le voy a explicar a su marido cómo se los tiene que
poner, porque hay que ajustarlos y una 
persona sola no puede.

-Explíquemelo
a mí porque él es muy melindroso para estas cosas. Yo se lo diré a mi vecina.
Pero no se le olvide darme las gotas de los ojos.

-No
se preocupe que no se me olvida. ¡Pero antes la crema y los guantes!

-Es
que mi Pepe, aquí donde lo ve, es muy sufrido. No habla por no molestar. Desde
que tuvo de chico el soplo.

-¿El
soplo? Pues ya es hora que le dé usted un ventarrón.

                                                               Pedro
Caballero-Infante



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