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Una bonita historia.

Una bonita historia.

Una joven farmacéutica recién
licenciada tras concederle una beca Erasmus, decide
dedicar sus primeros años de profesional sanitaria a la quebradiza salud de los
africanos de Camerún. Contacta con un grupo cristiano y su correspondiente ONG
y se va con mucho ánimo y poca logística a una de las zonas más abandonadas del
planeta.

Por otro lado, dos viejas
amigas del Colegio, que terminaron hace más de veinticinco años, vuelven a
encontrarse de compras en unos grandes almacenes de Madrid. Se habían perdido
la pista porque una de ellas viaja mucho con su marido, entrenador de éxito en
el fútbol, y tiene siempre las maletas disponibles. La primera  comenta a la segunda que su hija acaba de
licenciarse y que se ha ido a ayudar a los desamparados del corazón de África,
pero que no tiene medios ni posibilidad de conseguirlos. Lo que más necesita es
tener capacidad para  transmitir una
información que pueda aplicar la población autóctona cuando ellos se vayan.

Las dos amigas conspiran y la
esposa del entrenador implica a su marido y algunos jugadores muy famosos para
obtener ayudas. Se suman otros personajes, incluso de nuestra farándula, y se
obtiene una recaudación extraordinaria que facilita la actuación y la llegada
de medicamentos a los voluntarios en aquellas tierras casi olvidadas.

Mientras, las compañeras
españolas de la valiente expedicionaria, se coordinan a través de internet para enviarle toda la documentación posible sobre antibioterapia, elaboración de pomadas tópicas
cicatrizantes y otros fármacos imprescindibles y fáciles de desarrollar. Todas
lo hacen desde el anonimato y sin que pretendan ningún reconocimiento porque
piensan que merece la pena. Definitivamente, una bonita historia.



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