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Una nueva web advierte sobre los peligros de los medicamentos falsificados

¿Crees que sabes distinguir los medicamentos auténticos de las falsificaciones peligrosas? ¿Crees que comprarlos a través de internet es seguro? A simple vista lo cierto es que resulta prácticamente imposible diferenciar unos de otros y, con frecuencia, el único modo de confirmar la autenticidad de los comprimidos es analizarlos en un laboratorio. Entonces, ¿cuál es la mejor manera de estar seguro sobre la legitimidad de los medicamentos?

 
Con el fin de dar respuesta a todas estas preguntas y poner de relieve los riesgos que supone la adquisición de medicamentos falsificados, todo un peligro para la salud pública pues pueden, en el mejor de los casos, no hacer nada, y en el peor, llegar a ser muy perjudiciales para la salud, se ha puesto en marcha la página web www.noseascobaya.com, desarrollada por la compañía biomédica Pfizer y que cuenta con el aval científico de la Asociación Española de Andrología (ASESA).
 
“La mejor manera de garantizar que estamos tomando un medicamento auténtico es que sea recetado por un médico y se adquiera en la farmacia”, responde la doctora Ana Puigvert, ex presidenta de la ASESA y presidenta de ANDRO, a la pregunta de cómo se pueden distinguir las falsificaciones.
 
Se entiende por medicamento falsificado aquel que ha sido fabricado y distribuido fuera de los canales legales de fabricación y venta y que puede suponer un problema para la salud de los pacientes. Y es que no se sabe qué compuestos contienen en su composición, pues no siguen  Salud , Farmacia , Psicología , Belleza, Medicamentoslos criterios de seguridad en su fabricación, no están sujetos a ningún tipo de control de calidad y los falsificadores son, en ocasiones, también traficantes de otras drogas.
 
Así, por ejemplo, entre los ingredientes encontrados en algunos supuestos medicamentos para la disfunción eréctil (DE) se ha encontrado pintura, tinta de impresora (empleada para dar a las pastillas su característico color azul), anfetaminas, cafeína o polvo de talco.
 
Por contra, los medicamentos auténticos son elaborados por investigadores y profesionales sanitarios que desarrollan su labor en un medio rigurosamente controlado y estrictamente regulado por las autoridades sanitarias. Por eso, el único modo de poder confiar en quien suministra el medicamento y en el medicamento mismo es obtenerlos con receta médica.
 
“Todo fármaco, desde que se crea su molécula, pasa por centenares de estudios y pruebas (tardan más de 15 años en algunas ocasiones) hasta que están a disposición de los pacientes en las farmacias o centros hospitalarios. Por lo tanto, se desconoce el mecanismo de acción de cualquier sustancia adquirida fuera de los circuitos legales; su vía metabólica o cuánto tiempo queda en el organismo, etc., es un perfecto desconocido, por lo tanto, peligroso”, asegura la doctora Puigvert.
 
Los medicamentos contra la disfunción eréctil, entre los más falsificados
La mayoría de personas que compran medicamentos de prescripción sin receta médica a través de internet lo hacen por ahorrar tiempo y dinero o porque les da vergüenza contar a su médico el problema que tienen, especialmente en los casos de DE. Sin embargo, en España está prohibida su venta por internet. Los medicamentos de prescripción solo se pueden comprar en la farmacia con su receta correspondiente.
 
“Todos los fármacos deben comprarse en las farmacias, que son la vía legal por la que podemos controlar la producción de los mismos y además con prescripción médica, ya que únicamente el médico sabe qué fármaco y qué dosis es la más adecuada no solo para recuperar la función sexual, sino también para garantizar un buen estado de salud general”, explica la doctora Puigvert.
 
Precisamente los medicamentos que tratan la DE están entre los que más se falsifican, lo que, como señala Puigvert, se debería a que “es una de las patologías con mayor incidencia en la población masculina, por lo que la demanda de estos medicamentos es muy elevada”. Además, continúa, “no entran en el sistema de reembolso sanitario, por lo que existe mayor predisposición para adquirirlos de forma irregular. La situación sería completamente diferente si los mecanismos administrativos permitieran su subvención”.
 
De acuerdo al estudio Epidemiología de la Disfunción Eréctil Masculina (EDEM), la DE afecta al 12% de los hombres entre 25 y 70 años y al 26% entre los 40 y los 70, y muchos de los pacientes con este problema son todavía reacios a consultar al médico ya sea por temor, vergüenza o por la creencia de que la DE es normal en la edad avanzada. De hecho, en la actualidad, y de acuerdo a distintos estudios, solo el 20-40% de los hombres afectados hablan de ello con su médico.
 
Y, ¿por qué es importante que sea el médico el que los prescriba? “Cuando un médico receta un medicamento es para conseguir un efecto terapéutico: en los casos en que se adquiere uno falsificado va en detrimento de la salud del paciente, ya que no cumple con su objetivo terapéutico. El médico conoce a su paciente y sabe su historia médica y qué medicamentos toma, por lo tanto, conoce las interacciones entre medicamentos; si se compra una sustancia por internet no se sabe qué interacciones puede tener con sus medicamentos habituales”,  subraya la doctora Puigvert.
 
Posición líder contra la falsificación
Pfizer ha adoptado una posición de liderazgo entre las compañías biomédicas en el compromiso de proteger sus medicamentos y, por tanto, a los pacientes, de los peligros que conllevan las falsificaciones.
 
La página web www.noseascobaya.com, desarrollada por la compañía biomédica Pfizer en colaboración con ASESA, que avala sus contenidos, quiere contribuir a la sensibilización frente al problema de salud, facilitando información relevante al respecto con el fin de mejorar la formación que recibe el paciente sobre este tema.
 
“Desde ASESA es una prioridad llevar a cabo campañas como la que se acaba de iniciar para concienciar de que los medicamentos falsos o medicamentos adquiridos fuera de los cauces legales conllevan un elevado riesgo para la salud, por lo tanto, todos los estamentos sanitarios tenemos la obligación de informar de sus peligros y prevenir de esta forma los riesgos para la salud de la población”, concluye su presidenta.


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