Una quemadura explosiva.

-Mire,
se trata de una apuesta

-Las
quinielas están aquí al lado. Esto es una Farmacia.

-Ya
lo sé. No se me enfade.

-Pues
entonces dígame.

-Venía
a que me recomendase algo para las quemaduras.

-¿Y
eso es una apuesta?

-Es
que la acabo de hacer con un amigo que se ha quemado.

-¿Y
por qué no viene su amigo?

-Porque
no puede hablar. Y aún dice que su quemadura es de segundo grado.

-Puede
ser?

-Será
de primer grado. Tiene los morros hechos papilla.

-Es
que las quemaduras de primer grado son leves como las solares, pero tendría que
verlo.

-Pues
ahí está entrando. Se ha quedado pagando en el bar. ¡Qué impaciente!

-¿Me
permite que le vea? Su amigo lleva razón. Son de segundo grado.

-Pues
he perdido la apuesta. ¿Pero cómo van a ser de segundo grado?

-Es
que la clasificación de las quemaduras se presta a confusión. Las de primer
grado son las leves y las de tercer grado las muy graves, dependiendo también
de la superficie afectada.

-Yo
creí que era al revés por aquello de que lo primero es lo más importante.

-Por
eso le he dicho que se presta a confusión.

-¿Y
qué le recomienda?

-Para
estos casos los farmacéuticos hemos de seguir un protocolo.

-Pues
a nosotros nos trata sin protocolos que somos de confianza.

-Me
refiero a que hemos de seguir unas pautas. La primera es preguntar como se ha
producido. ¿Electricidad, fuego, explosión…?

-Explosión,
sin duda.

-Su
amigo le está tirando de la manga.

-No
le eche cuenta. Quiere decir que me deje de cachondeo.

-¿Y
qué tipo de explosión ha sido?

-Gastronómica.
Es que aquí donde usted lo ve, tan delgado, es un tragaldabas. Estábamos en el
bar de enfrente y nos han puesto gambas al ajillo. Ha mojado un sopón y al llevárselo a la boca se le ha caído de lleno en
la cazoleta salpicándole los morros.

-Así
tiene la zona tan grasienta. Creí que le habían aplicado alguna pomada. ¿Y ese
puntito rojo?

-Es
un trozo de guindilla. Lo he traído de inmediato. Ni se ha limpiado.

-Pues
lo primero que hay que hacer es limpiar la zona quemada con agua jabonosa sin
friccionar para no irritarla más.

-¿Y
sólo jabón?

-No.
De inmediato vamos a ponerle un apósito antiadherente para evitar la infección
y que absorba el exudado. Después le pondremos un antiséptico de amplio
espectro.

-Le
noto muy enterada. ¿Está especializada en quemaduras?

-No.
Es cuestión de seguir un protocolo.

-Ya
le he dicho que nos trate con confianza.

-Protocolo
no es sólo una regla ceremonial sino una actuación ordenada. Su amigo le está
tocando de nuevo.

-Quiere
decirme que deje de hablar y que qué hay de lo suyo. ¡Lo conozco muy bien!

-Después
le voy a dar una pasta emoliente para que ablande las zonas dañadas.

-Hablando
de pasta, yo tengo entendido que la pasta de dientes es buena en estos casos.

-Todo
lo contrario. No cura y, además, al secarse endurece la herida  evitando que transpire.

-Pues
mañana nos tenemos que ir a un viaje de trabajo. ¿Habrá problemas?

-Creo
que no. Pero, no obstante, le voy a dar también una pomada epitelizante
con antibacterianos.

-¿Y
se le cubre con algo?

-Si
acaso con una gasa transpirante porque la pomada que le voy a dar no es
oclusiva. No obstante si no remite ha de consultar con un médico.

-Entonces
no habrá problemas, ¿verdad?

-En
la quemadura creo que no. En cuanto al trabajo, si sigue siendo usted el que
habla, tampoco creo que haya problemas. ¿Y ese gesto que hace su amigo?

-Quiere
decir que le pregunte cuando puede comer.

                                              



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