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Vacas locas, comer o no comer.

Vacas locas, comer o no comer.

La alarma crece desde que el pasado mes de noviembre se diagnosticó un caso de vaca loca en la localidad lucense de Carballedo. Aunque el Ministerio de Agricultura haya descartado la posibilidad de una epidemia en España, lo cierto es que los ánimos están intranquilos y la carne de vacuno empieza a ser seriamente cuestionada por el consumidor como parte de su alimentación.

Hace años que oímos hablar de las vacas locas y sin embargo, la información que llega al ciudadano sigue siendo confusa, lo que aumenta su desconcierto. Primero se dijo que no existía riesgo de contagio en España; luego se supo del primer caso de vaca loca en Galicia; primero se dijo que la ternera joven no implicaba peligros y ahora se adelanta la edad de la res (de tres años a 30 meses), para la realización del test de las vacas locas a todas las reses de la cabaña gallega; primero se dijo que los piensos peligrosos eran aquellos elaborados con restos de rumiantes y ahora la Unión Europea dictamina la destrucción de “todos” los piensos animales, incluidos los de origen aviar y porcino, destinados al consumo de todos los animales sin excepción, y no sólo los rumiantes.

Afortunadamente el gobierno parece haberse hecho eco de la voz de alarma que desde hace años vienen dando expertos científicos en el tema, y tras cerrar las fronteras al ganado vacuno mayor de un año procedente de Francia e Irlanda, países considerados de riesgo por el número de casos de EEB (Encefalopatía Espongiforme Bovina o enfermedad de las “vacas locas”) que se han producido en los últimos años, va a multiplicar por seis el número de tests que estaba previsto realizar a partir de enero del 2001. Esta medida se une así al paquete de medidas promovidas por el gobierno desde el año 94, no sin que haya levantado cierta polémica en la UE, a pesar de la línea de alerta emprendida recientemente sobre los controles que los países miembros deben aplicar para evitar la propagación de esta enfermedad.

A la preocupación que genera el escaso conocimiento que se tiene sobre los mecanismos de transmisión de la enfermedad bovina a humanos, se suman los intereses del sector ganadero implicados en la economía de nuestro país, cuyas cifras de venta de vacuno han descendido un 15% y los sacrificios de reses un 70%. Las cuantiosas pérdidas no sólo afectan al sector ganadero sino también a todas aquellas empresas (más de 90) y familias (más de 10.000) dedicadas a la fabricación de piensos animales. Estas pérdidas, en caso de que se ponga en marcha el plan de choque previsto por la Comisión Europea que entre otras medidas incluye la prohibición de “todos” los piensos animales para la alimentación del ganado, sea o no rumiante, pueden resultar catastróficas, ya que el volumen de MER (Material Específico de Riesgo) a destruir se elevaría de 100.000 toneladas a 1,5 millones de toneladas al año en España.

Según Juan José Badiola, Director del Laboratorio Nacional de Referencia de Encefalopatías Espongiformes Transmitidas por Animales y asesor del Programa Nacional de Vigilancia y Control de esta enfermedad puesto en marcha desde 1996 en España, desde ese año se han producido 180.000 casos de EEB en el Reino Unido, 500 en Irlanda, 450 en Portugal, 360 en Suiza y 111 en Francia.

Según este experto, aunque no existe riesgo de epidemia en España sobre todo debido al carácter extensivo de nuestra cabaña ganadera y a nuestra tradicional costumbre de alimentarnos con animales jóvenes (la enfermedad se desarrolla a partir del tercer año de vida de la vaca), sí pueden darse casos aislados en los próximos años, sobre todo si tenemos en cuenta que el período de incubación de la enfermedad es muy largo y los casos pueden tardar en aparecer aún muchos años.

El laboratorio que dirige Juan José Badiola, ubicado en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, es el encargado de analizar los cerebros vacunos y detectar posibles anomalías en las reses. Todas las pruebas necesarias que se realizan en España pasan por aquí. Sin embargo y al parecer, tanto el equipo (formado por siete personas) como las instalaciones resultan insuficientes, sin contar con que el presupuesto destinado a la detección de este mal es muy inferior al que se destina en otros países como Francia.

Una alimentación “contra-natura”

El origen de la enfermedad se debe a los cambios introducidos en la alimentación del ganado a partir de piensos elaborados con harinas animales, lo que ha convertido en omnívoros a animales de naturaleza herbívora. En el caso inglés, país donde se originó la enfermedad de las “vacas locas”, los piensos elaborados con restos de ovejas infectadas fueron los culpables del desarrollo de la Enfermedad Espongiforme Bovina. Ahora hace años que el riesgo ha traspasado sus fronteras, no sólo por la exportación de bovino inglés producida antes del cierre de fronteras decretado por la mayoría de los países europeos, sino también por la posible introducción de piensos animales elaborados con reses infectadas. Actualmente la propagación de la enfermedad está descontrolada, ya que no se sabe qué piensos podrían estar infectados y cuáles no, lo que ha llevado a países como Francia a emprender una campaña nacional de destrucción de todos los piensos animales existentes en el país, medida que por otra parte requiere un gran esfuerzo monetario y que conlleva riesgos de contaminación.

Además, hay que tener en cuenta que este tipo de alimentación afecta no sólo al sector bovino sino también al avícola, porcino e incluso piscícola. Aunque hasta el momento no haya habido indicios de que la enfermedad pueda producirse en estos animales ni de que puedan transmitirla al hombre (sólo la padecen y la transmiten las vacas, ovejas y felinos), lo cierto es que el miedo empieza a generalizarse en la opinión pública.

En opinión de Juan José Badiola, el peligro de contaminaciones cruzadas está en los piensos de origen rumiante y no en los de origen porcino y aviar, ya que, al parecer, estas especies no son susceptibles de padecer ni transmitir la enfermedad.

¿Cese temporal o reconversión del sector?

El cambio de modelo alimentario para la cabaña ganadera que se debate en Europa plantea nuevas incógnitas y nuevos problemas: ¿se trata de un paro temporal en el consumo de piensos de origen animal o de una auténtica reconversión del sector? En todo caso, la sustitución de proteínas de origen animal por aquellas de origen vegetal traería consigo un nuevo impacto en los mercados mundiales, al crear nuevas necesidades relacionadas con la importación (sobre todo con la importación de soja procedente de EEUU) y con la necesidad urgente de invertir en cultivos de cereales y oleaginosas. Además de elevar el precio de los piensos, el cambio de modelo alimentario podría retrasar el desarrollo de los animales.

En qué consiste la enfermedad

La enfermedad de las “vacas locas” tiene su variante humana en la llamada Enfermedad de Creutzfeldt Jakob, cuya sintomatología es análoga a las de otras enfermedades neurodegenerativas: apatía, pérdida de memoria, pérdida progresiva de peso, pérdida de coordinación neuromotriz, pérdida del habla, demencia permanente, y finalmente la muerte. Mientras que el período de incubación de la enfermedad puede ser bastante largo, una vez declarados los síntomas el enfermo tarda un año aproximadamente en morir, sin que de momento se tengan conocimientos médicos sobre el tratamiento a seguir.

Según los científicos, la encefalopatía espongiforme se adquiere por dos vías: hereditaria y por contagio, siendo el agente responsable una proteína del grupo denominado “Prión” (PrP), existente en el organismo de aves y mamíferos y que está relacionada con los mecanismos del sueño. Tal y como reza un Informe realizado por el Grupo de Trabajo de EEB del Instituto de Estudios de Consumo (IEC), dirigido por Carlos Arnaiz, el desarrollo de la enfermedad se produce por un plegamiento anómalo de priones sanos en priones patógenos, de manera que los priones defectuosos se depositan sobre las membranas de las células nerviosas, formando placas o depósitos que destruyen las neuronas. Esta destrucción masiva y acelerada es la que hace que el cerebro presente una textura esponjosa o llena de agujeros que en último término lleva a la muerte.

En el caso de la vía hereditaria es, al parecer, un gen mutado el que da órdenes o instrucciones incorrectas que determinan el plegamiento defectuoso de la proteína. En el caso de contagio los priones entran directamente por la incorporación de tejidos infectados e interactúan con los priones análogos normales convirtiéndolos en defectuosos.

La “barrera de la especie”

El prión (PrP) es una proteína producida por las células de muchas especies como la vaca, la oveja, el ratón y el hombre. La importancia de que el portador de la enfermedad, en este caso la vaca, posea una estructura priónica similar o no a la del organismo susceptible de infectar, en este caso el humano, es vital, ya que según los expertos, las diferencias entre el prión del vacuno y el humano evitarían el contagio, lo que se denomina “la barrera de la especie”: cuanto más se asemejan los priones anómalos del animal infectado a los priones normales del organismo que se va a infectar, mayores posibilidades hay de contagio y consecuentemente, mientras menos se asemejen, menores posibilidades de contagio existirán. Así pues, las diferencias priónicas son indicativas de una mayor o menor probabilidad de contagio.

Estas diferencias se encuentran registradas en los llamados “codones” que configuran la estructura de los priones, (un total de 248), y que lógicamente son mucho mayores en los casos de priones de distintas especies: en el caso del prión de la oveja y de la vaca la diferencia afecta a 7 codones, entre la vaca y el hombre la diferencia afecta a 30 codones y en el caso del ratón y el hamster a 16 codones.

Una enfermedad “huérfana”

La investigación científica está todavía en los albores de muchas cuestiones que atañen a esta enfermedad, como sus mecanismos de contagio, diagnóstico y tratamiento. Al no ser una enfermedad lo suficientemente extendida, hasta el día de hoy no se han destinado grandes presupuestos para su investigación, ya que sus posibilidades de curación no constituyen una expectativa de negocio debido a la falta de mercado.

Sin embargo, las últimas investigaciones científicas han puesto de manifiesto una novedad: por primera vez se apunta a una proteína, carente de material genético, como agente infeccioso, propiedad que únicamente poseían los virus y las bacterias. Este descubrimiento abre el camino hacia nuevas investigaciones en la enfermedad del Alzheimer, al contemplar por primera vez a una proteína como posible causante de la enfermedad.

Comer o no comer

Según nos explica Juan José Badiola, el 95% de la capacidad infectiva del animal se encuentra en el sistema nervioso, la médula espinal y el ojo. El 5% restante se encuentra en las amígdalas, el ilion y otros residuos. Por lo tanto, en la masa muscular no se ha detectado capacidad infectiva, por lo que no hay motivo para no consumir filetes.

“Aunque no hay razones que justifiquen el rechazo a la carne de vacuno y los controles que se están realizando vayan por buen camino, una medida de protección para el consumidor puede consistir en comer carne lo más joven posible, rechazando aquellas partes que se encuentren más pegadas al hueso”, afirma Badiola.

En cuanto a otros sectores afectados como la leche y sus derivados, en opinión de Badiola no hay por qué rechazarla, ya que no es infectiva, aun proviniendo de un animal infectado.

¡EXIGE!

Cuando vayas a la carnicería

has de saber que cualquier filete debe estar provisto de una etiqueta con el número de identificación del animal, un código del lugar donde ha sido sacrificado y otro que corresponda al sitio donde ha sido despiezado. Aunque estas medidas no nos permiten saber nada de su origen, ya que la vaca en cuestión puede haber sido importada desde Francia y sacrificada en España, ya para enero de 2002 está previsto que el etiquetado incluya tanto el origen de la vaca como su lugar de engorde y los motivos de su traslado. Pero para entonces habrá que esperar.

En lo que se refiere al mejor o peor aspecto de la carne, nada tiene que ver con que pueda estar infectada o no.

Medidas emprendidas por el gobierno español

  • En 1994, además de diversos embargos a reses y carne británica y portuguesa, España prohibió usar harinas fabricadas con desechos de rumiantes destinadas a piensos de alimentación animal.
  • En 1996 se promulgó la obligación de destruir el cerebro y médula de los animales de riesgo. Este mismo año se pone en marcha el Plan Nacional de Vigilancia y Control de Encefalopatías Espongiformes Transmitidas por Animales puesto en marcha por el Ministerio de Agricultura y que cuenta con Juan José Badiola como asesor científico.
  • En octubre de 2000, Sanidad y Consumo declaró obligatoria la eliminación, en todo cadáver de res, del denominado material específico de riesgo (MER), es decir, principalmente cerebro y médula espinal.
  • En noviembre de 2000 se decreta el cierre de fronteras al ganado vacuno irlandés y francés, por encima de intereses comerciales. Este cierre se mantendrá hasta que pase el riesgo en esos países. El Ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, anuncia que los tests de las vacas locas a realizar en los mataderos y cuya obligatoriedad está prevista para el 2001, van a multiplicarse por seis. Estos tests se realizarán una vez separados el cerebro, la médula espinal y todo el material de riesgo del animal.


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