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Varicela. la importancia que se merece.

Varicela. la importancia que se merece.

Aunque se trate de una
enfermedad generalmente benigna, la varicela puede acarrear complicaciones más
serias, de ahí que los pediatras insistan en la necesidad de incluir esta
vacuna en el calendario oficial

Fiebre, dolor de cabeza y
de estómago o pérdida del apetito son algunos de los síntomas que presentan los
niños con varicela durante unos dos días antes de la aparición del brote.

Una erupción infantil

Causada por el virus de la varicela-zóster, es una de las enfermedades
virales más comunes de la infancia y que, en niños sanos, no tiene por qué
representar una amenaza seria para su salud. Suele aparecer entre 10 y 20 días
después de que se haya producido el contagio y su signo más visible es una
erupción que se desarrolla en la cabeza y el cuerpo, y que paulatinamente se
extiende a la cara, brazos y piernas. En ocasiones, también pueden llegar a
aparecer llagas en la boca, los párpados, el recto, la vagina y las vías
respiratorias. El cuerpo se llena de manchas rojizas que se convierten en
ampollas hasta que, finalmente, se forman las costras y desaparecen. Estas
lesiones dérmicas producen un gran picor y, en ocasiones, pueden dejar una
marca permanente en la piel.

Los niños sanos pueden presentar hasta 500 lesiones
dérmicas, mientras que en los pequeños que sufren eczemas o tienen una
quemadura solar, el número de ampollas puede triplicarse.

Altamente contagiosa

El virus de la varicela-zóster suele actuar en forma de
epidemia cada 3 ó 4 años, y aproximadamente en los meses de enero a junio. La
incidencia de esta enfermedad puede ser tan alta que, según señalan diversos
estudios, la probabilidad de transmisión entre niños que asisten al mismo
colegio o entre miembros de una misma familia, puede ser superar el 90%.

  1. Se
    trata de una enfermedad muy frecuente en los diez
    primeros años
    de vida, mientras que en los mayores de quince
    años la probabilidad de sufrir esta enfermedad es mucho menor.
  2. Puede
    transmitirse directamente a través del aire por las
    secreciones salivares de una persona infectada, o bien a
    través del líquido de las vesículas o heridas
    , que contiene una
    alta carga viral.
  3. Después
    de una quincena de días de incubación silenciosa, la enfermedad comienza
    con fiebre discreta y una erupción altamente pruriginosa al
    nivel del cuero cabelludo para después descender al cuello, tronco y
    extremidades. Las máculas se transforman en vesículas llenas de líquido y
    posteriormente en costras que desaparecen al cabo de 8-10 días. El
    contagio puede producirse en los días previos a la aparición de las
    erupciones y hasta unos cinco días después de su aparición.
  4. Una
    vez que se ha producido el contagio, la persona queda inmunizada, de
    manera que nunca más volverá a sufrirla en el transcurso de su vida. Aunque
    eso sí, el virus puede permanecer oculto en el organismo y mostrarse años
    más tarde en forma de ?herpes zóster? o ?zona?, una
    erupción vesicular dolorosa que se suele producir en adultos.

El tratamiento más eficaz

El picor es, sin duda, el síntoma más molesto de la enfermedad
y el más difícil de controlar en los niños, ya que es muy complicado evitar que
se rasquen las ampollas. Esto puede hacer que las cicatrices se infecten y
terminen por convertirse en pequeñas heridas, que posiblemente dejen marcas
para toda la vida. Para prevenirlo, es conveniente que las uñas estén lo más
cortas posibles y observar unas condiciones de higiene excelentes, ya que
gestos tan sencillos como lavarse las manos a menudo contribuyen en gran medida
a evitar las infecciones. El farmacéutico te puede recomendar productos para
intentar calmar el picor: baños de avena, jabones grasos de efecto calmante,
desinfectantes locales para impedir sobreinfecciones y antihistamínicos para
luchar contra el picor.

En cualquier caso, es conveniente acudir rápidamente al
pediatra en el momento en que comienza la erupción. La varicela requiere de una
terapia
antiviral y sintomática.
Esta última se suele realizar con
analgésicos, antihistamínicos y cremas o lociones que calman el picor. En el
caso de que se produzca una infección bacteriana, se deben administrar
antibióticos e incluso medicamentos antivirales cuando se presentan
complicaciones serias. Luis Sierrasesúmaga distingue entre dos momentos a la
hora de administrar los medicamentos. El primero de ellos se establece cuando
el número de lesiones dérmicas no supera las 100, por lo que el tratamiento a
seguir es puramente conservador. Cuando esta cifra se sitúa entre 100 y 500 y
la dolencia cursa con fiebre, se administran medicamentos vía oral. La
hospitalización se plantea únicamente cuando la varicela es más severa y se
presentan otro tipo de complicaciones. Según explica este doctor, se producen
unos 1.500 ingresos hospitalarios al año por varicela.

Cuando la enfermedad se complica

Normalmente, los niños con una buena salud suelen
recuperarse sin problemas de la varicela. Sin embargo, en ocasiones esta
dolencia puede desencadenar una serie de complicaciones severas:

  1. Infección
    bacteriana
    de las lesiones en el caso de rascado.
  2. Una
    varicela que se complica puede provocar hepatitis,
    causada por el propio virus de la varicela-zóster, o neumonía. La encefalitis
    puede ser una de las consecuencias más graves de la enfermedad. Se trata
    de una infección viral del cerebro que puede manifestarse hacia el final
    de la enfermedad o incluso una o dos semanas después. 
  3. Menos
    frecuente es el síndrome de Reye, que afecta
    a los menores de 18 años y que se hace patente entre tres y ocho días a
    partir del inicio de la varicela. Está relacionado con el ácido
    acetilsalicílico, por lo que no es recomendable administrar esta sustancia
    durante el transcurso de la enfermedad.
  4. Los
    niños son los que mejor sobrellevan esta dolencia y los que menos
    complicaciones presentan, a excepción de aquellos que tienen un sistema
    inmunológico débil
    .

Atención especial durante el embarazo

Se estima que la mayor parte de la población adulta está
inmunizada contra este virus, por lo que las probabilidades de que una mujer
embarazada sufra la varicela son muy remotas. Aún así, cuando se contrae la
enfermedad durante la gestación, hay que tener muy en cuenta no sólo la salud
de la madre, sino también la del feto, que puede verse comprometida en distinto
grado según el momento de la gestación en que se encuentre.

Uno de estos riesgos es el
síndrome de varicela congénita, que sólo afecta al 2 por ciento de los niños
cuyas madres contrajeron la enfermedad durante las primeras 20 semanas del
embarazo. Es muy raro que se produzca si la madre contrajo esta dolencia en
meses posteriores. Las repercusiones que puede acarrear al feto van desde defectos
de nacimiento, entre los que destacan las cicatrices, defectos en los músculos
y los huesos, malformación y parálisis en las extremidades, cabeza más pequeña
que lo normal, ceguera, ataques apopléticos y hasta retraso mental.

En los recién nacidos

Otro riesgo es que el
neonato contraiga una infección grave de varicela, lo que puede ocurrir si la
madre desarrolla la erupción entre 5 días antes y 2 días después del parto. En
este caso, entre un 25 y un 50 por ciento de los bebés sufre la infección y
desarrolla la erupción entre 5 y 10 días después de su nacimiento. Sin
tratamiento, hasta el 30 por ciento de los bebés infectados muere.

Es poco probable el contagio en niños menores de un año
cuyas madres hayan tenido la varicela. Pero incluso en el caso de haberse
producido la infección, normalmente la enfermedad se desarrolla de una forma
muy leve, ya que los bebés conservan inmunidad parcial por la sangre de su
madre.

Los beneficios de la vacuna

La mejor forma de prevenir la
enfermedad es mediante la administración de la vacuna contra la varicela. En
España la administración oficial se reserva a los niños con sistemas
inmunológicos disminuidos (con cáncer, enfermedades de la sangre?), aunque la
Asociación Española de Pediatría aboga por extenderla al conjunto de niños
sanos. El doctor Sierrasesúmaga, director del Departamento de Pediatría de la
Clínica Universitaria de Navarra, advierte que ?la historia natural de la
enfermedad no ha cambiado, porque aún no se ha introducido una vacuna general?,
de manera que la varicela afecta al 90 % de la población antes de los diez años
y alrededor del 8 % la sufre en la edad adulta. Únicamente el 1 ó el 2 % de las
personas no llegan a verse afectados por este virus en ningún momento de su
vida. No obstante, la vacuna se puede administrar de manera privada en
cualquier niño. Esta vacuna está dirigida, principalmente, a niños sanos de
entre 12 y 18 meses de edad, aunque los mayores de 13 años también pueden ser
inmunizados con dos dosis. Además, sus efectos secundarios son muy leves y
suelen manifestarse en forma de enrojecimiento, dolor e inflamación en el área
donde se ha aplicado, al tiempo que puede ocasionar fiebre, náuseas, sensación
de mareo y cansancio.

La vacuna evita la
aparición de la enfermedad en un porcentaje de entre el 70 % y el 90 % en las
personas que la reciben. Aún así, la varicela puede presentarse bajo formas muy
leves, llegando a prevenir hasta en un 95% de los casos las complicaciones que
pudieran derivarse de ella.

Otro motivo que hace
necesaria la vacuna es la posible aparición del ?Herpes Zóster?, que no es otra
cosa que una reaparición del virus de la varicela. Cuando un individuo ha
sufrido varicela, el virus permanece para siempre en sus terminaciones
nerviosas, con lo que puede volver a aparecer años más tarde. Este tipo de
herpes suele afectar a personas mayores de cincuenta años, y causa una intensa
sensación de dolor en zona de la piel donde se encuentran los nervios
afectados.

Cuándo posponer la vacuna

En algunas ocasiones, el pediatra puede considerar oportuno
retrasar la administración de la vacuna de la varicela o bien descartarla por
completo:

v      Si
al recibir una dosis anterior, el niño ha tenido una reacción alérgica que haya
puesto en peligro su vida.

v      En
el caso de que se haya recibido una transfusión sanguínea es necesario esperar unos
meses para administrar la vacuna.

v      En
caso de que el niño sufra alguna enfermedad, es necesario esperar hasta su
recuperación.

v      Se
debe realizar una evaluación médica antes de administrar la vacuna a niños con
sistema inmunológico deprimido, a causa de enfermedades como el cáncer o
infección por VIH, o en aquellos que siguan algún tratamiento con esteroides.

La triple vírica

Si la varicela
es una de las enfermedades que más afecta a la población infantil, tampoco hay
que olvidarse del sarampión. En la última mejora realizada en el
calendario oficial de vacunaciones se ha previsto adelantar la segunda dosis de
la vacuna frente al sarampión, la rubeola y la parotiditis (Triple Vírica).
Así, ahora se administrará a los niños de tres años, en lugar de a los seis
años, tal y como se venía haciendo. Antes del año 1999, la segunda vacunación
se administraba a los once años y ya entonces España contaba con una cobertura
vacunal superior al 90 por ciento. Por esto, adelantar la segunda dosis tuvo
como objetivo fundamental controlar las pequeñas epidemias que surgen entre
niños en edad escolar, y que generalmente se producen porque la primera dosis
no ha funcionado.

 



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