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Vivir en zonas urbanas empeora el estado de salud

Vivir en zonas urbanas empeora el estado de salud

Las personas que residen en zonas urbanas tienen peor estado de salud, lo que afecta a su calidad de vida. Es una de las conclusiones que se extraen del curso de Investigación en Salud Urbana (Urban Health Research), impartido en el Lazareto de Mahón con motivo de la XXVIII edición de la Escuela de Salud Pública de Menorca, y coorganizado con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Así, a pesar de que las ciudades tienen mejores recursos, también concentran mayores riesgos para la salud.

Los entornos urbanos ofrecen numerosas oportunidades, como la posibilidad de acceder a una mejor atención sanitaria. Sin embargo, está demostrado que el modo de vida que la sociedad mantiene en estas zonas influye directamente en la salud. Es el caso del acceso a la automatización y el transporte, la contaminación, el ruido, el tráfico, el estrés o los hábitos poco saludables, como la inactividad física, el consumo de alcohol y tabaco y la mala alimentación. “En las ciudades se nos ha olvidado cocinar y cocinamos cada vez menos y peor”, señala el doctor Manuel Franco, profesor adjunto de la Jonhs Hopkins Bloomberg School of Public Health y uno de los investigadores que imparten el curso. Esto es así porque existe un “elevado consumo de productos ultraprocesados frente al empleo de alimentos más naturales en zonas rurales”, señala.

De hecho, estos malos hábitos han provocado, con el paso del tiempo, un aumento de las enfermedades crónicas, como la diabetes, el cáncer o las cardiopatías, que continúan siendo el principal problema de salud internacional. Así se recoge en los diferentes informes de la Organización Mundial de la Salud sobre enfermedades crónicas no transmisibles y en el Informe de Carga Global de Enfermedad 2016 publicado este mes en la revista The Lancet. Este estudio indica que el número de muertes por enfermedades crónicas continúa aumentando, aunque ya ocurren en poblaciones de más edad.

Hoy en día, las ciudades ofrecen diversas oportunidades para prevenir estas enfermedades crónicas, sobre todo, con cambios estructurales que afectan a los malos hábitos de vida de la sociedad, es decir, los cuatro factores de riesgo más importantes: la alimentación, el tabaco, el alcohol y la actividad física. A nivel global, la supervivencia a estas dolencias aumenta, por lo que la prevención primaria y secundaria es todavía más relevante.

Esto, junto con las desigualdades que se producen en el ámbito de la salud, muy patentes en las ciudades como reflejo de las diferencias sociales y la segregación económica y social que existe, hacen que el estudio de la salud urbana sea cada día de mayor interés en el ámbito de la salud pública internacional. Y más aún cuando las proyecciones demográficas mundiales muestran que, en el año 2050, más de dos tercios de la población mundial vivirá en núcleos urbanos. En el caso de Baleares, el incremento del número de sus habitantes no será tan llamativo como en las grandes urbes como Madrid o Barcelona, pero será igualmente importante en proporción. Por ejemplo, la ciudad de Palma pasará de tener 428.859 habitantes en 2015 a los 496.963 en el año 2030.



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