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Vuelta al cole. el reencuentro con las obligacione...

Vuelta al cole. el reencuentro con las obligaciones.

Cuando acaba la jornada escolar, muchos padres e hijos se someten a
diario a un ?forcejeo? con nombre propio: los deberes. Establecer criterios
fijos al respecto y proporcionar a los niños y jóvenes la ayuda más adecuada
según su edad y curso, son las claves para que la tarea escolar deje de ser un
quebradero de cabeza familiar.

En no pocos hogares, la palabra deberes produce escalofríos… y no
precisamente a los más pequeños. Y es que la tarea escolar que los niños deben
realizar en casa se convierte a menudo en una batalla campal que obliga a los
padres a adoptar el rol de ?perseguidores? y a sus hijos el de hipotéticas
?víctimas? que tratan a toda costa de librarse de ella. ?Para evitar esta
situación, los padres deben esforzarse en crear un hábito en sus hijos, de
forma que este tema deje de convertirse en una fuente constante de conflictos y
pase a ser una rutina diaria que no plantee el menor inconveniente?, explica la
psicóloga María Jesús Álava Reyes, especialista en temas de educación infantil.
¿Cuál es la fórmula para conseguirlo? ?Muy sencillo: explicándoles que, al
igual que ellos, como adultos, tienen una serie de responsabilidades, los niños
también han de hacer frente a sus obligaciones. En este sentido, es muy
importante dejarles claro que los padres no tienen ningún interés en que él se
pase toda la tarde haciendo deberes, sino que se trata de una responsabilidad
que deben desempeñar de acuerdo a su edad y de la que le van a pedir cuentas en
el colegio?, señala la experta.

Un tema ?no negociable?

?En la educación de los hijos hay cosas que no se negocian, y los
deberes han de ser una de ellas. Y es muy importante que el niño lo sepa,
proporcionándole, eso sí, las condiciones para que los realice en las mejores
condiciones y cuanto antes, de forma que tenga también tiempo para el ocio. Si
el niño ve que los padres tienen muy claro que lo primero son los deberes y que
es algo que no se negocia, ya que se trata de una actividad que debe asumir
como una responsabilidad propia, les será más fácil dejar de hacerse el remolón
y empezará a considerarlos como una parte de su rutina que debe cumplir?,
afirma María Jesús Álava.

Para hacérselo más fácil…

FIJA:

UN HORARIO

Tal y como explica la psicóloga, ?es muy importante establecer unos
horarios fijos. Lo mejor es estudiar todos los días a la misma hora. No
conviene que sea inmediatamente al llegar 
a casa, sino que hay que dejar un intervalo de 30-45 minutos para
descansar y merendar?.

UN LUGAR DE ESTUDIO

Es importante que tenga un lugar de estudio fijo donde realizar las
tareas, y que éste sea tranquilo (alejado de la TV y ruidos molestos), con la
iluminación adecuada y un mobiliario cómodo. El hecho de que sus padres le
procuren un lugar específico hace que el niño reciba el mensaje subliminal de
que los deberes son algo valioso e importante.

UN TIEMPO DE ESTUDIO

Tanto al empezar como al terminar de estudiar debe transcurrir siempre
el mismo tiempo, determinando un periodo mínimo de acuerdo a su edad: ni menos
ni más. ?El acuerdo que hay que establecer con él es el siguiente: cuando haya
realmente terminado los deberes y éstos estén perfectamente hechos, podrá
dedicarse a otras actividades que le gusten; jugar, ver la TV… Ha de tener
muy claro que lo primero son los deberes y después el resto de actividades, y
no al revés?, señala María Jesús Álava.

RESPETA SU FORMA DE ESTUDIAR

O lo que es lo mismo, respeta su ?estilo de estudio?. Algunos niños
prefieren acabar cuanto antes con los deberes y descansar después; muchos no
pueden estudiar sin hacer subrayados con rotuladores, mientras que hay otros
que sólo son capaces de memorizar paseando. Mientras los resultados sean buenos
y no supongan un sobreesfuerzo para él, se debe respetar cada modalidad.

Cómo supervisar según su edad

Si está en Primaria…

Mantente al tanto de sus asignaturas. Si ves que el niño te hace
demasiadas preguntas o éstas son muy repetitivas, pídele sus libros y cuadernos
y echa un vistazo a lo que ha hecho en clase, para ver cómo lleva las
asignaturas.

-Anímale. En los niños de esta edad es muy importante alabarles cuando hacen las
cosas bien y enseñarles a esforzarse. Y también hay que corregirles cuando lo
hacen mal, pero dejándoles muy claro que esta corrección se refiere a los
deberes o a sus hábitos de estudio, no a su persona. No hay que mezclar los
deberes con otros aspectos de su personalidad.

-Controla los tiempos. Si tarda una hora en hacer unos deberes que sólo le
deben llevar 10 minutos, tal vez debas pedir una cita con su profesor, para
comentar con él la situación.

Si está en Secundaria…

-Ayúdale a organizarse. En la ESO los deberes pueden ocuparle una media de
tres horas diarias, por eso es importante que le enseñes cómo hacer un planning
en el que incluya todo lo que tiene que hacer y calcular el tiempo aproximado
que deberá invertir en cada asignatura.

Enséñale a establecer prioridades. Uno de los cambios más
significativos de esta nueva etapa escolar es que se abandona la figura del
profesor único y lo habitual es que tenga un buen número de profesores
distintos, cada uno de los cuales manda sus deberes. De ahí la importancia de
que aprenda a priorizar. Los expertos recomiendan la siguiente regla básica:
hay que empezar siempre por las materias más fáciles; después, hacer un
descanso que no supere los 5 minutos; continuar con la materia más difícil y
después con los ejercicios más fáciles, el repaso y la memorización.

Implícate, pero de otra manera. Aunque ahora tenga más
autonomía, es importante que no te desvincules por completo de sus deberes,
pero hazlo de otra forma. No se trata de que se los corrijas ni de que le
?fiscalices? todos los días, sino de infundirle ánimos y de ayudarle a ser
constante.

Actividades Extraescolares:

cuándo, cómo y para quién

Según las estadísticas, aproximadamente el 70 por ciento de los niños y
adolescentes escolarizados participan en, al menos, una actividad extraescolar,
una tendencia cada vez más al alza, debido principalmente a los horarios
laborales de los padres. Pero, en cualquier caso,  es muy importante acertar con la elección.
Tal y como señala María Jesús Álava, ?salvo que la decisión de apuntar al niño
a extraescolares se deba a un tema de ajuste de horarios por parte de los
padres o que éste deba practicar determinada actividad por alguna razón
concreta, es algo que se debe negociar, tanto en lo que se refiere a la
elección del tipo de actividad (artística, deportiva o de refuerzo) como a la
forma en la que se va a proseguir con la misma, pactando con él el compromiso
de seguir con la actividad durante al menos un trimestre, de forma que adquiera
la autodisciplina y la responsabilidad suficiente para no ceder a la tentación
de abandonar a la primera dificultad?.

En cuanto al tipo de actividad elegida, la clave es que ésta se ajuste a
la personalidad del niño. Se sabe que, por ejemplo, las que se realizan en
equipo resultan muy beneficiosas para los más introvertidos, favoreciendo su
sociabilidad, ?siempre y cuando ?matiza la experta- el niño destaque en ellas
o, al menos, tenga unas facultades previas positivas que le puedan dar cierta
seguridad. Si no es así, esta actividad puede resultar muy contraproducente,
haciendo que se vuelva más tímido e introvertido todavía?.

También hay que evitar que la decisión esté condicionada por los gustos
o los deseos insatisfechos de los padres. ?No tiene sentido empeñarse en que un
hijo dé clases de tenis o de ballet porque es lo que al padre o la madre les
gustaría haber hecho de pequeño, ya que puede que al niño no le guste, no se
divierta en absoluto y hasta termine aborreciendo esta actividad?, comenta la
psicóloga.

¿A qué le apunto?

?Por encima de todo, la actividad extraescolar debe suponer algo lúdico
y divertido para el niño, y no un castigo o una sobrecarga sobre sus
actividades diarias?, recuerda María Jesús Álava. Partiendo de esta premisa, es
importante conocer los beneficios concretos que aportan las principales
opciones que se ofertan actualmente en los colegios:

Artísticas: Potencian el gusto por la estética, la creatividad,
la reflexión y el afán de superación. Entre ellas destaca la pintura, que
desarrolla la destreza manual y visual; el teatro, que estimula la imaginación
y ayuda a desinhibirse a los niños más tímidos e introvertidos; la música, que
ayuda a desarrollar la memoria y la capacidad de concentración, al tiempo que
facilita el proceso de aprendizaje; y la danza, muy recomendable para mejorar
las capacidades motrices y de coordinación, potenciar la mente y estimular la
sociabilidad.

Deportivas: Además de favorecer el correcto desarrollo físico,
les enseña a asumir responsabilidades y a respetar unas normas establecidas.
Las más habituales son la natación, una de las actividades más completas; el
fútbol, que fomenta el trabajo en equipo; el baloncesto, que ayuda a controlar
las acciones individuales para adaptarlas al resto del grupo; las artes
marciales, que incentivan la concentración y refuerzan la seguridad en sí  mismo; y el patinaje, que mejora la coordinación,
el equilibrio y la actividad motriz. Hay que destacar el interés cada vez mayor
que despierta la práctica del ajedrez, una actividad con un amplio repertorio
de beneficios: permite el desarrollo de la memoria, el razonamiento lógico, la
intuición, la concentración y la imaginación, además de incrementar la
paciencia, desarrollar el sentido de la responsabilidad y enseñar a tomar
decisiones, asumiendo los aciertos y los errores.

Académicas: Permiten adquirir nuevos conocimientos o reforzar
los ya adquiridos. Fundamentalmente, se trata de los idiomas, que favorecen el
desarrollo neuronal, y la informática, imprescindible en un momento en el que
la tecnología está cada vez más presente en los temarios escolares.



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