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40&MÁS Cuidados en la mediana edad

40&MÁS Cuidados en la mediana edad

40&MÁS Cuidados en la mediana edad

Una rutina cosmética adecuada, protección solar y una alimentación saludable. Son tres “lemas” o “mantras” que toda mujer debería repetirse a diario una vez ha cumplido los 40. La combinación de todos ellos constituye la mejor estrategia antiaging.

Según los datos del Primer Observatorio de Nuevas Tendencias Antiedad realizado por Roc en colaboración con Ipsos, el 78% de las mujeres se sienten más jóvenes de lo que realmente son y les gustaría que su apariencia exterior reflejase cómo se sienten en su interior. Sin embargo, la Naturaleza marca sus ritmos y, aunque sus efectos no sean aún visibles, en cuanto se enfila la cuarta década de la vida, se pone en marcha un proceso de cambio, ralentización y, en algunos casos, declive, que
afecta al organismo en general y a la piel en
particular.

Las claves del deterioro
En efecto, a medida que pasan los años, el tejido facial se transforma, “desintegrándose” o perdiéndose muchos de sus componentes principales, que son los responsables de la firmeza y la elasticidad.

1. Uno de ellos es el colágeno, cuya producción se reduce drásticamente a partir de esta edad. “Es una proteína clave que estructura la piel y la mantiene firme y luminosa. Esta pérdida se inicia alrededor de los 25 años, y es a partir de los 40 cuando se intensifica e influye directamente en el envejecimiento cutáneo. El desgaste de colágeno deriva en arrugas, flacidez y otros signos de envejecimiento”, explica el doctor Carlos San Martín, responsable del Área de Medicina Estética Facial del Instituto Médico-Estético Balear (Imeba).

2. Al desgaste de esta proteína hay que unir la pérdida de musculatura y grasa, responsable de la aparición de las primeras arrugas, especialmente en el tercio superior del rostro y alrededor de la boca. La disminución de grasa es también, junto a la pérdida de colágeno, la responsable de la mayor dilatación de los poros y del desdibujamiento del óvalo facial.

3. También hay que tener en cuenta los cambios que experimentan los huesos faciales con el paso del tiempo y que son especialmente evidentes en la zona ocular: el hueco de la órbita va creciendo, lo que conlleva un hundimiento del ojo y favorece la aparición de bolsas y ojeras.

Rutina cosmética: menos es más

  • Limpieza. “Eliminar el maquillaje (que tapa y ocluye los poros) y la limpieza posterior es un ritual cotidiano esencial para mantener la piel saludable y dar sentido al tratamiento posterior, con los respectivos principios activos. Incluso sin maquillaje, la piel se llena todos los días canteriade impurezas y contaminantes”, explica Inmaculada Canterla, experta en Farmacia y Dermocosmética y directora de Cosmeceutical Center, quien recuerda la importancia de elegir un producto limpiador con la textura adecuada a la piel (gel, crema, mousse) y de retirarlo con una gamuza o toalla de algodón (limpia) que arrastre el sebo, la polución, etc.
    “También es importante exfoliar la piel 2-3 veces a la semana, utilizando un producto adecuado según las necesidades de cada dermis. Otra opción es utilizar a diario limpiadores o serums específicos que incluyan moléculas con capacidad exfoliante”, afirma.
  • Hidratación. La deshidratación se convierte en el principal enemigo a batir para muchos cutis (incluso los que hasta ahora eran grasos o mixtos). “Es importante que las fórmulas hidratantes contengan ácido hialurónico y vitamina B5 (pantoténico) entre sus componentes, para proporcionar una profunda hidratación y protección antioxidante. Las pieles más secas preferirán hidratantes con texturas más oleosas o lipídicas, mientras que las grasas deben usar texturas acuosas”, comenta la experta. También es importante ponerse en manos de un especialista (dermatólogo, médico estético) que analice las condiciones en las que se encuentra cada piel en concreto y determine qué ingredientes son más necesarios.
    “La vitamina C es uno de los principios activos que no deben faltar en ningún buen régimen antiaging por lo eficaz de sus funciones: poder antioxidante, inhibidor de la melanina, antiinflamatoria y estimulante de la producción de colágeno, etc”
  • Nutrición + reparación. Los productos nocturnos se convierten en indispensables a partir de este momento, ya que actúan en todos los frentes: nutren las capas más profundas de la piel; reparan los daños producidos por los radicales libres; reafirman la epidermis; mejoran la textura y el tono y rellenan las “reservas” cutáneas para hacer frente a los embates de la jornada. Hay que tener en cuenta que estas cremas son más ricas y densas que las de día, así que hay que tener cuidado con las cantidades ya que de lo contrario pueden añadir un exceso de grasa que no beneficia a la piel e incluso puede empeorar la apariencia de zonas como las bolsas (hinchándolas aún más). Lo recomendable es que la cantidad aplicada sea equivalente a un grano de arroz para el contorno de ojos; a una avellana para el rostro y a un garbanzo para todo el cuello.
    Los serums son una excelente opción para la reparación nocturna, ya que suponen una auténtica inyección de concentrados activos antiedad y reparadores, que penetran hasta las capas más profundas de la piel. Tanto las cremas como los serums deben aplicarse siempre sobre la piel perfectamente limpia y desmaquillada.

Sol: enemigo número 1
“El 90% de los signos visibles de envejecimiento cutáneo los causa la exposición al sol, por ello el mejor cosmético es siempre el uso de protección adecuada acompañada de unos buenos hábitos frente al sol”, comenta Inmaculada Canterla. La mejor protección es la que ofrecen los filtros solares fotoestables y optimizados, “es decir, de doble protección UVB y UVA, sin parabenos ni filtros químicos y, por tanto, con un 100% de tolerancia”, añade. Aunque usar hidratantes con SPF15 es una buena práctica, no hay que olvidar que el principal cometido de estos cosméticos no es proteger del sol. “Y conviene recordar que bajo cualquier tipo de situación meteorológica, la radiación de rayos UVA es unas 17 veces mayor que la de los UVB, incluso si llueve, nieva o está nublado. Además, y según los resultados de una investigación realizada recientemente en la Universidad de Yale (EEUU), la radiación solar sigue actuando en la piel después de que dejamos de estar expuestos a ella. La razón está en que las lesiones en el ADN producidas por la radiación (y que se relacionan con el cáncer) pueden aparecer en las células productoras de melanina incluso más de 3 horas después de la exposición. Por el contrario, las células sin melanina generan el daño en el ADN únicamente durante la exposición UV.

Estos resultados refuerzan más si cabe la necesidad de una protección solar adecuada y son una razón de peso para intensificar los cuidados de nutrición y reparación nocturna en las épocas en las que la exposición al sol es mayor (verano, principalmente).

Menú antiedad: en clave antioxidante y antiinflamatoria
La producción de antioxidantes, moléculas capaces de retardar o prevenir la oxidación de otras moléculas (causa principal del envejecimiento) comienza a disminuir a partir de los 21 años, debido fundamentalmente a la exposición a los rayos UV. “Esta radiación afecta de tal manera que una mujer de 40 años, tras 30 minutos de exposición solar, ve reducida su concentración de vitamina A, C y E en un 90%, de ahí que junto a una correcta protección solar, una buena alimentación, rica en antioxidantes, sea clave”, explica Inmaculada Canterla.

Los antioxidantes, tanto tópicos como incluidos en la dieta, suponen por tanto un excelente escudo frente al envejecimiento. “Algunos alimentos como el aguacate, los frutos rojos, el té verde, el chocolate negro, el brécol y el pescado azul aportan a la piel sustancias de reconocido poder antioxidante como la vitamina E, la vitamina C y la vitamina A”, dice la experta.

Por otro lado, y tal como quedó patente en el último Congreso de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL), celebrado en octubre de 2014, una dieta que reduzca la inflamación se perfila como una potente arma frente al proceso de envejecimiento. “El envejecimiento viene dado por una inflamación silenciosa, a nivel interno, producida por los altibajos de azúcar en sangre que causan una reacción llamada glicación, en la que las moléculas de azúcar en exceso se adhieren a las proteínas (como el colágeno y la elastina, fundamentales para el grosor y elasticidad de la piel), y las entrecruzan y endurecen, generando el consecuente envejecimiento cutáneo”, señala la experta. El objetivo de una nutrición antiinflamatoria es evitar esa inflamación a través de la alimentación, equilibrando la glucosa en el organismo mediante el control de la ingesta de carbohidratos con alto valor glucémico, como la pasta. “Estos carbohidratos se convierten rápidamente en azúcar, lo que los convierte en potentes agentes inflamatorios que a su vez crean radicales libres que atacan las capas lipídicas de las células, lo que desencadena inflamación, deterioro y envejecimiento cutáneo”, señala Inmaculada Canterla.

Cuello: zona de alto riesgo
A menudo “abandonada” de los cuidados cosméticos diarios, la piel del cuello (y también la del escote) es la principal delatora de la edad.

  1. “El proceso de envejecimiento sigue los mismos procesos de la piel de cualquier área. Sin embargo, tiene una peculiaridad: la aparición de unas “cuerdas” (bandeletas) consecuencia del envejecimiento de un fino músculo (plástima) que se encuentra debajo y en íntimo contacto con la piel en sus caras anterior y laterales, y que es más visible en los rodriguezmovimientos activos de contracción”, explica el doctor Manuel Ángel Rodríguez Prieto, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital de León y miembro de la AEDV.
  2. A ello hay que unir que la piel de esta zona es muy fina y delicada, tiene menos glándulas sebáceas, poco tejido adiposo y menor densidad de las fibras conjuntivas, además de carecer de soporte óseo. Todo ello favorece la formación de lo que se conoce como el “collar de Venus”, esto es, arrugas horizontales concéntricas que rodean el cuello.
  3. Pero además, en los últimos tiempos, otro enemigo viene a añadir problemas a la piel de esta zona: el uso continuo de los smartphones (según una encuesta de Intel, el 40% de los usuarios permanece las 24 horas del día conectado a sus dispositivos), que hace cada vez haya más personas que luzcan lo que el doctor José Vicente Lajo Plaza, director del Centro Médico Lajo Plaza, denomina “Cuello Phone”. “El movimiento constante de bajar el cuello hacia delante para mirar la pantalla provoca la distensión en los tejidos, descolgamiento y una menor resistencia a la gravedad. Esto ha hecho que personas muy jóvenes comiencen a manifestar síntomas como flacidez en cuello y barbilla, así como arrugas prematuras, problemas que son más comunes en pacientes de avanzada edad”.

Soluciones: La “pega” que tienen las arrugas en esta zona es que tratamientos como los rellenos no sirven. “La única solución es nutrir esas arrugas en profundidad con ácido hialurónico y vitaminas. Así conseguimos que aumente el sostén de la piel”, afirma el doctor Lajo. Aunque minimizar las arrugas una vez que han aparecido es difícil, sí se puede rejuvenecer el aspecto de su piel a nivel superficial, siendo el peeling el tratamiento más recomendado. “También funciona muy bien el láser de CO2 fraccionado. Es una técnica poco agresiva, con la que se consigue eliminar las manchas y arrugas y producir un tensado de toda la piel. El efecto es visible en los primeros días, pero resulta más evidente meses después, gracias a la síntesis de nuevo colágeno”, señala el doctor Manuel Ángel Rodríguez Prieto, quien hace hincapié en la importancia de los cuidados cosméticos en esta zona, sobre todo desde el punto de vista de la prevención: “Lo más recomendable es el uso frecuente del fotoprotector, para contrarrestar el efecto de la luz UV sobre el envejecimiento. Así mismo, conviene no utilizar productos perfumados para evitar la aparición de esas feas manchas que se localizan en las caras laterales del cuello. Por último, hay que elegir productos que tengan como principios activos retinoides y/o vitamina C pura, con propiedades rejuvenecedoras”.

Maquillaje: cambios necesarios
Ya hemos visto que, cumplidos los 40, la piel se vuelve más fina y el tono tiende a ser opaco y sin brillo. A esto se une que en los años previos a la menopausia, los niveles de estrógenos caen en picado, lo que se traduce en una epidermis cada vez más seca. Esto implica que tanto la base como el resto de los productos de maquillaje se tienen que adaptar a estas nuevas características:

Las formulaciones fluidas son la mejor opción para la base o fond de teint, ya que además de dar color, difuminar arrugas, redefinir contornos y reafirmar, este producto debe añadir ahora un plus de hidratación a la piel.
En cuanto al tono, lo mejor es decantarse por las gamas de amarillos y dorados ya que, por un lado, son colores cálidos que siempre dan a la piel un aspecto más juvenil que los pálidos o “nude” y, por otro, son los colores más adecuados para camuflar las venitas y capilares rotos, un problema también bastante frecuente a partir de esta edad.
Un rasgo a tener muy en cuenta son las cejas, ya que, con la edad, estás tienden a perder su forma y a estar menos pobladas. Para definirlas y devolverles algo de su “grosor juvenil”, utilizar un lápiz de cejas primero, rellenando las zonas en las que la pérdida de pelo es más visible, y cubrir después con polvos sueltos.
Dar protagonismo al colorete. El hecho de que la circulación sanguínea sea ahora menos activa (debido fundamentalmente a los cambios hormonales que muchas mujeres empiezan a padecer) hace que las mejillas dejen de ser naturalmente sonrosadas, así que hay que enfatizar esta zona del rostro añadiendo un toque de rubor con colores cálidos y brillantes como los tonos melocotón y los rosa, aplicados en la zona del pómulo y difuminándolo muy bien.
La conjunción del fotoenvejecimiento y la pérdida de colágeno se hace sentir especialmente en los labios, que pierden grosor y definición y, también, se resecan con más frecuencia. Definir el contorno con un perfilador (siempre del mismo tono del labio o de la barra) y aplicar un toque de brillo o gloss (sobre todo en el centro) para conseguir una sensación de más volumen son recursos muy efectivos.
Las máscaras de pestañas con ingredientes densificantes, que añaden volumen, funcionan muy bien, pero no son la mejor opción en unas pestañas finas y débiles, características de esta edad, ya que le añaden peso y pueden dar un aspecto apelmazado. Para sacar partido a este rasgo es fundamental el uso del rizador que, además de añadir volumen a las pestañas hacen que párpado “suba”, un efecto que resta años a la mirada. Después, aplicar una máscara con ingredientes nutritivos y efecto alargador.
En cuanto a las sombras, cuanto más discretas, mejor: tonos grises, marrones y beis. Las texturas brillantes y los colores atrevidos (como los ácidos, tan de moda) pueden aumentar la apariencia de bolsas, ojeras, patas de gallo y flacidez en los párpados.
Los polvos sueltos siguen siendo el mejor toque final al maquillaje, pero hay que optar por las formulaciones traslúcidas en vez de las ultramatificantes. Hay que aplicarlos en nariz, frente y barbilla, evitando las mejillas y el contorno de ojos, dos zonas en las que los polvos pueden quedar depositados en las arrugas, empeorando su aspecto.
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