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ALERGIA Y ASMA ¡Cómo hemos cambiado!

ALERGIA Y ASMA ¡Cómo hemos cambiado!

ALERGIA Y ASMA ¡Cómo hemos cambiado!

Según los expertos, desde la contaminación derivada de la combustión al carbón durante la Revolución Industrial, a la derivada de la combustión del petróleo de hoy en día, las partículas alérgenas han ido variando en paralelo. Esta “historia de los contaminantes” ha tenido su repercusión en la forma en que se ha manifestado la enfermedad alérgica a lo largo del tiempo.

Según la doctora Pilar Mur, jefa de Alergología del Hospital de Santa Bárbara de Puertollano, históricamente ha habido un cambio en la composición de los contaminantes ambientales: se ha pasado de la contaminación derivada de la combustión del carbón, motor de la Revolución Industrial, en la que predominaban el dióxido de azufre y las partículas de polvo pesadas, a otra derivada de la combustión del petróleo, que comprende dióxido de nitrógeno, ozono, componentes volátiles orgánicos y partículas. De estas, pilar mur destacan las de emisión diésel. Mientras que el primer tipo de contaminación se relaciona con problemas inflamatorios e irritativos, el segundo lo hace más con la patología alérgica.

Igualmente, el aumento de casos que se ha venido produciendo en los últimos 40 años, se debe a este cambio de sustancias alérgenas. “Hace décadas era una enfermedad poco frecuente. Ahora la alergia a pólenes puede afectar hasta al 40% de la población y curiosamente, pese a que hay más pólenes en el ámbito rural, los que se hacen alérgicos son los habitantes de las ciudades, donde se mezclan pólenes y contaminación”, comenta la doctora Mur. Actualmente, entre un 10% y un 25% de la población en los países industrializados padece rinitis alérgica, y el diagnóstico de asma se ha incrementado entre un 4% y un 10%.

Factores hereditarios y ambientales
Las enfermedades alérgicas son más frecuentes en determinadas familias, aunque es poco probable que los factores genéticos sean responsables de cambios tan notables en tan corto período de tiempo, pues se precisaría el paso de varias generaciones para constatarlo. “La herencia genética por sí misma no puede explicar el aumento tan importante que están experimentando las enfermedades alérgicas. Los cambios ambientales y los cambios en nuestro estilo de vida, principalmente en alimentación, se han asociado a dicho aumento. Las dietas modernas con mayor número de alimentos procesados, vegaricas en grasas y azúcares refinados, alteran nuestra flora intestinal y modifican nuestro sistema inmunitario”, explica la doctora Arantza Vega, jefa del Servicio de Alergología del Hospital de Guadalajara.

En palabras de la doctora Mur, “cobran más importancia factores como los cambios en el estilo de vida y la calidad ambiental (ausencia de infecciones en la infancia temprana, cambios dietéticos, mejoría de la higiene, estatus socioeconómico, reducción en el número familiar, migración a zonas urbanas, aumento del tráfico de vehículos, aumento de la polución ambiental…). Y aunque es bien aceptado que la contaminación ambiental es un claro exacerbante de los síntomas alérgicos, la hipótesis de que los productos resultantes de la combustión de petróleo, gas y vehículos diésel son un factor que incrementa la prevalencia de enfermedades alérgicas sigue siendo tema de debate”.

Mecanismo epigenético
No se sabe muy bien cómo las exposiciones ambientales pueden interaccionar con la predisposición genética, sin embargo recientemente se ha descrito un mecanismo denominado mecanismo epigenético. Tal y como explica la doctora Arantza Vega, “se podría definir la epigenética, al menos desde un punto de vista funcional, como los procesos que alteran la expresión de un gen sin modificar la secuencia del ADN. El ADN constituye una estructura compleja, con unas proteínas denominadas histonas que lo rodean. Según sea la disposición de las histonas, el gen puede o no expresarse. Es decir, puede ejercer o no la función que tiene encomendada. Existen otros mecanismos epigenéticos además de los ligados a las histonas, y que consisten en modificaciones químicas como la metilación del ADN entre otras. En definitiva, se cree que los distintos factores ambientales puedan actuar sobre los genes, “empaquetándolos” de forma inactiva, y haciendo que unos se expresen y otros se silencien”.

“Son pocos los estudios que han examinado la influencia de la epigenética en las enfermedades alérgicas. Se ha observado que algunos factores de la dieta, como la ingestión de ácido fólico, pueden modular la metilación, y algunas investigaciones han relacionado la ingestión de ácido fólico, especialmente durante el embarazo, con el desarrollo posterior de enfermedades alérgicas. El tabaco es otro factor que se ha relacionado con la modulación de la metilación. También algunos medicamentos pueden producir cambios epigenéticos”, apunta la doctora Vega.

Se ha visto que nuestros genes pueden ser influidos por factores ambientales, modificándolos y haciéndonos más susceptibles a las enfermedades alérgicas. Dichas modificaciones genéticas no solo afectan al que las sufre, sino que se trasmiten a la descendencia. La dieta, la exposición a alérgenos, la contaminación ambiental y la exposición al humo de tabaco son factores que se han relacionado directamente con modificaciones genéticas. “Por ejemplo, la exposición a humo de tabaco intraútero condiciona el aumento en la frecuencia de asma en los niños, y dicho aumento se transmitirá a su vez a sus descendientes”, destaca la experta.

Esfuerzo integral
Los expertos parecen estar de acuerdo en que, a medida que se perfilan nuevos factores favorecedores como algunos químicos, metales pesados, radiaciones o incluso el estrés infantil, va a ser más necesario un esfuerzo integral para abordar este problema. En la actualidad existen unos estándares de calidad del aire con unos valores de referencia para cada contaminante aéreo establecidos por la Agencia Europea de Medio Ambiente que revisa periódicamente sus umbrales.

En este sentido, la SEAIC considera que controlar la contaminación podría mejorar la calidad de vida de los pacientes asmáticos, disminuir las hospitalizaciones y el gasto farmacéutico e incrementar el rendimiento laboral y escolar. “Autoridades, profesionales de la salud, enfermos y población general deberían concienciarse para medidas de prevención y controles para la reducción de la emisión de contaminantes”, concluye la alergóloga.

¿Problemas al respirar?
Lo que debes hacer
Ante una reacción alérgica en la que la respiración se vea comprometida, Samur-Protección Civil indica que:

  • Retires a la víctima del foco causante de la reaccion alérgica.
  • Valores su nivel de consciencia. Si está consciente, colócala en posición semisentada hasta la llegada de los servicios de emergencias.
  • Compruebes la aparición de síntomas como palidez, sudoración o frialdad de la piel, dificultad respiratoria y para hablar, inflamación en partes blandas.
  • Preguntes a la víctima por posibles alergias conocidas y si lleva tratamiento alguno consigo.
  • Vigiles el estado general de la víctima y prestes especial atención a la vía aérea.
  • Si queda inconsciente, llames al 112. Si no respira o su respiración es ineficaz inicia las maniobras de reanimación cardiopulmonar. Si respira, colócalo en posición lateral de seguridad.
  • Expliques al personal del servicio médico lo sucedido.

Los niños, más sensibles
En España, según la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), uno de cada 10 menores sufre asma, problema que se acentúa con la exposición a la polución ambiental, la cual se agrava debido a determinadas condiciones atmosféricas como el frío, la falta de viento y la lluvia, que provocan el incremento, entre otros, de los niveles de dióxido de nitrógeno procedentes del tráfico rodado. “Los niños son más sensibles que los adultos a este tipo de agentes contenidos en las emisiones de vehículos y otros combustibles”, ha asegurado el coordinador del Grupo de Trabajo de Alergia javier torresRespiratoria de la SEICAP, el doctor Javier Torres. De hecho, un estudio español realizado en Barcelona, y publicado en la revista Environmental Monitoring and Assessment, demuestra que los niños que circulan por la calle en sillas de paseo están más expuestos a la contaminación del aire y son más vulnerables a los efectos sobre su salud, que los adultos que caminan. Por otro lado, estos agentes externos también pueden generar un estado de hiperactividad o hiperrespuesta bronquial en los niños con asma. “Esto implica el agravamiento de los síntomas como la tos, las sibilancias, la sensación de ahogo o de opresión en el pecho que pueden desencadenarse en una crisis fuerte de asma que requiere asistencia urgente e incluso hospitalización”, ha añadido el especialista. Así, los pediatras alergólogos han advertido de que los niveles altos de sustancias contaminantes pueden provocar un empeoramiento de la sintomatología de los niños con rinitis y asma e incluso pueden requerir su ingreso hospitalario porque se multiplica la irritación de las vías aéreas lo cual favorece la inflamación de las mismas, potencia ciertos alérgenos ambientales, estimula la reacción alérgica, y facilita la acumulación de mucosidad.

Así, los especialistas de SEICAP recomiendan evitar, en la medida de lo posible, permanecer durante mucho tiempo en las zonas más contaminadas, no practicar actividades al aire libre, utilizar transporte público, y aumentar la atención de los niños con asma. También nos recuerdan que los causantes más frecuentes del asma infantil son la alergia y las infecciones víricas, que a menudo pueden actuar como desencadenantes. A parte de éstos y de la ya mencionada contaminación, también pueden serlo el ejercicio, el aire frío, la exposición al humo de tabaco, el estrés, la risa, el llanto, los cambios climáticos, los olores fuertes, los humos o los ambientes cargados. Por otro lado, durante el invierno también es habitual que se generen crisis de asma debidas a los ácaros de polvo ya que en las casas se tiende a acumular más debido a las calefacciones. Por último, los pediatras insisten en que los niños con asma siempre lleven consigo los broncodilatadores pues el es tratamiento idóneo de rescate en el caso de sufrir un ataque de asma.





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