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ALIMENTACIÓN INFANTIL 1.000 días de mimos

ALIMENTACIÓN INFANTIL 1.000 días de mimos

ALIMENTACIÓN INFANTIL 1.000 días de mimos

Cuando nacen, los bebés se pasan el día comiendo y bebiendo. Luego van regulando sus horarios, hasta realizar las cinco comidas reglamentarias que rigen nuestro reloj nutricional. La alimentación durante los primeros 1000 días, según los expertos, es determinante para la salud adulta y para prevenir la obesidad.

Algunos estudios sitúan a España como líderes europeos en obesidad infantil. Así lo ha señalado el doctor Ignacio Díez, Responsable de la Unidad de Endocrino Infantil del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Araba-sede Txagorritxu de Vitoria-Gasteiz y Profesor asociado de Pediatría de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), quien explica que “la obesidad durante la infancia puede dejar secuelas difíciles de revertir y aumenta el riesgo de una variedad de situaciones adversas para la salud como la diabetes tipo 2, apnea obstructiva del sueño, hipertensión, dislipidemia, síndrome metabólico, problemas cardiovasculares e incluso cáncer, además de problemas para el desarrollo de relaciones sociales”. En este contexto, una nutrición adecuada desde la concepción y hasta los dos años de vida tiene un fuerte impacto en la salud futura del niño y en el desarrollo de obesidad.

La base: una buena salud pregestacional
Hay muchas maneras de prevenir la obesidad infantil, y la primera es una buena salud pregestacional. Según ha explicado la doctora Rosaura Leis, coordinadora de la Unidad de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, “alteraciones en la alimentación de la madre gestante y, por tanto, en la nutrición del feto, así como déficits y/o excesos nutricionales en los primeros años de vida van a dejar una huella metabólica, con efectos para la salud a corto, medio y largo plazo, que es lo que conocemos como programación nutricional precoz”. Según un estudio coordinado por Siân Robinson, del Medical Research Council Lifecourse Epidemology, de la Universidad de Southampton, rebela cinco factores que propician la obesidad infantil tras el parto:

  1. Una lactancia materna de duración menor a un mes,
  2. Obesidad en la gestación.
  3. Un aumento excesivo de peso en la gestación.
  4. El tabaquismo.
  5. Bajos niveles de vitamina D.

Deficiencias y aciertos
Según las conclusiones del Estudio Alsalma 2.0, realizado en cerca de 2.000 niños españoles de 0 a 3 años y en la que han participado 200 pediatras de todo el territorio nacional, ha rebelado que la dieta de los niños españoles está llena de deficiencias.

1. Según el Estudio Alsalma 2.0, el 95% de los niños españoles de entre 7 y 36 meses consumen diariamente más del doble de las proteínas recomendadas, exceso que se correlaciona con un incremento del índice de masa corporal (IMC) del niño. Ya existen publicaciones que relacionan el exceso de proteínas con sobrepeso y obesidad en la infancia y, más concretamente, con un rebote adiposo precoz.

2. También se observa en la dieta de los niños un exceso de hidratos de carbono y una menor proporción de lípidos totales, lo que también se relacionan con un mayor índice de masa corporal, independientemente del consumo energético que se haga.

3. Además de un exceso de proteínas y lípidos en la alimentación, Alsalma 2.0 también ha encontrado deficiencias de vitamina D, vitamina E, ácido fólico, calcio y iodo.

4. De todas estas deficiencias, los expertos inciden en la importancia de la suplementación de vitamina D, que debería darse como “medicamento” a los niños más pequeños pues se ha visto que su déficit influye en la susceptibilidad a más enfermedades de las que se pensaba. Aunque hasta ahora la vitamina D se utilizaba para evitar el raquitismo y conseguir una buena calcificación, lo cual es un factor protector de osteoporosis en el adulto, “actualmente se sabe que también interviene en muchas otras patologías como el síndrome metabólico, DALMAUla inmunomodulación (defensas) y en la protección frente a infecciones respiratorias, etc.”, ha explicado el doctor Jaime Dalmau, jefe de Sección de la Unidad de Nutrición y Metabolopatías del Hospital Universitario y Politécnico La Fe, de Valencia.

Una oportunidad para hacer bien las cosas
En relación a las deficiencias descritas en el Estudio Alsalma 2.0, los especialistas ya realizan algunas recomendaciones para modificar este exceso detectado en el consumo de proteínas de origen animal. “Probablemente con comer carne, pescado o huevo una sola vez al día (en la comida o en la cena) sea suficiente y conseguiríamos reducir la ingesta total de proteínas; y si se consume en comida y cena es aconsejable dar raciones de carne o pescado relativamente más pequeñas”, ha apuntado el doctor Jaime Dalmau. “La alimentación adecuada de la madre gestante, la promoción de la lactancia materna hasta los 6 meses, la introducción de la alimentación complementaria a partir de este momento y la incorporación a la mesa familiar a partir del primer año, con hábitos de consumo alimentario saludables”, ha resaltado la doctora Leis.

Leches infantiles
Cada vez más perfectas
Según un informe elaborado por la Federación Española de Industrias Lácteas (FeNIL), en colaboración con los profesionales de la salud y la nutrición, la leche materna humana es el alimento ideal para el lactante de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida y, acompañada de una alimentación complementaria adecuada, hasta que el niño cumpla al menos dos años. Sin embargo, aquellas madres que por diferentes motivos no pueden amamantar a sus hijos, han de saber hoy día las leches infantiles tienen perfectamente resuelta la vertiente nutricional, de forma que no existen diferencias significativas en el crecimiento y desarrollo de los lactantes alimentados con fórmulas infantiles con el de los lactantes alimentados con leche materna. En la última década, los grandes avances en la composición de leches infantiles se han producido en el área de los ingredientes funcionales, tales como los ácidos grasos poliinsaturados, (AGPICL), b-palmitato, nucleótidos, compuestos con efecto prebióticos, probióticos, carnitina y taurina, los cuales poseen una sólida base científica que avala sus efectos beneficiosos para el lactante. La incorporación de estos ingredientes funcionales a las leches infantiles ha dado cada vez productos más novedosos y semejantes a la leche humana, patrón de oro, que los contiene en forma natural. Los avances tecnológicos han permitido la obtención de estos ingredientes a partir de fuentes de tipo animal o vegetal para su adición en leches y cereales infantiles.

En cuanto a las fórmulas de crecimiento, en ellas las cantidades de proteínas, calcio, vitamina D y yodo se han ajustado en función de la más reciente evidencia científica. Además, ayudan a proporcionarle el aporte equilibrado de nutrientes para su correcto crecimiento y desarrollo del sistema inmunitario e intelectual. La leche, por lo tanto, es una fuente de nutrientes esenciales insustituible, que proporciona más del 50% de la cantidad diaria recomendada de vitamina D y más del 25% de la vitamina A, B1 y del fósforo, básicos en una dieta sana y equilibrada, por lo que no se trata sólo de una bebida necesaria para los niños, sino de un alimento indispensable incluso en la dieta de los adultos.

Alergia o intolerancia a la leche
¡Distínguelas!
La alergia a la leche de vaca, provocada por la proteína que contiene, sólo afecta a los bebés y casi el 70 % de los afectados consiguen tolerarla antes de los dos años. A partir de esta edad, apenas se dan casos de alergia a la leche. La alergia a la proteína de la leche de la vaca aparece cuando el sistema inmunológico de un niño identifica estas proteínas como peligrosas y puede causar problemas digestivos, cutáneos y dificultades respiratorias. Los expertos relacionan esta patología con alteraciones en la flora intestinal o microbiota. Estudios sobre niños y modelos animales atópicos han demostrado que la microbiota intestinal está alterada y no cuenta con microorganismos que influyen en la tolerancia inmunitaria y el control de la inflamación. La alergia a la proteína de la leche de la vaca puede causar problemas digestivos, cutáneos y dificultades respiratorias, y se produce cuando el sistema inmunológico de un niño identifica las proteínas contenidas en la leche de la vaca como peligrosas. Si la alergia a la leche de la vaca persiste, la dieta de alimentos sólidos del bebé estará limitada ya que no pueden consumir productos lácteos elaborados a base de leche de la vaca. La Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN- por sus siglas en inglés) recomienda el uso de fórmulas extensamente hidrolizadas en la mayoría de los niños con alergia a la proteína de leche de la vaca.

La intolerancia a la lactosa se manifiesta durante el proceso digestivo cuando se consume leche y, aunque puede darse en cualquier edad, se desarrolla habitualmente a partir de los cinco años. Las personas con intolerancia a la lactosa, contrariamente a lo que se cree, sí que pueden consumir determinados productos lácteos, como el queso curado o semicurado, ya que carecen o tienen muy poca cantidad de lactosa. Lo mismo ocurre con el yogur y otras leches fermentadas, que contienen menos cantidad de lactosa que la leche. Sobre la posibilidad de intentar sustituir el consumo de leche por bebidas de soja o de almendra, los expertos son claros: ni la bebida de almendras ni la de soja contienen los nutrientes esenciales que proporciona la leche de vaca al organismo. La diferencia radica en que la bebida de soja proviene de una fuente vegetal y, aunque la cantidad de proteínas es similar en ambos productos, su calidad es diferente: la bebida de soja carece de las vitaminas y los minerales que sí contiene la leche de vaca. Sólo determinadas bebidas de soja están enriquecidas con vitaminas, sobre todo A y D, y calcio. La bebida de almendras tampoco contiene los mismos nutrientes que la leche de vaca y además aporta más calorías por ración, destacan los expertos en este documento.

El Consejo de Tu Farmacéutico
Alimentos sólidos, cuándo
Belén Benito, farmacéutica de Laboratorios Suavinex, nos aporta una serie de recomendaciones generales para facilitar la adaptación del lactante a la alimentación complementaria.

1. “Para iniciar el periodo de tránsito del pecho o el biberón al plato es fundamental evitar que se sienta forzado e intentar mantener, durante esta etapa, una alimentación mixta, con leche materna o de continuación, según las indicaciones de cada pediatra. “Lo normal es mantener un aporte mínimo de medio litro de leche diaria, hasta alcanzar los 12 meses de edad. Mientras, iremos incluyendo nuevos alimentos en su dieta de manera paulatina y en pequeñas cantidades, para que le sea más fácil acostumbrarse a las nuevas texturas y sabores. Hay que tener en cuenta que es posible que el cambio de un sabor a otro requiera de repetidas ofertas y es bueno dejar un periodo prudencial de entre ocho y quince días para la incorporación de cada alimento”, apunta Benito. “Al mismo tiempo esto nos ayudará a detectar posibles alergias de una manera rápida”, concluye.

2. Para el bebé, que tiene que comer siempre erguido y bajo la supervisión de un adulto para evitar atragantamientos, es más fácil iniciar esta etapa con purés de texturas finas que facilitan la digestión. Habrá que ir introduciéndole trocitos para que se vaya acostumbrando a la masticación. “Es más, a partir del octavo mes se puede comenzar a ofrecerle alimentos que pueda coger con las manos a fin de que vaya descubriendo las texturas.

3. También es fundamental mantener siempre una buena higiene bucal, especialmente cuando comienza la etapa de la dentición, limpiándole las encías con un pañito. De esta manera, ayudaremos a mantener los dientes sanos.

¿Y el agua?
En el nacimiento, el contenido total corporal de agua alcanza el 75% de peso corporal, un porcentaje que disminuye en el primer año de vida hasta el 60%, cifra que se mantiene en la edad adulta. También la distribución de agua en el organismo cambia de manera considerable durante la infancia: en el recién nacido, la cantidad de agua en el espacio extracelular respecto al peso corporal total es del 45%, la mayor que en cualquier otra etapa de la vida; en los adultos es el 20% y sólo se alcanza a partir de los tres años. Por estos motivos, el riesgo de deshidratación está más presente en los primeros años del niño en comparación con los adultos, con mayor frecuencia y una mayor rapidez si no se controla el balance hídrico adecuado”, ha advertido el profesor Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Por lo tanto, la cantidad y calidad del agua suministrada en la etapa infantil tiene la misma importancia que una alimentación equilibrada y saludable.

Un aspecto fundamental que debe recordar el pediatra es que debe mantenerse el balance acuoso, que se establece entre la ingesta de agua y las pérdidas totales de agua, en las que se suman las pérdidas insensibles, la excretada por heces y por el riñón y el agua que se precisa para formar nuevos tejidos. El profesor Aranceta ha recalcado que el pediatra debe tener en cuenta que estas pérdidas insensibles aumentan de manera considerable durante la hiperventilación, la sudoración profusa, estados febriles o cuando se producen condiciones ambientales de baja humedad y elevada temperatura. Otros condicionantes que aumentan las necesidades hídricas son, la alimentación con fórmula adaptada, la diarrea y los vómitos, los síndromes malabsortivos, la enfermedad inflamatoria intestinal, la enfermedad aguda febril y los síndromes endocrinológicos como la diabetes mellitus, diabetes insípida y síndrome adrenocortical congénito, sin olvidar la actividad física intensa y los golpes de calor.

“Las pérdidas hídricas insensibles aumentan de manera considerable durante la hiperventilación, la sudoración profusa, estados febriles o cuando se producen condiciones ambientales de baja humedad y elevada temperatura”

La composición ideal
En cuanto a la composición ideal, según el profesor Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), “en el primer año de vida debe ser menor de 25 mg/l de sodio en los seis primeros meses de vida e inferior a 50 mg/dl a partir de entonces. En el caso del calcio, la cantidad recomendada es de entre 25-100 mg/l y en del flúor, menos de 0,3 mg/l en el primer año y menos de 1 mg/l el resto de la infancia. En cuanto a los nitratos, se aconsejan menos de 25 mg/l. En menores de un año se recomienda el uso de agua mineral natural para preparar los biberones, ya que no necesita ser hervida gracias a su calidad original y a la ausencia de tratamientos químicos y microbiológicos con efectos residuales. Hervir el agua de grifo puede ser una alternativa, aunque si se hace durante 10 minutos la concentración de sodio puede aumentar 2,5 veces y la de nitratos 2,4, con el riesgo consiguiente de sobrepasar los límites de sodio recomendado y favorecer así la metahemoglobinemia”, ha añadido el presidente del Comité Científico de la SENC.

Nueva guía de consejos pediátricos
¿Qué hacer si mi hijo tiene fiebre? ¿cuál es la mejor alimentación? ¿cómo curar el ombligo del recién nacido? ¿qué hacer para evitar que mi hijo tenga estreñimiento? ¿cómo evitar brotes de dermatitis atópica? ¿es mejor el baño o GUIAla ducha? Todas estas cuestiones están resueltas en la nueva guía pediátrica que farmacéuticos y pediatras acaban de editar para ayudar a los padres y cuidadores a resolver las consultas pediátricas más frecuentes. La guía ha sido realizada por la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (SEFAC) y la Asociación Española de Pediatría de atención primaria (AEPap), con la colaboración de Abbott, para fomentar la educación para la salud y facilitar a los padres el cuidado de sus hijos discriminando entre situaciones de riesgo y no riesgo.



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