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Actualmente, junto al consumo de alimentos naturales, como pueden ser las hortalizas y las frutas, ingerimos productos elaborados o procesados en cantidades relativamente importantes.  La función principal del procesado de los alimentos es disminuir su carga microbiana, aumentando en consecuencia la seguridad de su consumo, así como hacerlos más fácilmente digestibles y, en muchas ocasiones, contribuir a la mejora de sus características organolépticas. Así lo ha manifestado el Prof. Ángel Gil, Presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT), durante el III Curso de Verano de la FINUT, que se celebra estos días en Granada.

Sin embargo, el Presidente de FINUT añade que “existen otros muchos alimentos en particular platos y productos listos para el consumo, que sufren elaboraciones complejas en las que se incluyen aditivos de naturaleza diversa. A estos alimentos se les ha empezado a denominar «ultraprocesados«.

Tanto los alimentos procesados industrialmente como los procesados en el hogar son sometidos a la acción de diferentes agentes físicos, especialmente temperatura (refrigeración, congelación, cocción, fritura, etc.).  En este sentido, el Prof. Gil señala que “los tratamientos tecnológicos tienen una influencia importante sobre su valor nutritivo, y resulta necesario optimizarlos para minimizar las pérdidas, especialmente de vitaminas, e impedir la aparición de sustancias potencialmente tóxicas”.

Durante la jornada, los expertos reunidos han abordado, entre otros temas, el valor nutritivo de los distintos grupos de alimentos, las nuevas guías alimentarias estadounidenses y españolas y la información alimentaria al consumidor, etc.

Información alimentaria al consumidor, un paso esencial para los consumidores
Con motivo de la entrada en vigor del Reglamento 1169/2011 sobre información alimentaria al consumidor, la Dra. María Dolores Ruiz, miembro del comité científico de FINUT, explica que es obligatorio informar de la presencia de alérgenos no sólo en la etiqueta del alimento envasado sino también en los no envasados. “El etiquetado ha de contener aproximadamente una docena de indicaciones que van, desde el nombre común del alimento, hasta la información nutricional, que normalmente suele ser la que más cuesta entender (valor energético y nutrientes)”, señala la Dra. Ruiz.

Asimismo, añade que “la entrada en vigor del Reglamento sobre información alimentaria dirigida a los consumidores es un paso importante ya que permite que el consumidor tenga plena libertad y conocimiento para elegir los alimentos”.



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María José Merino

Sevillana de adopción y Granadina de nacimiento y de corazón, donde no dudo en escaparme cada vez que puedo. Licenciada en periodismo por la Universidad de Navarra, trabajé durante la carrera en los...