DIABETES TIPO 2 jugando al escondite

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No nos avisa ni muestra señales cuando aparece: así es la diabetes mellitus tipo 2. Por eso es importante conocer sus orígenes, qué la causa, sus consecuencias y cómo controlarla. Para estos pacientes, el bienestar exige saber.

En España, la diabetes afecta casi a 5.000.000 de habitantes, es decir, cerca del 14% de la población, a pesar de que un 4% aún lo desconoce. Entre el 85% y el 90% de todos los casos de diabetes son de tipo 2. Muchas veces se diagnostica de forma casual (por ejemplo, en una revisión médica), debido a que durante los primeros años la glucemia (nivel de azúcar en la sangre) está ligeramente elevada y no aparecen síntomas claros. Por ello se calcula que la mitad de personas con diabetes tipo 2 está sin diagnosticar. Esta falta de síntomas claros hace que muchas personas sean diagnosticadas de diabetes cuando ya tienen complicaciones crónicas que les afectan la vista, el riñón, los pies o el sistema cardiovascular. De ahí que sea tan importante detectarla a tiempo y estar atento a los síntomas.

Diabetes tipo 2: la más frecuente
La diabetes tipo 1 se produce cuando se destruyen las células del páncreas que segregan insulina y esto origina una falta absoluta de esta hormona, por lo que el tratamiento siempre es con insulina. La diabetes tipo 2 es el tipo más frecuente de diabetes. Generalmente se presenta en personas adultas, a partir de los 40 años y esta posibilidad aumenta con la edad, aunque puede aparecer en personas más jóvenes, adolescentes y niños. Este tipo de diabetes se produce por varias circunstancias. Primero, cuando una combinación de resistencia a la acción de la insulina impide que ésta se utilice correctamente. Segundo, cuando existe un déficit relativo de insulina porque la cantidad que segrega el páncreas no cubre las necesidades que se producen a lo largo del día para mantener los niveles adecuados de azúcar para nuestro organismo. Se trata según el caso con alimentación saludable, fármacos orales, o con insulina. En las personas que no tienen diabetes, la secreción de insulina varía de forma automática. El páncreas funciona como un ordenador que segrega la cantidad de insulina adecuada para mantener la glucemia -nivel de azúcar- dentro de los límites normales. Cuando comemos, sobretodo si se toman muchos hidratos de carbono, especialmente los dulces, el páncreas segrega más insulina; cuando se está en ayuno o se realiza ejercicio físico, el páncreas segrega menos insulina. La diabetes provoca el fallo de esta perfecta sintonía.
La mayor parte de los casos de diabetes mellitus tipo 2 se producen en el contexto de lo que llamamos Síndrome Metabólico. En este síndrome se asocian diabetes, hipertensión arterial, aumento de los niveles de colesterol, triglicéridos y/o ácido úrico y sobrepeso probablemente
debidos a la insulino-resistencia. El Síndrome Metabólico eleva notablemente el riesgo cardiovascular y es una causa fundamental de muerte en los países desarrollados.

Atento a los “pre”
Se dice que existe un trastorno de tolerancia a la glucosa cuando los niveles de glucosa en la sangre son más altos de lo normal, pero no tan elevados como para afirmar que se tiene diabetes. Se denomina también prediabetes, porque muchas de estas personas desarrollan diabetes mellitus tipo 2 en menos de 10 años y poseen un mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular. Con una pérdida de peso modesta y una actividad física moderada, las personas con prediabetes pueden demorar o prevenir la aparición de la diabetes tipo 2. Con el paso del tiempo, si la diabetes no se diagnostica y no se trata, se produce un déficit de insulina y es más probable que aparezcan síntomas más o menos claros. Siempre que aparezcan algunos de los siguientes síntomas hay que acudir al médico para realizar un análisis de sangre que confirme o no el diagnóstico de diabetes.
• Aumento de la sed, del apetito y de las ganas de orinar.
• Infecciones frecuentes.
• Picores y piel reseca.
• Cambios en la visión.
• Cansancio.
• Pérdida de peso.
• Hormigueo en pies y manos o irritabilidad.

Ojo a…
• La edad (a mayor edad, mayor riesgo).
• Alteraciones previas de hiperglucemia como, por ejemplo, haber sufrido una diabetes gestacional (en el embarazo), haber presentado una glucemia elevada durante unos días como consecuencia de un accidente o de una enfermedad y haber dado a luz un bebé de más de 4 kilos de peso.
• Antecedentes familiares de diabetes. Lo que se hereda no es la diabetes sino la predisposición genética. La posibilidad de que una mujer o un hombre con diabetes tipo 1 tengan un hijo con diabetes es del 1% al 5%. En el caso de la diabetes tipo 2 es más frecuente la relación familiar. La presencia de diabetes en la familia es un factor de riesgo, pero existen otros muchos más factores de riesgo que se pueden controlar, como la obesidad o el sedentarismo.
• La raza: existen razas con mayor predisposición (como los americanos de origen africano, los latinoamericanos, los indios americanos y los pobladores de las islas del Pacífico).
• Tener un trastorno de tolerancia a la glucosa o una prediabetes (cifras de glucosa límite entre la normalidad y la diabetes).

¿Qué puedes hacer tú?
Combatir la obesidad. El riesgo de la diabetes tipo 2 es mayor si el peso del cuerpo aumenta especialmente alrededor de la cintura. Está probado que disminuir el peso reduce el riesgo de diabetes o retrasa la aparición de la enfermedad. Pero el objetivo no siempre será recuperar el peso ideal. Los beneficios se obtienen a partir de una reducción del 5-7% del peso.
Combatir la vida sedentaria. El ejercicio físico ayuda a mantener un peso saludable y, por tanto, reduce el riesgo de diabetes. Además, ayuda a las células a usar la insulina de manera eficiente, lo que facilita el control de la glucemia. Con sólo 30 minutos de ejercicio diario (como caminar) se puede disminuir el riesgo de diabetes.
Combatir el tabaquismo.
Combatir la hipertensión arterial.
Vigilar las alteraciones del colesterol (aumento del colesterol LDL -colesterol malo- y disminución del colesterol HDL -colesterol bueno-).En general, las personas con diabetes mellitus tipo 2 presentan un elevado riesgo cardiovascular. Por ello es vital mantener niveles de colesterol dentro de los límites que recomiendan la mayoría de los Consensos Internacionales con colesterol LDL (“el colesterol malo”) por debajo de 100 mg/dl o menor de 70 mg/dl con otros factores de riesgo asociados.
Cuidar tu alimentación. Una alimentación saludable rica en grasas y con más calorías de las necesarias favorece la obesidad y la hipertensión arterial. Ambos factores aumentan el riesgo de diabetes. Se dice que una persona lleva una alimentación saludable equilibrada cuando los alimentos que ingiere combinan un 55-60% de carbohidratos, 15-20% de proteínas y 20- 30% de grasas.
En definitiva, la diabetes es una enfermedad crónica que exige, además del tratamiento farmacológico, un estilo de vida saludable. Con un control adecuado de la glucemia (azúcar en sangre) mediante la medicación necesaria, la alimentación adecuada, y la práctica de ejercicio físico, se pueden prevenir o retrasar las complicaciones agudas y crónicas de la diabetes.

Lo más nuevo
En la actualidad la diabetes no tiene curación pero se está investigando en varias líneas: para conocer las causas y prevenir su aparición, para curarla o para mejorar las pautas de tratamiento y control. La nueva investigación con células madre abre nuevas expectativas para su curación, pero no se saben con exactitud los resultados ni el plazo que llevará obtenerlos. Al mismo tiempo, las técnicas para controlar la glucemia y los tratamientos mejoran. Han aparecido en el mercado nuevos medicamentos: antidiabéticos más efectivos y con menos efectos secundarios e insulinas de acción mucho más rápida capaces de controlar mejor la glucemia después de las comidas. Los fármacos más utilizados en la diabetes mellitus tipo 2 son los antidiabéticos orales, de los que actualmente disponemos de, al menos, 6 familias diferentes con mecanismos específicos de funcionamiento. Unos favorecen la utilización de la insulina que todavía poseen las personas con diabetes, mientras que otros favorecen la producción de insulina por parte de nuestro organismo.
Cuando los fármacos orales son incapaces de controlar el nivel de glucosa se introduce la insulina. En realidad, no se agota el efecto de los fármacos orales, dado que no dejan de actuar, sino que la evolución normal del tratamiento de la diabetes es ir añadiendo nuevos fármacos, pues la secreción de insulina por parte del páncreas se va reduciendo de forma progresiva. La insulina no debe considerarse un fracaso del tratamiento sino como una fase más en la evolución normal de la patología. Existen dos tipos fundamentales de insulina: las de acción lenta (que denominamos basales) y las de acción rápida que actúan sobre las subidas de glucosa tras las comidas. Los efectos adversos de la insulina en general son la posibilidad de aparición de hipoglucemias (cuando la glucosa en sangre está por debajo de 70 mg/dl, y se produce porque hay menos azúcar del necesario debido a un exceso de medicación y/o una falta ingesta de alimentos o un ejercicio intenso) y ganancia de peso. La utilización única de insulina en diabetes mellitus tipo 2 se limita exclusivamente a procesos agudos como ingresos hospitalarios, intervenciones quirúrgicas o si existe contraindicación absoluta para el uso de fármacos orales.

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