Es fundamental identificar el conflicto que subyace tras el trastorno de conducta alimentaria

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El 97% de los casos se dan en mujeres, cada vez a edades más tempranas.

“Sucesos traumáticos, accidentes, fracasos escolares y vitales, estrés, ansiedad, culto al cuerpo, presiones sociales, familiares, son solo algunos de los factores que pueden desencadenar un trastorno de la alimentación. Para tratar debidamente este trastorno es fundamental conocer el desencadenante del mismo, el origen, ya que de otro modo no erradicamos el problema fundamental y es más que probable una recaída”, ha asegurado la doctora Marina Díaz Marsá, psiquiatra del Hospital Clínico San Carlos Universidad Complutense en el trascurso del VII Congreso de la Asociación Española de Psiquiatría Privada, celebrado recientemente en San Sebastián.

Actualmente, se estima que del 1% al 3 % de la población sufre anorexia y del 3% al 5% bulimia. De igual manera, se calcula que el 2% de la población sufre el trastorno alimentario denominado “por atracón”, caracterizado por episodios de ingesta compulsiva de forma recurrente. “Los trastornos alimentarios se dan en un 97% de los casos en mujeres, siendo preocupante el aumento de la incidencia de este tipo de trastorno, cada vez a edades más tempranas, situándose en torno a los 11/ 12 años”, explica la doctora.

No existe un desencadenante único en el desarrollo de un trastorno de la alimentación, “sino que son el resultado de la combinación de varios factores: personales, biológicos, psicológicos, sociales y familiares”, asegura la experta. En relación con los factores biológicos, “se ha demostrado que las alteraciones del neurotransmisor serotonina influyen en nuestra conducta alimentaria, de igual manera que las alteraciones biológicas responsables de la impulsividad. Actualmente se está viendo que las alteraciones del eje hipotálamo hipofisario suprarrenal, que maneja el estrés también podría tener su papel, así como las alteraciones del sistema inflamatorio, también relacionado con el estrés,” indica la experta.

Síntomas, tratamiento y calidad de vida
En opinión de la doctora Díaz “es fundamental prestar atención a los primeros síntomas que pueden estar advirtiendo de un trastorno de la alimentación, puesto que de ello depende una posible recuperación. En este sentido, un tercio de las afectadas consigue superarse, otro tercio se mantiene más o menos estable con posibles recaídas y el último tercio cronifica la enfermedad”. Los principales síntomas a los que hay que prestar atención según la experta son: alteraciones en la ingesta, pérdida constante de peso ingesta selectiva de alimentos. “En el caso de las adolescentes, no quieren sentarse en la mesa con los familiares, tienen una excesiva preocupación por la imagen corporal, se vuelven más irritables y tendentes al aislamiento”, asegura la doctora Díaz Marsá.

El tratamiento que reciben estas pacientes es médico, y consiste en recuperar la normalidad nutricional , realizar psicoterapia destinada a resolver conflictos, planificar objetivos vitales y mejorar autoestima y “ frecuentemente, es necesario instaurar tratamiento farmacológico para tratar la labilidad emocional , la ansiedad y la depresión, la impulsividad y los pensamientos obsesivos que impiden que la paciente avance”. La cronificación de la enfermedad tiene serias consecuencias para la calidad de vida de las afectadas puesto que “su única motivación reside en el peso y en la comida, por lo que tienden a perder su vida social, personal, familiar y laboral, así como todos sus objetivos vitales y personales”.

“Comer es un acto social presente en todos los ámbitos de la vida, de forma que si tienes un trastorno con la comida, es obvio que tenderás a esquivar todo contacto con ella”. La terapia en este tipo de pacientes consiste en “ir recuperando su vida, consiguiendo logros a corto y largo plazo que no tengan que ver con el peso ni la nutrición. Que hagan algún curso, alguna actividad, que se replanteen lo que quieren ser. Es nuclear tratar todos los aspectos colaterales, ya que pueden estar tratadas y tener bajo control la anorexia, pero es fundamental para su recuperación recomponer los aspectos laborales académicos, de ocio, etcétera”.

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