Expertos en VIH insisten en la necesidad de un cambio en el abordaje de la infección por VIH

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Expertos en VIH insisten en la necesidad de un cambio en el abordaje de la infección por VIH. Estas son algunas de las preguntas a las que ha dado respuesta un grupo de seis expertos en infección por VIH (doctor Antonio Ocampo, del Complejo Hospitalario Hospital Xeral-Cies de Vigo; doctor José Ramón Blanco, del Hospital San Pedro de Logroño;  doctor Fernando Lozano, del Hospital Universitario Virgen de Valme de Sevilla; doctor Jesús Santos, del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga; doctor Esteban Martínez, profesor de Enfermedades Infecciosa del Hospital Clïnic de Barcelona y doctor Juan Carlos López Bernaldo de Quirós, de la Unidad de Enfermedades Infecciosas/VIH del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid), en un análisis sobre el estado actual de la infección en España titulado “Desafíos en el VIH: ¿Es suficiente lo que tenemos?”, y que ha contado con la colaboración de ViiV Healthcare.

El objetivo del proyecto ha sido poner sobre la mesa el reconocimiento de los logros de estos años en el campo del VIH, tanto a nivel científico como social, así como poner de manifiesto lo que queda todavía por conseguir. Según este análisis, profesionales sanitarios y pacientes se encuentran ante un cambio de paradigma en el tratamiento antirretroviral. “Se busca obtener la máxima eficacia (carga viral en plasma indetectable) con el menor y más sencillo tratamiento antirretroviral. Pautas con nuevos fármacos, menor número de dosis y con ausencia de restricciones dietéticas son las que se impondrán”, explica el doctor Esteban Martínez.

En este sentido, el doctor Juan Carlos López Bernaldo de Quirós puntualiza que “se siguen necesitando tratamientos mejor tolerados, con gran potencial antiviral, poca inducción de mutaciones de resistencia y nulos efectos adversos en el corto, medio y largo plazo”. Además, según explica, “en el contexto actual de tratamientos con bajo número de comprimidos, el número de pastillas tiene una importancia menor, ya que lo que parece tener mayor valor es que sea un tratamiento que se pueda administrar solo una vez al día y con una tolerancia excelente, pues no se ha podido demostrar que un comprimido sea mejor que dos o, incluso, tres”.

De hecho, una de las mayores preocupaciones de las personas infectadas es hoy en día la tolerancia al régimen terapéutico, es decir, a la aparición o no de efectos adversos en el corto o medio plazo. “El número de comprimidos y el número de dosis diarias está pasando a un segundo plano gracias a que cada vez vamos teniendo más tratamientos con administración QD –una vez al día- con bajo número de comprimidos”, afirma este experto. Según recoge el análisis, los aspectos que más valora el paciente con VIH a nivel terapéutico en una escala de mayor a menor son: la eficacia del tratamiento, la ausencia de efectos adversos, la administración QD  y el bajo número de comprimidos en la terapia.

Más de 30 años de epidemia, diagnóstico tardío y estigma social
Conformismo o pérdida de la “excepcionalidad” son algunos de los puntos de los que parte el análisis de este grupo de expertos en VIH, tras los más de 30 años de epidemia. Solo en España se calcula que existen alrededor de 160.000 personas infectadas, de las cuales entre un 20 y un 30 por ciento lo desconocen, y la prevalencia del virus se sitúa en torno a 2 casos por cada 1.000 habitantes, produciéndose cada año alrededor de 3.000 nuevas infecciones.

Así mismo, cerca de la mitad de los pacientes con infección por el VIH de los países occidentales se diagnostican tarde, es decir, cuando han aparecido enfermedades oportunistas o hay un riesgo muy alto de que aparezcan. En España el diagnóstico tardío se estima entre el 32 y el 37% y tiene consecuencias para el paciente ya que se incrementa la morbi-mortalidad tanto asociada al sida con más hospitalizaciones y eventos oportunistas, como asociada a eventos no-sida, una peor recuperación inmunológica, mayor riesgo de fracaso virológico y de toxicidad farmacológica.  Para los expertos parece claro que lo que se ha hecho hasta ahora no acaba de ser válido. Son necesarias nuevas estrategias y poner el acento no solo en la prevención sino también en el diagnóstico precoz.

En el ámbito social, “queda por ver si la sociedad es capaz de aceptar la infección por VIH como una enfermedad crónica más y eliminar los prejuicios que conlleva, ya que gran parte de la sociedad sigue dando más importancia a la manera en que la persona se infectó que a la  enfermedad en sí misma”, explica el Dr. Bernaldo de Quirós. En el ámbito terapéutico, en estos 30 años “lo más importante que se ha conseguido ha sido el desarrollo del tratamiento antirretroviral, pero el mayor problema en la actualidad siguen siendo los efectos adversos a largo plazo”, continúa, a la vez que sostiene que “en el corto plazo lo más frecuente es la intolerancia gastrointestinal y la aparición de cualquier efecto adverso en el corto y medio plazo tiene un impacto importante en el cumplimiento terapéutico”.

La individualización del tratamiento
Una de las premisas más importantes a la hora de iniciar un tratamiento antirretroviral es la individualización del mismo, adaptándolo al estilo de vida del paciente, tal y como destaca el Dr. Bernaldo de Quirós. Esta individualización es necesaria, en opinión del Dr. Esteban Martínez, “porque la percepción de incomodidades o el riesgo de toxicidades a corto plazo o incluso el riesgo de enfermedades crónicas a largo plazo no es el mismo para cada persona”.

En este sentido, este doctor pone de manifiesto dos desafíos actuales a tener en cuenta: “Los derivados de la permanencia del VIH de manera residual en el organismo y los derivados del propio tratamiento antirretroviral que ha de tomarse de forma indefinida”. De cara al futuro, opina que “se buscarán fármacos que puedan administrarse con intervalos de dosis superiores a un día (por ejemplo, cada semana), que no tengan restricciones en su disponibilidad o en su metabolismo y, por tanto, no tengan riesgo de interacciones medicamentosas y que, a su vez, sean neutros en cuanto al riesgo o progresión de enfermedades crónicas”.

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