Grasa parda y grasa beige para combatir la obesidad

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No toda la grasa que acumulamos en el cuerpo es igual, ni tenemos la misma facilidad para deshacernos de ella. La grasa parda, que hasta hace poco solo interesaba a unos pocos investigadores, se ha revelado como una gran promotora del gasto energético, con su consiguiente papel en el metabolismo de los triglicéridos y la glucosa. El potencial de la grasa marrón ha sido el objeto de la sesión plenaria “New powers of brown fat: Fighting the Metabolic Syndrome” que ha pronunciado hoy el investigador Jan Nedergaard, de la Universidad de Estocolmo en Suecia, durante el 20º Congreso Internacional de Nutrición de la International Union of Nutritional Sciences (IUNS) que se está celebrando en Granada (España).

Hasta hace poco toda la grasa que se conocía era “blanca”, la grasa común que almacena energía y es responsable del exceso de masa corporal de algunas personas. Pero recientemente ha cobrado importancia otro tipo de grasa, “la grasa parda”, que se acumula sobre todo en los primeros años de vida para ayudar a los niños a mantener una buena temperatura corporal ante el frío. Sin embargo, cada vez más estudios sugieren que los adultos tienen pequeñas cantidades de esta grasa parda que podría ayudarles a mejorar su metabolismo y, en consecuencia, a prevenir la obesidad.

Mitad grasa, mitad músculo, la apariencia de la grasa parda tiende más a una especie de músculo, “de hecho se ha visto que células embrionarias pueden tanto diferenciarse en músculo o grasa parda, pero no en grasa normal”, ha explicado el profesor Jan Nedergaard, del Departamento de Molecular Biosciences en The Wenner-Gren Institute, Estocolmo (Suecia).

Para generar la termogénesis, la grasa parda utiliza los triglicéridos y la glucosa que están en circulación. “Todos los estudios publicados demuestran la gran capacidad de la grasa parda para captar y asimilar la glucosa circulante, lo que la convierte en un arma más contra la diabetes. También se ha demostrado que la grasa parda puede quemar la energía extra que se ingiere con la comida. Lo que no sabemos hoy día es hasta qué punto es importante y cómo puede regularse”, ha señalado el profesor Nedergaard.

Aunque hay muchos estudios en marcha, el principal problema para llegar a saber el verdadero potencial de la grasa parda es que “todavía no tenemos la forma de modificar la cantidad de este tipo de grasa en humanos, por ejemplo con un fármaco”, ha indicado. Lo que sí parece estar demostrado es que las personas obesas tienen menos cantidad de esta grasa parda que las que están en su peso, “no sabemos, sin embargo, si la baja cantidad de grasa parda explica (en parte) por qué (algunas) personas llegan a ser obesas. Pero en animales de laboratorio una escasa actividad de la grasa parda es suficiente para provocar la obesidad”, ha explicado el profesor Nedergaard.

Y la última pieza del puzle de la grasa es una recién descubierta, la grasa “beige” o “brillante”. “Son células de grasa normal que adquieren propiedades de células de grasa parda, incluyendo la capacidad de quemar la energía que sobra, aunque con una capacidad menor que la de la grasa parda”. La importancia de esta “recién llegada” todavía está en “investigación y discusión”.

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