Los trastornos del tiroides pueden reducir la fertilidad y provocar mayor riesgo cardiovascular

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El hipotiroidismo es una producción deficiente de hormonas tiroideas. Es la enfermedad más frecuente del tiroides, que padecen casi 700.000 personas en España (en torno al 2% de la población). Cansancio crónico, debilidad, piel seca, intolerancia al frío, caída de pelo, dificultad de concentración, mala memoria, estreñimiento y aumento discreto del peso corporal, son algunos de los síntomas que se presentan en las personas que lo padecen cuando es severo. Si es poco intenso puede pasar desapercibido, descubriéndose al hacer análisis de sangre.

Existen tres grandes grupos o poblaciones de riesgo en los que tiene mayores consecuencias el hipotiroidismo no tratado: los escolares, la mujer en edad fértil y las embarazadas. Según el doctor Sergio Donnay, coordinador del Grupo de Trabajo de Déficit de Yodo y Disfunción Tiroidea de la SEEN, “el hipotiroidismo durante el embarazo se produce en, aproximadamente, el 2,4% de las mujeres. Esta afectación se puede asociar a abortos, desprendimiento de placenta o bajo peso al nacer, además de a una disminución del coeficiente intelectual de los hijos de madres con hipotiroidismo no tratado”.

Asimismo, el experto explica que “en los primeros tres meses de vida, el embrión aún no dispone de una glándula tiroides o ésta no es suficientemente madura, por lo que precisa de la hormona tiroidea de la madre. El grado de las consecuencias de esta deficiencia de yodo vienen dadas en función del grado de carencia de esta sustancia”.

Tiroides, embarazo y fertilidad
“Lo ideal es que las mujeres embarazadas revisen su tiroides al menos una vez al principio del embarazo e incluso antes, cuando se planifica el embarazo. En el caso de una mujer embarazada que ya está recibiendo tratamiento por un trastorno tiroideo es aconsejable que se revise su tiroides cada 6-8 semanas. Esto garantizará que la glándula tiroides funcione de forma normal”, indica el doctor Donnay. A este respecto, es recomendable que las mujeres embarazadas fueran suplementadas con yodo, igual que ya lo son con ácido fólico. No obstante, la suplementación de yodo en el embarazo no se da a todas las mujeres en nuestro país. “Debería ponerse en conocimiento de las mujeres que no tratar debidamente los trastornos del tiroides no sólo aumenta el riesgo de abortos y de prematuridad, sino también de que los hijos tengan una disminución en sus capacidades intelectuales”, concluye el experto.

Por otra parte, estudios recientes han demostrado que existe una relación directa entre un funcionamiento deficitario de la glándula tiroides y la subfertilidad, es decir, una mayor dificultad por parte de la mujer de llevar a buen término sus embarazos.

El yodo, fundamental
Debe garantizarse que la población consuma una cantidad suficiente de yodo. “Ésta es distinta según la edad, género y estado fisiológico –asegura el doctor Salvador-. Para la población, en general, incluyendo a los niños en edad escolar, se aconseja que al día consuman un mínimo de 150 mcg de yodo. Una cantidad que puede obtenerse fácilmente consumiendo sal yodada”.

“El último documento de la OMS de 2007 cataloga a España como a un país con una óptima nutrición de yodo y la mayoría de estudios de los últimos años realizados entre la población infantil, muestran una sustancial mejora respecto a estudios previos,- asegura el doctor Donnay,- sin embargo, aún estamos en niveles de insuficiencia”.

Trastornos del tiroides
El tiroides es una glándula endocrina, es decir, una agrupación de células que segrega sustancias, que son las hormonas, que vierte a la sangre. Está formado por dos lóbulos a ambos lados de la tráquea unidos en la zona central por un istmo, lo que provoca que tenga forma de mariposa. Según el doctor Donnay, “su función es fundamental, ya que se encarga de regular el metabolismo, regula la producción de proteínas, así como la sensibilidad del organismo a otras hormonas”. No obstante, este experto hace hincapié en la falta de conocimiento por parte de la población general respecto a los trastornos que pueden darse en relación a esta glándula. “Se ha observado que aquellos pacientes que no son tratados debidamente presentan un mayor riesgo de enfermedades del corazón, que podrían estar relacionadas con un aumento del colesterol asociado a la situación”.

Lo mayoría de los trastornos del tiroides son más frecuentes en las mujeres que en los varones. Según el doctor Donnay, “la razón es que la mujer es más propensa a las enfermedades autoinmunes y en el origen de los trastornos de la funcionalidad del tiroides hay implicado un mecanismo autoinmune”. De hecho, se estima que este tipo de enfermedades es hasta diez veces más frecuente en el sexo femenino, sobre todo a partir de los 40 años.

Son varios los trastornos relacionados con el tiroides, sin embargo el hipotiroidismo es el más frecuente. Cansancio crónico, debilidad, piel seca, intolerancia al frío, caída de pelo, dificultad de concentración, mala memoria, estreñimiento, y aumento discreto del peso corporal, son algunos de los síntomas del hipotiroidismo y que se caracteriza por una deficiente producción de hormonas en la glándula tiroides.

En la actualidad, el diagnóstico del hipotiroidismo es muy sencillo, aunque se estima que cerca del 50% de los casos se diagnostica por casualidad, debido a la ausencia de signos en las fases tempranas. “Un estudio reciente realizado por el Grupo de Trabajo de Déficit de Yodo y Disfunción Tiroidea de la SEEN evidencia una prevalencia de hipotiroidismo ‘no conocido’ del 1,3%”, explica el doctor Donnay. La detección se lleva a cabo a través de la determinación de la tirotropina (TSH), que es una hormona hipofisaria que se eleva de manera muy sensible cuando la tiroides reduce su función.

Otro de estos trastornos es el hipertiroidismo, es un trastorno menos frecuente, causado por una producción mayor de hormonas tiroideas de las necesarias. Sus síntomas son los contrarios a los que se producen por el hipotiroidismo, dándose una cierta aceleración del ritmo normal del organismo: taquicardia que pude manifestarse con palpitaciones, insomnio, aumento de la sudoración, pequeño temblor, fatiga muscular, pérdida de peso, molestias en los ojos, incluso fiebre, en algunos casos.

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