Prometedores fármacos para la insuficiencia cardiaca

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La imperiosa necesidad de encontrar nuevos fármacos que traten de manera eficaz a los enfermos de insuficiencia cardiaca (IC) ha motivado que en la actualidad se estén llevando a cabo varios ensayos clínicos. Estos estudios auguran la aparición de nuevas posibilidades terapéuticas para estos pacientes en aproximadamente unos cinco años, con el claro propósito de mejorar su calidad de vida y disminuir su riesgo de reingreso.

Y es que la IC es el principal motivo de hospitalización en mayores de 65 años y la primera causa de gasto sanitario en una única enfermedad, siendo responsable de entre un 2% y un 3% del gasto público. Esta patología constituye uno de los mayores retos de la cardiología actual, pues causó en 2011, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), más de 37.000 muertes en España, muchas de ellas en pacientes óptimamente tratados.

“Sin duda, la IC es un asunto que preocupa tanto a investigadores como a clínicos en el ámbito de la enfermedad cardiovascular, más aún si tenemos en cuenta que se espera que aumente la incidencia debido al envejecimiento de la población y al aumento significativo de la mortalidad inmediata asociada al infarto agudo de miocardio. De ahí que esta reunión haya sido tan fructífera”, señala el Dr. Borja Ibáñez, jefe del laboratorio de Imagen en Cardiología Experimental del CNIC.

Recientes estudios han demostrado que incluso uniendo los actuales betabloqueantes con antihipertensivos, no se mejora el pronóstico de la IC, “por lo que a nivel farmacológico hemos llegado a un horizonte infranqueable y debemos buscar nuevas medidas para bloquear el sistema simpático y el sistema renina angiotensina”, explica el Dr. José Ramón González-Juanatey, presidente electo de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Para ello, se están buscando nuevas vías que controlen las alteraciones del metabolismo cardíaco de pacientes con IC: mejorando la mala utilización del calcio por las células del corazón (lo que dificulta la relajación y contracción del corazón), optimizando el manejo de la energía (las células del corazón dependientes de la glucosa y los ácidos grasos), e impidiendo la muerte de las células del corazón (apoptosis).

Estas nuevas dianas terapéuticas giran en torno a dos áreas concretas. La primera pretende impedir la formación de productos avanzados de glicación, tanto directamente como a través del bloqueo de sus receptores, para evitar el aumento de fibrosis en el corazón y las arterias, así como la vasoconstricción, la aterosclerosis o la formación de trombos. La segunda persigue conseguir un aumento de las hormonas beneficiosas que produce la grasa epicárdica que recubre el corazón y limitar la producción de las hormonas dañinas como la leptina, la disfatina o las interleucinas. En este sentido, los enfermos de IC producen dos tercios menos de hormonas beneficiosas (adipoquinas) que una persona sana y por el contrario cuentan con una mayor actividad de hormonas destructivas.

Aunque el beneficio será global, los enfermos de IC con diabetes (más de un tercio del total) serán el subgrupo que probablemente obtenga mejores resultados a partir de estos nuevos fármacos que se están investigando, pues tienen aún una mayor actividad de los productos de glicación y también presentan más actividad deletérea de la grasa.

La IC es la patología cardiovascular que está incrementando más su incidencia y prevalencia, debido al envejecimiento de la población, a pesar de los grandes avances surgidos en los últimos 30 años, tanto farmacológicos como no farmacológicos (con dispositivos como los resincronizadores, los desfibriladores o los trasplantes).

Esta enfermedad impide que el corazón bombee suficiente sangre al organismo, lo que produce sensación de cansancio e incapacidad física para eliminar los desechos naturales, provocando la acumulación de líquido en los pulmones y en otras partes del cuerpo. Aparece como consecuencia de un daño o un sobreesfuerzo acaecido en el corazón, como una enfermedad coronaria, un infarto de miocardio o hipertensión, o por el abuso de tóxicos como el alcohol o las drogas.

 

 

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