VACUNAS Por el bien de todos

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Gracias a las vacunas, enfermedades mortíferas del pasado se han erradicado definitivamente. Sin embargo, el peligro permanece latente si abandonamos un hábito tan revolucionario que, según los expertos, podría equipararse al de la potabilización del agua: el de la vacunación en la infancia y en la edad adulta.

La eficacia y seguridad de las vacunas a la hora de prevenir enfermedades infecciosas se ha demostrado a lo largo de la historia: la difteria, el tétanos, la tosferina, el sarampión, la rubéola y la parotiditis son algunas de las enfermedades transmisibles que han supuesto un problema pandémico en el último siglo, pero cuya incidencia está hoy bajo control gracias a la inmunización ofrecida por las vacunas. En otros casos, como la poliomielitis, se ha logrado incluso la completa erradicación de la patología. Sin embargo, como contrapartida, “el hecho de que haya enfermedades erradicadas nos ha llevado a olvidar la importancia de vacunarnos, lo que ha traído consigo el resurgir de algunas de estas patologías y que haya rebrotes epidemiológicos”, explica el angel gildoctor Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Por lo tanto, “es importante mantener la vacunación aunque las enfermedades prevenibles empiecen a descender”, ha señalado la doctora Teresa Hernández-Sampelayo, directora de las IV Jornadas de Vacunas organizadas por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP). “De hecho, debe seguirse vacunando hasta que las enfermedades estén completamente erradicadas, único momento en el que puede suspenderse la vacunación, como se hizo por ejemplo con la viruela, cuya vacuna dejó de administrarse cuando la enfermedad se declaró erradicada en todo el mundo”. “Si se deja de vacunar cuando los patógenos siguen circulando, aunque con menor intensidad, se crean bolsas de pacientes susceptibles que, al entrar en contacto con el microorganismo, producen brotes o epidemias como ha sucedido con los casos de sarampión descritos en España en los últimos años”, añade la directora de las Jornadas. Afortunadamente, España es uno de los países más adelantados en la aplicación de las vacunas como herramienta preventiva con una cobertura media de vacunación del 95% en la edad infantil.

El caso del sarampión
Por poner un ejemplo, en la actualidad, los casos de sarampión en España suponen un 0,02% de lo que representaba la enfermedad hace tres décadas. Mientras en 1986 se diagnosticaron 220.096 casos, en 2009 esta cifra disminuyó hasta 44, con un impacto muy positivo en la reducción de hospitalizaciones y en la mortalidad asociada a la enfermedad. Esto quiere decir que los datos de incidencia y morbilidad hospitalaria en el caso del sarampión muestran una tendencia hacia la erradicación desde el año 1999, cuando se alcanzaron coberturas de vacunación próximas al 80% de la población. “Sin embargo, debido a los brotes declarados desde entonces, se sabe que no se alcanzarán los objetivos de la OMS de erradicación”, según ha explicado Juan del Llano, director de la Fundación Gaspar Casal. Es decir, la desaparición de la “percepción de riesgo” ante determinadas enfermedades en vías de eliminación como el sarampión, “da lugar al abandono de las coberturas de vacunación óptimas y, en consecuencia, abre las puertas a que la enfermedad resurja en el entorno”.

De hecho, el fuerte brote de sarampión declarado por la HPA (Health Protection Agency), en el Reino Unido en el último año (el mayor de los últimos 18 años), ha reforzado la postura de los pediatras españoles en defensa de una amplia cobertura vacunal y de la necesidad de establecer el mejor calendario de vacunación posible para la población española. “Aunque en la actualidad, España cuenta con una cobertura vacunal de más del 95% con la primera dosis de triple vírica (sarampión-rubeola-paperas), sin embargo, esta cobertura baja al 91% para la segunda dosis de esta vacuna, la que se administra entre los 3 y los 6 años de edad, según la comunidad autónoma. Aunque no ha habido brotes epidémicos de sarampión desde 2011 en España, sólo algunos casos esporádicos, no se debe bajar la guardia, dada la falta de control de esta enfermedad en algunos países como Reino Unido y Rumanía, y la alta movilidad de personas procedentes de estos países hacia el nuestro, david morenoexplica el doctor David Moreno, coordinador del Comité Asesor de Vacunas (CAV) de la AEP. Por ello, la AEP recomienda a los padres y madres que revisen las cartillas de vacunación de sus hijos y se aseguren de mantenerlas actualizadas.

Los retos del futuro
El gran avance tecnológico de las últimas décadas ha dado paso a la manipulación de los agentes infecciosos a través de la ingeniería genética, las técnicas del ADN recombinante y la bioinformática, lo que permite disponer de vacunas más seguras, más eficaces y más coste-efectivas. El futuro de las vacunas está dirigido:

  • Por un lado, a desarrollar vacunas específicas para poblaciones étnicas concretas en las que se observa una mayor incidencia de enfermedades.
  • Por otro, a diseñar vacunas con alta efectividad entre poblaciones heterogéneas, como puede ser una vacuna universal frente a la gripe.
  • La búsqueda de nuevas vías de administración o lograr dosis únicas son también otro de los focos de la investigación en inmunización. Las vacunas inyectadas sin agujas, comestibles, las que se administran a través de las mucosas (oral, rectal, nasal o vaginal), y las transcutáneas son algunas de las líneas de innovación que se están siguiendo.
  • Las dianas terapéuticas son otra de las caras de la moneda del desarrollo que se está produciendo en el campo de las vacunas. Mientras la principal aplicación de las vacunas ha sido la prevención y el tratamiento de enfermedades infecciosas, la tecnología abre además un nuevo campo hacia las vacunas terapéuticas, “como es el caso de las vacunas emergentes contra las drogas de abuso”, apunta Juan del Llano, quien añade que “las miradas están puestas principalmente en el desarrollo de la vacuna contra el VIH, la malaria o el Alzheimer”. Para el director de la Fundación Gaspar Casal, “el panorama es esperanzador pero, desafortunadamente, poco conocido e insuficientemente valorado por la sociedad”.

Recomendaciones de la AEP
La Asociación Española de Pediatría recomienda a los padres y madres que revisen las cartillas de vacunación de sus hijos y las mantengan actualizadas. Igualmente insisten en la necesidad de que los niños dispongan de un calendario completo y sin disparidades étnicas, territoriales, sociales y económicas, no sólo para lograr la protección individual ante las enfermedades inmunoprevenibles, sino también para evitar bolsas de población susceptible que puedan dar lugar a la aparición de brotes epidémicos. El calendario vacunal tiene que ser dinámico, flexible y actualizado, ya que varía periódicamente tanto la situación epidemiológica de cada país como la disponibilidad de nuevas vacunas.

El Comité Asesor de Vacunas de la AEP considera que “todos los niños deberían recibir de forma universal la vacuna frente a la hepatitis B, la difteria, el tétanos, la tos ferina, la poliomielitis, el Haemophilus influenzae tipo b, el meningococo C, el neumococo, el sarampión, la rubeola y la parotiditis y el virus del papiloma humano”, señala el doctor David Moreno. Para el coordinador del CAV, “los calendarios de vacunación tienen que ser dinámicos y adaptarse a los cambios epidemiológicos que vayan surgiendo, así como a la incorporación de nuevas vacunas o novedades relacionadas con las vacunas ya existentes”.

La AEP recomienda, además, que la primera dosis de la vacuna triple vírica (que incluye sarampión, rubeola y parotiditis) se ponga a los 12 meses de edad y la segunda a los 2-3 años. La varicela no debería posponerse a la adolescencia como propone el Ministerio, sino en la primera infancia, ya que más del 80% de los niños padecen la varicela antes de la edad adolescente, así como la mayoría de casos con complicaciones. La vacuna combinada frente al tétanos, la difteria y la tos ferina (Tdpa) entre los 4-6 años de edad, obligatoriamente seguida de otra dosis a los 11-14 años. La vacunación frente a la varicela a los 15 meses, además de evitar esta enfermedad en la infancia, podría reducir la incidencia de herpes zóster en la edad adulta. Se estima que en España, el 97% de los mayores de 30 años son susceptibles de padecer un herpes zóster, una enfermedad (más conocida como la culebrilla) que puede afectar a todas las personas que hayan padecido la varicela y que en dos de cada tres mayores de 65 años deja como secuela una neuralgia postherpética. Según ha explicado el profesor Ángel Gil, “próximamente estará disponible en España una vacuna para prevenir el herpes zóster. La experiencia en EE.UU, donde está en el calendario vacunal de los adultos para mayores de 60 años desde 2010, ha demostrado su efectividad en la reducción del herpes zóster de su presentación más frecuente a estas edades ya que afecta entre otros a los nervios trigémino, facial y/o oftálmico”. Asimismo, ha subrayado la eficacia de la vacuna al evitar el 65% de los casos de neuralgia postherpética, “lo que es muy relevante ya que actualmente no disponemos de ninguna herramienta para resolver esta consecuencia tan dolorosa y frecuente”.

La AEP recomienda y reclama la aplicación de la vacuna antineumocócica a todos los niños menores de 5 años en España, aunque de momento sólo la Comunidad de Galicia y recientemente el País Vasco la incluyen en sus protocolos, ya que Madrid la retiró de su calendario, “en una decisión con la que no estamos de acuerdo”, señala el doctor Francisco Álvarez, secretario del CAV. Por otro lado como comenta el doctor Álvarez “también es importante ofrecer información a las familias sobre las vacunas contra la varicela en niños pequeños a partir de los 12 meses de edad y la vacuna contra el rotavirus en los lactantes”.

¿Y los adultos?
Los españoles continúan entendiendo la vacunación como una herramienta preventiva asociada a la infancia, a pesar de que muchas de las patologías consideradas socialmente como infantiles pueden afectar también a los mayores no inmunizados. Un ejemplo lo constituyen los brotes controlados de sarampión detectados entre los años 2010 y 2011, en los que el 32,1% de los casos correspondieron a mayores de 19 años. Para evitar que se repitan situaciones como ésta, estos expertos han insistido en la importancia de inculcar la cultura de la prevención no sólo en la población infantil, sino también entre los adultos, puesto que hay muchos no vacunados durante la niñez o que deben recibir dosis periódicas de recuerdo.

En este sentido, el doctor José Ramón de Juanes, Jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital 12 de Octubre, ha explicado que, “mientras que la vacunación en el niño está incluida en los calendarios infantiles y todos los padres están pendientes de vacunar a sus hijos, el adulto a menudo queda desatendido por sí mismo hasta que ve un caso próximo que le llama la atención y decide vacunarse”. El motivo principal de esta despreocupación por la salud propia es la falta de percepción en cuanto al contagio y al riesgo que uno mismo presenta, a pesar de que diversas enfermedades infecciosas pueden volver si se abandonan los hábitos vacunales.

Recomendaciones de la OMS en adultos
Esta autoridad establece como necesaria la administración de dosis de recuerdo frente a la difteria, el tétanos, la tosferina y la gripe y la enfermedad neumocócica en el caso de personas con alguna patología asociada. En el caso concreto de la enfermedad neumocócica, el doctor Ángel Gil, de la Universidad Rey Juan Carlos, ha revelado que “la tasa de letalidad en las personas que la padecen está en torno al 20%”, y ha explicado que la vacuna en el adulto permite reducir casi el 50% de las muertes. Como consecuencia de su alto poder de inmunización, el doctor ha destacado que se trata de una medida considerablemente más coste-efectiva que la administración de antibióticos una vez que se ha desencadenado el proceso, ya que éstos generan resistencias a largo plazo.

¿Y la gripe?
De acuerdo con las cifras del CAV, la eficacia de la vacuna frente a la gripe estacional en adultos sanos es superior al 80%, mientras que en población infantil se sitúa entre el 50% y el 70%. Según el doctor David Moreno, “del total de pacientes hospitalizados a consecuencia de una gripe grave durante la temporada 2011-2012, el 78% presentaba factores de riesgo como enfermedades cardiovasculares y diabetes, entre otras, y el 8% de ellos falleció”. Por ello, cuatro de cada cinco pediatras españoles se vacunó en la temporada 2012-2013 contra la gripe estacional, según concluye una encuesta elaborada por la Asociación Española de Pediatría (AEP), y dirigida a especialistas en activo y residentes pediátricos, para analizar las pautas de vacunación de los profesionales sanitarios. Los resultados, extraídos de una oleada difundida entre el 1 de octubre y el 15 de noviembre entre los 9.000 pediatras que integran la Asociación, arrojan signos positivos de una mayor concienciación de los pediatras respecto a la importancia de la vacunación antigripal. El Comité Asesor de Vacunas considera, además, prioritaria la optimización de diversas vacunas entre el personal sanitario, como la tos ferina, la triple vírica y la varicela. El pediatra tiene el deber ético y profesional de vacunarse, ya que tratamos en muchas ocasiones con pacientes de grupos de riesgo y nuestro deber es protegerlos”, argumenta el coordinador del Comité Asesor de Vacunas.

santiago cuellarEl farmacéutico: figura imprescindible
Para Santiago Cuéllar, Responsable del Departamento de Acción Profesional del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), en esta labor de concienciación social el farmacéutico se convierte en una figura imprescindible, ya que puede transmitir la necesidad de prevención al paciente y a las personas sanas, debido a su relación cercana con los usuarios de la oficina de farmacia. “No hay información generalizada acerca de la importancia de la vacunación. En niños está más asumida, aunque haya alguna carencia, pero en adultos hay lagunas importantes”, ha manifestado el representante del CGCOF.

Como alternativa para corregir la situación actual y reducir este riesgo, durante el encuentro se ha planteado la posibilidad de que la vacunación pudiera dejar de ser un derecho y convertirse en un deber en aras de promover la salud pública.

 

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