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Asma y contaminación: hacia un suicidio colectivo

Asma y contaminación: hacia un suicidio colectivo

Asma y contaminación: hacia un suicidio colectivo

Asma y contaminación: las malas compañías

Si pudiéramos envolver en una cajetilla (como las del tabaco) la contaminación, podríamos ponerle fácilmente el letrero “la contaminación mata”. Aparte de ser un carcinógeno de primer orden, en el caso de los asmáticos y los enfermos de EPOC, sus efectos sobre el sistema respiratorio se hacen evidentes en la concurrencia de picos de contaminación con picos de ingresos en urgencias.

Un 3% de la mortalidad anual en España (en el periodo 2000-2009), es atribuible a la contaminación atmosférica, según datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Ministerio de Medio Ambiente. Es decir, en España, el 35% de la población respira aire contaminado, produciéndose en torno a 10.000 muertes al año relacionadas con todos los contaminantes atmosféricos, una mortalidad muy superior a la provocada por los accidentes de tráfico, que causan 1.700 muertes al año, según datos del Instituto de Salud Carlos III. Gran parte de este porcentaje se lo llevan los enfermos de EPOC y los asmáticos, que ven reducir su calidad y esperanza de vida de forma paralela a la calidad del aire. A pesar de ello, grandes ciudades como Madrid y Barcelona siguen incumpliendo sistemáticamente la normativa europea referente a la contaminación ambiental, lo que ha llevado a Bruselas a abrir un expediente contra España por el incumplimiento crónico de los niveles de dióxido de nitrógeno, concretamente en estas dos capitales. Así lo han expresado en una Jornada informativa los expertos de la la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), organizada con la colaboración de la Asociación de Informadores de Salud (ANIS) y de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

Los siete jinetes del Apocalipsis

Los siete contaminantes más peligrosos para la salud son el nitrógeno, el ozono, las partículas en suspensión, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono y el plomo. Entre ellos, dos de los gases más nocivos para la salud respiratoria son el dióxido de nitrógeno, entre cuyos graves riesgos sanitarios destaca el empeoramiento del asma y la insuficiencia respiratoria, así como el ozono troposférico (ingrediente de nieblas tóxicas de las ciudades). Este último, el ozono troposférico, es el resultado de una reacción de luz solar con las emisiones de vehículos e industrias, cuyo exceso también genera asma y enfermedades pulmonares. Entre los efectos inmediatos figuran “la irritación de las vías respiratorias, la disnea o dificultad para respirar y una mayor probabilidad de sufrir un ataque de asma, pero además ya ha quedado demostrado que tiene importantes efectos indeseables en la salud humana a largo plazo y que la contaminación del aire es un carcinógeno de primer orden”, advierte la doctora Isabel Urrutia Landa, neumóloga y coordinadora del Área de Enfermedades Respiratorias Ocupacionales y Medioambientales de SEPAR. Según afirma esta experta, “la contaminación es la causa del desarrollo o empeoramiento de graves enfermedades respiratorias como el cáncer de pulmón, las neumonías, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o el asma, de infecciones respiratorias agudas y de otros muchos efectos dañinos para la salud, y no hay duda de que la mejora de la calidad del aire aumenta la esperanza de vida, reduce los ingresos hospitalarios, mejora la función pulmonar y reduce la mortalidad”.

La calidad del suelo, otro carcinógeno

También hay que recordar que, aunque el tipo de contaminación con más impacto sea el aire exterior (que incluye gases y partículas tóxicas) e interior (como la quema de madera y carbón), también hay que sumar la contaminación ambiental, química, laboral y del suelo, que en los países industrializados ha aumentado de 4,3 millones las defunciones en 1990 a 5,5 millones en 2015.

Entre 2 y 3 niños por cada aula de 25 sufren asma, según SEPAR, cifras que hablan de un aumento considerable de la ratio en los últimos años.

El deporte, siempre en lugares no contaminados

La contaminación no solo afecta al pulmón, sino a todos aquellos órganos del cuerpo por los que pasa el aire que respiramos: boca, garganta, tráquea, pulmón… Por eso, el deporte al aire libre también puede resultar perjudicial en lugares donde hay un alto nivel de contaminación. Así lo explica el doctor Carlos Egea, neumólogo responsable de la Unidad del Sueño en el Hospital Vithas San José de Vitoria, quien afirma que “la contaminación genera alteraciones por todos los órganos por los que pasa, por lo que, a mayor actividad física y aumento de respiración, mayor daño para nuestro cuerpo, órganos, y, sobre todo, pulmones”. Además, la contaminación también puede provocar el efecto invernadero, es decir, el aumento de temperatura, con lo que a medida que la contaminación sube, el efecto invernadero aumenta y también se exacerban los síntomas de los pacientes respiratorios.

“La contaminación no será un problema dentro de 20 generacione. Es un problema actual y más peligroso de lo que sospechamos”, afirma el doctor Egea.

 

 





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