Autoexploración de los testículos: prevenir el cáncer

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Autoexploración de los testículos

Un mito muy extendido es el que relaciona el cáncer de testículos con las lesiones, los desgarros musculares, los baños calientes o la ropa ajustada. Según los expertos, lo que verdaderamente debe ponerte sobre aviso son los cambios en el tamaño, la forma y el nivel habitual de nudosidad en uno o en ambos, de ahí que sea tan importante la autoexploración de los testículos.

Se habla mucho de la necesidad de realizar regularmente una autoexploración mamaria por parte de las mujeres para prevenir el cáncer de mama. Sin embargo, poco o nada se habla de la autoexploración de la próstata y los testículos en los varones, y eso que, en todos los casos, lo que debe hacernos sospechar de un posible tumor es el crecimiento anormal de un bulto. De ahí que sea tan importante hacer un chequeo regular, que debe comenzar desde los 15 años, ya que es el cáncer más común en hombres jóvenes de 15 a 35 años de edad, y el número de casos nuevos se ha duplicado en los últimos 50 años.

Autoexploración de los testículos ¡Vigila bien!

Los testículos son las glándulas sexuales masculinas y se hallan dentro del escroto, una bolsa de piel suspendida debajo del pene. Al igual que el ovario en la mujer, el testículo en el varón tiene un papel reproductor y otro hormonal. El papel reproductor es la formación de espermatozoides, encargados de fertilizar los óvulos femeninos. Su papel hormonal es la producción de la testosterona que es la hormona encargada de los rasgos varoniles: aumento del pene y escroto, crecimiento de barba y bigote, voz grave, aumento de masa muscular, etc. Según explican desde el movimiento Movember, una organización benéfica internacional que financia programas centrados en la investigación de los tumores masculinos, más del 90% de los cánceres de testículos se desarrollan en las células germinales, que son las encargadas de producir esperma. Cuando se produce un tumor en alguno de los dos testículos, las señales de alarma que nos deben poner sobre aviso son las siguientes:

  • La existencia de un bulto o hinchazón en alguno de los testículos (normalmente no doloroso).
  • La sensación de pesadez en el escroto.
  • Cualquier cambio en el tamaño o la forma de los testículos.
  • Dolor en la parte baja del abdomen o en las ingles.
  • Aumento súbito de fluido en el escroto.
  • Dolor o molestias en un testículo o en el escroto.
  • Agrandamiento o sensibilidad del tejido mamario.

Lo normal es que, al palparlos, los testículos estén suaves, firmes y muestren sensibilidad al tacto, pero no dolor. Si algo no está correcto, consulta a un médico.

No tiene por qué afectar al sexo

  1. Una vez se diagnostica, existen varias opciones de tratamiento: la orquiectomía es la extirpación quirúrgica del testículo afectado, y se realiza bajo anestesia general. Según explican desde la Asociación Española contra el Cáncer, aunque haya que extirpar un testículo, ello no alteraría la función sexual ni la fertilidad, aunque en un porcentaje muy reducido de pacientes se puede producir disminución del volumen seminal, disfunción eréctil y descenso de la líbido. En cualquier caso, un hombre con un solo testículo puede llevar una vida completamente normal.
  2. La quimioterapia y la radioterapia son otras dos opciones de tratamiento, indicadas a menudo tras la extirpación del testículo, y se aplican para destruir posibles células cancerosas que hayan podido propagarse a otras partes del cuerpo, como los nódulos linfáticos. Eso sí, las células germinales en división son muy sensibles a la acción de la quimioterapia, dando lugar a alteraciones en el semen del varón, al igual que ocurre con la radioterapia, siendo preciso establecer estrategias para conservar la capacidad reproductiva del varón, normalmente joven. Incluso los estadios más avanzados pueden ser curables, con cirugía y quimioterapia y/o radioterapia.
  3. Una vez que se alcanza la remisión de la enfermedad, un aspecto muy importante es la realización de un seguimiento adecuado con revisiones periódicas en las que se incluye la entrevista con el médico, la exploración médica, la realización de análisis sanguíneos (para determinar los niveles en sangre de los marcadores tumorales) y pruebas de imagen (como por ejemplo radiografía simple de tórax o la Tomografía Axial Computerizada: TAC).

Tener un antecedente familiar o personal de cáncer testicular, sufrir un descenso incompleto de los testículos de nacimiento (lo que se conoce como criptorquidia) y una enfermedad de los cromosomas denominada Síndrome de Klinefelter son tres factores de riesgo que  aumentan la probabilidad de padecer cáncer de testículos.

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