Young girl with hair brush isolated

Aunque la caída capilar no es un fenómeno exclusivo del otoño, el desgaste que el verano supone para el pelo tiene bastante que ver con que en esta época del año notemos no sólo que la melena “mengua”, sino también que luce más desvitalizada. Por suerte, hay un amplio repertorio de soluciones específicamente formuladas para plantar cara a esta situación y devolver al cabello -y a los folículos pilosos- la energía y la salud perdidas.  

La media de cabellos que se pierden a diario es de entre 100 y 150. Aunque depende de muchas circunstancias (la edad, el estado de salud, los niveles de estrés…), como regla general, cuando la cifra de pelos que “abandonan” la estructura capilar es mayor y se mantiene durante más de un mes, es muy probable que se trate de una caída reaccional que, además, suele ser más frecuente durante los cambios de estación (primavera y, sobre todo, otoño). Sin embargo, una investigación reciente, publicada en la revista British Journal of Dermatology, y en la que se ha estudiado la relación entre la estacionalidad y la caída del pelo, apunta a una mayor pérdida capilar en verano.

Cuándo es alopecia

Al margen del calendario, lo cierto es que la clave para prevenir una caída capilar “preocupante” (alopecia) es estar muy pendiente del número de cabellos “extra” que nos dejamos en el peine, en el cepillo, en la ducha o en la mano. Tal y como explica la farmacéutica Teresa Climent, technical manager de Nuggela & Sulé, se considera alopecia cuando se produce una pérdida activa de más de 150-200 cabellos al día y se aprecia una reducción visible de la densidad capilar. “Lo primero que hay que entender (y aceptar) es que el folículo piloso no produce cabellos de forma indefinida. Tiene alrededor de 30 ciclos de vida, durante los que ‘fabrica’ 30 cabellos nuevos. Pero alcanzada esta cifra, el folículo se cicatriza y sella, parando en seco su actividad”.

Cuando los síntomas de alopecia son importantes y se mantienen en el tiempo, es imprescindible consultar con el dermatólogo. En el resto de los casos, suele tratarse de una situación puntual y reversible, siempre y cuando se apliquen los cuidados y productos adecuados.

La ITV post-verano: el mejor punto de partida

Prevenir la caída, uno de los retos beauty que hay que acometer en septiembre, pasa por analizar y valorar las consecuencias que las vacaciones y el verano hayan podido tener a nivel capilar y ponerles remedio. “El simple gesto de hacernos una coleta o recogido con el pelo mojado puede ser más perjudicial de lo que pensamos, porque se nos rompe con mayor facilidad. Además, el cabello es un reflejo de cómo se encuentra nuestro cuero cabelludo, por lo que, si el pelo tiene un aspecto mate, está más deshidratado y encrespado, por ejemplo, hay que prestarle también atención al cuero cabelludo”, recomienda Teresa Climent, quien enumera los cinco factores o “enemigos capilares” a tener en cuenta al hacer esta revisión/puesta a punto después de las vacaciones:

  1. Sol: los rayos ultra violeta deshidratan la melena y provocan la pérdida de color. “Además, el exceso de exposición solar deja el pelo débil, sin brillo y sediento”.
  2. Cloro: además de ser un agente nocivo, ataca las grasas naturales protectoras del cabello y provoca que esté seco, áspero, quebradizo y con un color apagado.
  3. Sal de mar: su elevado pH (alrededor de 7,8) desgasta las fibras de queratina, “y, además, favorece la falta de elasticidad, la aparición de poros en la cutícula y la formación de puntas abiertas”.
  4. Radicales libres. “Se generan al pasar mucho tiempo al aire libre expuestos al sol, al viento o la contaminación. Estos radicales son moléculas que ‘roban’ el oxígeno, acelerando el proceso de envejecimiento; dañan el cabello rompiendo los enlaces de queratina, y provocan la pérdida del pigmento, tanto natural como artificial”, explica Climent.
  5. Agresores “térmicos”. La mayor frecuencia de lavado y, sobre todo, de técnicas que usan el calor (secador, planchas), además de restar hidratación, pueden afectar al cuero cabelludo, produciendo inflamación, picor y enrojecimiento en la piel de esta zona.
  6. Sombreros. “El uso de este complemento puede favorecer un exceso de sudoración o la falta de transpiración, que también perjudica al cuero cabelludo, propiciando la aparición de problemas más graves como la caspa, la caída del cabello o el retraso de su crecimiento”, comenta la experta. 

Skinification: una solución “al pelo”

Se entiende por “skinification” la integración en los cuidados faciales de una rutina que incluye limpieza, tonificación, exfoliación, hidratación, nutrición y protección. Cada vez son más los expertos que abogan por extender esta tendencia al cuero cabelludo, “ya que integra los diferentes procedimientos, fórmulas, activos e ingredientes que se utilizan en la cosmética facial para aplicarlo en el cabello, que se merece los mismos mimos que el rostro”, señala Teresa Climent. La farmacéutica explica cuál es el protocolo básico para adaptar esta estrategia al cabello y el cuero cabelludo:

  1. Pre-champú. “Es el equivalente al ‘primer’ cosmético o la esencia del tratamiento. Consiste en la aplicación de aceites, sérums, cremas o mascarillas antes del lavado. De este modo, se protege el cabello y queda preparado para cualquier producto que apliquemos después. El pre-champú se puede extender sobre el cabello húmedo o seco, y hay que aclararlo después de pasados unos 10-15 minutos”, afirma Climent.
  2. Peeling. Según explica la experta, el cabello experimenta una exfoliación natural una vez cada 20 días (la facial suele ser cada 4-7 días). Sin embargo, es importante “reforzarla” con un exfoliante o peeling capilar, “ya que no eliminar las células muertas del cuero cabelludo puede provocar patologías como la caspa, la dermatitis seborreica y la caída capilar. Además, los exfoliantes activan la microcirculación, favoreciendo así el crecimiento del cabello. Se recomienda realizar el peeling una vez al mes, recurriendo a cepillos masajeadores que favorezcan el flujo sanguíneo de la zona”.
  • Tónico. En el caso del cabello, estos productos tienen una misión muy definida: regular el pH capilar. “Un cabello en correcto estado se posicionaría en un pH entre 5 y 5,5, lo que se corresponde con un estado levemente ácido. Un pelo alcalino se muestra encrespado y débil, debido a la apertura de las cutículas. Sin embargo, un pelo con un pH correctamente regulado es suave, brillante y fácil de peinar”.
  • Sérum antiage. Al igual que la piel, el pelo también envejece con el tiempo. “En efecto, la circulación sanguínea se ve afectada y los nutrientes y el oxígeno no llegan de forma adecuada al folículo piloso, dando lugar a un cabello más fino, débil, seco, con menor volumen y con una mayor tendencia a la caída. Al mismo tiempo, se producen cambios en el color, pues los folículos pilosos donde se produce la melanina (el pigmento capilar) se van debilitando con la edad y dan paso a las canas”, explica Teresa Climent, quien ofrece las pautas para minimizar este efecto: “elegir una rutina adecuada para cabellos maduros y recurrir a ampollas fortalecedoras”.
  • Protección solar. Según comenta Climent, los protectores faciales y corporales están diseñados con factores de protección diferentes, “y en el caso de los capilares, no poseen filtros solares, salvo que estén indicados para una aplicación directa sobre el cuero cabelludo”. En todo caso, los beneficios de los protectores capilares justifican sobradamente su uso: protegen la queratina, neutralizan los radicales libres, evitan la pérdida de color en cabellos teñidos, eliminan el encrespamiento y aportan un efecto embellecedor.

Serum capilar: un cuero cabelludo agradecido

Los productos destinados al cuero cabelludo tienen una misión principal: activar la circulación sanguínea, lo que favorece, por un lado, el crecimiento de cabello nuevo y, por otro, fortalece y mejora el aspecto y el estado del ya existente. En este marco hay un cosmético que brilla con luz propia: los serums. Gisela Bosque, national makeup artista de Sephora, describe cuáles son los principales beneficios de incluir un sérum específico para el cuero cabelludo en la rutina cosmética habitual:

-“Blindaje” frente a dermatitis e irritaciones. “Además de estimular el bulbo (zona donde se forma el cabello nuevo), los sérums actúan como tratamientos calmantes, hidratantes y reparadores de la piel del cuero cabelludo (a menudo, una gran olvidada), fortaleciéndola y haciéndola menos susceptible a sufrir alteraciones”, dice la experta.

-Grasa a raya. Una ventaja a tener muy en cuenta de estos productos es el papel que juegan en la regulación de la grasa. Según explica Gisela Bosque, no solo el cabello “oficialmente” graso sino también el normal -e incluso el seco- pueden atravesar periodos de una mayor producción de grasa en el cuero cabelludo. “Épocas de estrés, fluctuaciones hormonales o la ingesta de alimentos ricos en azúcar pueden estimular las glándulas sebáceas y crear más grasa, haciendo que el pelo se ensucie antes y pierda brillo. La aplicación del sérum ayuda a regular el folículo y, con ello, lo equilibra, controlando esos episodios puntuales”.

-Un extra de volumen. “Cuando se cuida y nutre el cuero cabelludo también alimentamos el folículo piloso, que es donde nace el pelo. Esto hace que la cabellera se vea más densa y sana (incluso sin que se busque específicamente aumentar el número de cabellos), y luzca con más volumen desde la raíz y, por tanto, con más cuerpo”.

-El plus antiaging. Tal y como apunta Gisela Bosque, no solo la piel, sino que el cabello también revela o delata la edad: “Con el paso del tiempo, el pelo se hace más fino, ya que su diámetro se reduce. Por eso, incluso sin que haya problemas de caída, el cabello tiende a lucir más fino y se ve más pobre, pues la cabellera pierde densidad. Usar un sérum fortalecedor de forma regular ralentiza esa micronización capilar, aportando nutrientes directamente al bulbo”.

Vitaminas y aminoácidos: refuerzo interior

A pesar de su eficacia, no hay que perder de vista que los productos de cosmética capilar actúan solo a nivel tópico y superficial, de ahí que la prevención de la alopecia tenga que reforzarse “desde dentro”, con los complementos específicamente diseñados para mejorar la salud del cabello y prevenir-tratar la caída excesiva. En la formulación de estos productos juegan un papel protagonista determinadas vitaminas y aminoácidos.

La farmacéutica Helena Rodero, especialista en piel y cabello para Naturadika, describe cuáles son las vitaminas que han demostrado su eficacia en este cometido:

-Biotina (vitamina B8): “es clave para la salud del pelo tanto si se aplica de forma tópica (champús, mascarillas, ampollas) como si se toma por vía oral. Favorece el crecimiento del pelo, ayuda a engrosarlo y lo fortalece. Además, cuando la pérdida de cabello se debe a un déficit de esta vitamina, la suplementación resulta fundamental”.

-Retinol o vitamina A: además de ser un nutriente crucial para mantener la salud de la piel y las mucosas, también tiene beneficios a nivel capilar: “Unas pocas semanas de aplicación de retinol en gotas o a través de un champú que lo contenga son suficientes para conseguir un pelo más denso y fuerte. Asimismo, un consumo adecuado de vitamina A es clave para mantener la integridad de los folículos capilares, según ha demostrado una investigación reciente realizada en la Universidad Estatal de Ohio (EEUU)”.

-Vitamina D: tal y como explica Helena Rodero, la falta de vitamina D suele ser una causa frecuente de caída del cabello, especialmente en las mujeres y niños.

-Vitaminas antioxidantes (C y E): “aunque no se relacionan directamente con la salud capilar, dado que son potentes antioxidantes, es importante asegurar unos niveles adecuados para mantener el cuero cabelludo y los folículos pilosos saludables. Por su parte, la vitamina C aumenta la asimilación del hierro, uno de los minerales más importantes para el cabello”.

Por su parte, los especialistas de Aora Health, laboratorio farmacéutico especializado en la creación de nutracéuticos, señalan que se puede lograr la prevención de la caída del cabello y el fortalecimiento del mismo con la combinación adecuada de algunas vitaminas, lípidos, minerales, extractos naturales y, sobre todo, aminoácidos, especialmente dos:

-Cistina: es el aminoácido más importante que forma parte de la queratina (la proteína más abundante en el cabello y en las uñas). “Es una proteína dura, de tipo fibroso. Al ser un poderoso antioxidante, protege al cabello del daño solar”, comentan.

-Metionina: “es también un antioxidante muy potente, que aporta volumen al pelo y, además, elimina las células muertas y aumenta el flujo sanguíneo en los folículos capilares, promoviendo así un mayor crecimiento del cabello”. 

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Carla Nieto

Venezolana de nacimiento y gallega de corazón. Me licencié en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Desde hace 30 años escribo sobre salud & medicina, nutrición,...