calzado laboral

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¿Trabajas a jornada completa? ¿Y en el sector de la construcción o industrial? Si es así, nada de tacón alto y sí a la protección en puntera y talón. Los podólogos recomiendan para el “curro” un calzado con interior reforzado, impermeabilidad, traspiración y suela antideslizante y antiestática.

“Un buen calzado profesional debe adaptarse a cada puesto de trabajo y cubrir aspectos importantísimos como protección en puntera y talón e interior reforzado, impermeabilidad y transpiración, suela antideslizante y antiestática”. Así lo repite como un mantra el Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos, que da estas pautas y recomendaciones para un calzado de seguridad adecuado que proteja los pies y prevenga lesiones durante la jornada laboral.

El zapato profesional ideal

En concreto, si la actividad laboral implica permanecer un largo periodo de tiempo de pie, ya sea en posición estática o de movimiento, los problemas en articulaciones de pies, rodillas, caderas y columna suelen ser habituales, “por lo que el calzado laboral puede ser un buen método de prevención”, como así lo explica el secretario general del Consejo General de Podólogos.

  1. Lo ideal es utilizar zapatos que lleven plataforma ya que, de esta manera, disminuirá la presión sobre el antepié sin perder altura.
  2. En el interior del calzado pueden resultar buenas aliadas las plantillas de descarga metatarsal o de materiales de amortiguación, ya que aportan un mayor confort, aunque hay que tener en cuenta que se trata de una “solución” pasajera.
  3. Siempre que se pueda hay que escoger hormas anchas y de materiales flexibles como la piel, y caminar lo menos posible con zapatos de tacón.
  4. El CGCOP aconseja elegir uno resistente al frío y al calor, con protección en la puntera y zona del talón, con un cierre que proporcione buena sujeción, que sea lo más ergonómico posible, para facilitar el movimiento del pie en su interior, y que los materiales sean impermeables.
  5. También indica que es imprescindible que sea transpirable, que incluya una suela antideslizante y antiestática para prevenir accidentes eléctricos, y que la media suela tenga refuerzo interior para evitar perforaciones.
  6. También conviene utilizar zapatos ligeros, ya que un calzado pesado dificultará al usuario desempeñar correctamente su actividad profesional.

Los podólogos recomiendan elegir la talla correcta, probándolo, si es posible, hacia el final del día, cuando el pie está más dilatado.

El tacón: entre 1 y 4 cm

Según explican desde el CGCOP, “el tacón afecta al caminar: el bloqueo de la articulación del tobillo en una flexión plantar, que se ve incrementada proporcionalmente con la altura del tacón, hace que las articulaciones superiores, tanto la rodilla como la cadera, deban realizar más movimiento y, consecuentemente, un contoneo de caderas que es antifisiológico”. Por lo tanto, según los podólogos, la posición de los metatarsianos con un tacón moderado, entre uno y cuatro centímetros, está en condiciones óptimas: una angulación respecto al suelo que permite apoyar la parte más preparada anatómicamente para pisar, con ayuda de los elementos fibrocartilaginosos y protegidos por el mejor amortiguador jamás diseñado: la grasa plantar. Sin embargo, explican, “en el momento en que caminamos sobre unos tacones de más de cinco centímetros todo este sabio diseño corporal se desmorona: pasamos a cargar más del 75% de nuestro peso sobre la parte más sensible de nuestros metatarsianos, el cartílago, y sometemos a presiones bárbaras a las placas plantares de nuestras articulaciones, lo que puede generar inflamaciones, fisuras y, no pocas veces, roturas de las mismas. Además, reseñan que, asociado al tacón, “los stilettos generan una compresión de los segmentos digitales con las consecuentes lesiones dérmicas a corto o largo plazo, como heridas, callos, ojos de gallo, uñas encarnadas o exostosis subungueales”.

Cuidados aparte

Para el bienestar general de nuestro cuerpo, en invierno también es esencial mantener nuestros pies bien protegidos y cuidados. Para ello, no solo es imprescindible la elección de un buen calzado, sino también de los calcetines, que deben ser de fibras naturales para ayudarnos a evitar problemas en la piel. Y por último, en cuanto a la higiene, durante el invierno debemos mantener los cuidados habituales en piel y uñas, lavándolos con jabones neutros, prácticamente a diario, e hidratarlos. También es fundamental secarlos suavemente, prestando especial atención a la zona de entre los dedos, y no ponernos los calcetines cuando siguen húmedos, pues podríamos generar la aparición de infecciones.

Juanetes: evítalos

Aunque los juanetes, que son una deformación del dedo gordo del pie, se deban hasta en un 80% de los casos a factores genéticos (razón por la cual la tienen algunos niños), el calzado inadecuado también puede contribuir a su aparición, sobre todo en las mujeres, debido al uso de tacón alto y acabado en punta y sobre todo más allá de los 55 años. Otro factor determinante en su aparición es la llamada pisada “pronadora”, que significa que el pie se inclina hacia dentro al caminar. Si bien es un tipo de pisada muy común, el problema es cuando esta pronación se produce en exceso, ya que un exceso del movimiento del pie hacia dentro al caminar, a la larga, puede favorecer la aparición de deformidades en el antepié, entre ellas el juanete.

Para rectificar esta desviación del dedo, existen varios métodos, que se deben aplicar de menos a más y, de hecho, en el último escalafón, la cirugía, sólo debe realizarse si hay dolor, tal y como recomiendan los podólogos.

  1. Los ejercicios de rehabilitación constituyen el primer escalón que hay que abordar, eso sí, con constancia y sin abandonarlos: cuando aparece un juanete, entre un músculo que tira el dedo hacia arriba y otro que tira el dedo hacia abajo es más potente el primero, lo cual propicia la deformidad. Con los ejercicios, se puede fortalecer la musculatura para prevenir que el dedo continúe deformándose.
  2. El segundo método son las férulas nocturnas, que recogen el dedo gordo del pie y corrigen su dirección.
  3. Y como última opción está la cirugía, en la que se realiza una incisión lateral del dedo gordo del pie, de forma que se realinea el hueso y los ligamentos adyacentes. Esta opción se debe realizar, según los podólogos, sólo cuando el dolor es constante.

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Paula Rivero

Pertenezco a la primera promoción de Periodismo que salía del "horno" de Sevilla (en todos los sentidos), allá por el año 94. La falta de experiencia de una facultad que empezaba me llevó a tener...