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Los recién celebrados Juegos Olímpicos ha puesto de manifiesto la altísima autoexigencia a la que se someten los deportistas, que en muchos casos, puede pasar factura, y no solo en deportistas profesionales, también en los aficionados. Las altas expectativas que un deportista asume, la carga competitiva de los compañeros de equipo y en ocasiones la necesidad de un resultado y el grado de ansiedad que genera obtenerlo, están el germen de este estrés.

«El estrés mantenido tiene consecuencias multisistémicas que afecta en forma de sobrecarga o lesión y que impide el mejor rendimiento muscular», señala el doctor Juan Antonio Corbalán, responsable de la unidad de salud deportiva de Vithas Internacional. Sin embargo, este no tiene que ser un elemento negativo ya que, en su justa medida, ayuda al cuerpo a afrontar los retos. El problema, tal y como apunta el doctor, se da cuando este estrés es incontrolable.

Los efectos fisiológicos que puede tener en un deportista que sufre estrés permanente son multisistémicos ya que pueden afectar al sistema neurológico, al sistema metabólico-hormonal o cardiovascular así como al sistema inmunológico. “En mayor medida el estrés puede provocar cuadros de ansiedad, depresión y trastorno del sueño. A nivel cardiovascular la hipertensión arterial, alteraciones del ritmo y trastornos endoteliales», apunta el Dr. Corbalán.

Para evitar estas situaciones de estrés y los síntomas que pueden derivar de ello, es fundamental aprender herramientas para relativizar la práctica deportiva y no convertirse en personas prisioneras de una actividad que debería ser lúdica. «Para lograrlo es importantísimo el papel de los monitores, entrenadores, clubes y familias», destaca Juan Antonio Corbalán.

Cómo gestionar el estrés deportivo

Practicar deporte se asocia a numerosos beneficios, no solo porque supone un compromiso con los hábitos de vida saludables, sino que además fomenta el desarrollo positivo de la autoestima y el trabajo en equipo, entre otras cosas. Sin embargo, en muchas ocasiones su práctica también puede provocar efectos negativos como el estrés o la ansiedad relacionada con el rendimiento.

Ante esta situación y para saber cómo gestionar esta situación es importante llevar a cabo una serie de hábitos en nuestra rutina como entrenar, hidratarse, mantener una actitud positiva o dormir ya que mientras lo hacemos se eliminan toxinas y hormonas del estrés. Además, es fundamental el control del médico.

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