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BULLYING Y MOBBING: dos titanes del acoso

BULLYING Y MOBBING: dos titanes del acoso

BULLYING Y MOBBING: dos titanes del acoso

El bullying y el mobbing son los dos acosos más relacionados con la depresión en niños y adultos y uno de los motivos de suicidio que más han crecido en los últimos años.

Bullying y mobbing protagonizaban el XVIII Seminario para periodistas organizado por Lundbeck, que este año se centraba en la fuerte relación que estos dos acosos mantienen con la depresión, y en última instancia, con el suicidio. Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio que se celebra el 10 de septiembre, lo atajamos de la mejor manera que sabemos: hablando de él.

De este seminario se han extraído datos tan alarmantes como este: un 30% de los niños en edad escolar han sufrido niveles moderados de acoso escolar y entre el 10 y el 14% experimenta un acoso crónico que dura más de 6 meses. Lo peor de todo es que existe una relación bidireccional entre bullying y depresión: el acoso escolar crónico aumenta el riesgo de sufrir depresión y ésta incrementa a su vez la posibilidad de ser objeto de bullying. Y lo mismo ocurre con el mobbing o acoso laboral, ya que es un factor de estrés acumulado en el trabajo, por lo que es fácil terminar padeciendo síntomas depresivos.

Así, pues, la relación entre mobbing y depresión, como en el caso del bullying, es bidireccional: el acoso laboral predispone a padecer síntomas depresivos y estos predisponen a sufrir acoso en el trabajo. La consecuencia es una reducción de la satisfacción y el compromiso laboral, así como con el aumento del absentismo por enfermedad y la rotación laboral.

Víctimas del bullying y mobbing: el estigma de ser “diferente”

Tal y como lo define el doctor Celso Arango, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, el bullying es una agresión entre iguales repetitiva e intencional donde existe un desequilibrio de poder. El motivo principal para que se produzca acoso escolar es que la víctima sea “diferente”. De hecho, un factor que se entremezcla con este tipo de acoso es la “manía” que estos tienen a la víctima y la agresividad de los acosadores. Los acosados son descritos como personas retraídas, poco asertivas, fáciles de alterar emocionalmente y con poco entendimiento racional y social.

Miedo a contarlo

En el colegio, los elementos que caracterizan el bullying son abuso de poder e intencionalidad de hacer daño sistemático y recurrente. Sin embargo, una tercera parte de los afectados no cuenta a sus padres que son objeto de acoso, por vergüenza o miedo a represalias, con lo que la detección se hace más complicada.

Para acabar con esta lacra que crece día a día, los expertos destacan la importancia de la detección temprana, para lo cual, las actuaciones en el entorno escolar son las más efectivas a la hora de reducir tanto la agresión como los problemas internos (depresión, ansiedad, retraimiento social y problemas físicos o somáticos en adolescentes). Se estima que los programas escolares contra el acoso escolar reducen los casos alrededor del 20%.

Mobbing, una carga “extra” en el trabajo

Por otra parte, el mobbing se define como un comportamiento repetitivo y mantenido en el tiempo, a través de intentos vengativos, crueles o maliciosos de humillar o socavar a una persona o grupos de empleados en el trabajo. Las acciones típicas incluyen el aislamiento social, la intrusión en la privacidad, los ataques verbales o la intimidación. En España se estima que 1,5 millones de personas son víctimas de hostigamiento laboral, es decir, un 12% de los trabajadores en activo. En el caso del mobbing, los acosadores sí pueden identificarse con rasgos narcisistas, psicopáticos y paranoides, pero no existen evidencias para perfilar al acosado: cualquier persona podría verse afectada por este problema.

Según la OMS la prevención del mobbing debe realizarse a tres niveles: en la prevención primaria el empleador debe adoptar medidas para informar y formar al empleado. La prevención secundaria debe tener lugar una vez que el mobbing ha empezado: designación de un confidente que escuche al presuntamente acosado y/o la elección de la figura de un mediador. Por último, el nivel terciario contempla el establecimiento de medidas que ayuden a recuperar la salud y dignidad de los trabajadores afectados. En cuanto al tratamiento, se necesita un abordaje multidisciplinar que implique a los diversos profesionales del equipo de Atención Primaria y la Red de Salud Mental, así como un tratamiento combinado de farmacología y psicoterapia.

Bullying-mobbing-depresión

Lo curioso es que también existe una relación entre bullying y mobbing, de la que dan fe algunos estudios como el de Brengden Et Al de 2018, cuyos datos reflejan que adultos objeto de mobbing a menudo habían sido acosados en la escuela. Las víctimas son más propensas a sufrir trastornos psiquiátricos, relaciones sociales más deficientes y problemas financieros y laborales una vez se convierten en adultos. “Es un círculo vicioso”, matiza el doctor Arango. El rasgo de ser “diferente” hace a la persona más vulnerable al acoso y el acoso, a su vez, aumenta el riesgo de depresión y sus complicaciones, la más grave, el suicidio”. De hecho, diversos estudios hablan de que el acoso escolar entre 13 y 17 años predice un aumento de depresión a los 19-20 y, a su vez, el aumento de los síntomas de depresión en esta edad predispone a ser objeto de acoso laboral a los 22 años.





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