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Causas de la enuresis y sus soluciones

Causas de la enuresis y sus soluciones

Causas de la enuresis y sus soluciones

Un niño padece enuresis cuando, después de los cinco años, se sigue orinando en la cama durante el sueño, un mínimo de entre dos y cuatro noches al mes y durante un periodo de al menos tres meses consecutivos. Conocer las causas de la enuresis para frenarla a tiempo es fundamental para el desarrollo psicológico y social del niño y para que no impacte en su autoestima. Algo mucho más fácil de lo que crees con ayuda de tu pediatra o urólogo.

La enuresis o enuresis nocturna se define como la emisión de orina o la pérdida incontrolable de orina durante el sueño, sin despertar, a una edad inapropiada y socialmente inaceptable. Es decir, un niño padece enuresis cuando, después de los cinco años, se sigue orinando en la cama durante el sueño, un mínimo de entre dos y cuatro noches al mes y durante un periodo de al menos tres meses consecutivos.

Se trata de un trastorno frecuente que puede afectar a cualquier niño: aproximadamente el 15% de los niños a los 5 años y el 10% a los 6 años la padecen. Según datos de población del INE, la enuresis afectaría a unos 500.000 niños en España. Dada la importancia y frecuencia de este trastorno, muchos pediatras se han reunido en Madrid en un curso de Actualización en Enuresis desde Atención Primaria, con objeto de dar visibilidad a un trastorno que es calificado como enfermedad y que debe ser tratado desde el ámbito médico y de manera temprana, dadas las consecuencias que pueden tener en la vida adulta.

Causas de la enuresis

Tal y como indica el doctor Juan Carlos Ruiz de la Roja, jefe de Urología del Hospital Santa Cristina de Madrid y director del Instituto Urológico Madrileño, “en menos del 10% la causa de la enuresis es psicológica, mientras que en más del 90% la causa es puramente médica”. De hecho, la enuresis tiene una base fisiopatológica multifactorial y puede deberse a:

1.      La alteración del ritmo circadiano de la hormona antidiurética, la más frecuente.

2.      Una sobreproducción de orina nocturna.

3.      La capacidad reducida de la vejiga.

4.     La incapacidad para despertarse.

5.      El factor genético: investigaciones recientes indican que es probablemente hereditaria. Así, el riesgo de orinarse en la cama es entre 5 y 7 veces mayor entre los niños con un progenitor enurético y aproximadamente 11 veces más si ambos padres lo fueron de niños.

6.      Por último, la enuresis puede ser síntoma de patologías más graves como diabetes, infecciones o malformaciones del aparato urinario, infecciones de orina, etc. De ahí que un estudio detallado y un correcto diagnóstico permitan descartar patologías de fondo más complicadas.

No dejes para mañana…

El desconocimiento que hay en torno al problema, provoca que menos del 20% de los niños y jóvenes que la padecen reciban un diagnóstico y tratamiento adecuados. Tal y como explica la doctora Isabel Lostal Gracia, pediatra en el Centro Salud Actur Oeste de Zaragoza, es muy importante dar a este trastorno la importancia que tiene y actuar a tiempo, ya que “de no abordarse, la situación puede perpetuarse hasta que el proceso madurativo concluya o hasta que corrijamos la enfermedad, sobrepasando, en muchos casos, la etapa de la pubertad”.

La autoestima, primera víctima

Esta experta nos explica que “la enuresis tiene importantes consecuencias para el propio niño, su familia y su entorno, con impacto en la autoestima, el bienestar emocional y la actividad diurna del niño, incluido su rendimiento escolar y social, al evitar actividades propias de su edad: ir a casas de sus amigos, dormir en casa de familiares, campamentos de verano o colonias, porque no quieren que se sepa que se orinan en la cama”. Y continúa: “si los padres no consultan específicamente al pediatra y, en el contexto de la revisión de 6 años del Programa de Salud Infantil no se pregunta, puede pasar inadvertida hasta edades muy tardías. De ahí la importancia de la sensibilización hacia el problema por parte de los profesionales de la salud”, afirma la experta.

Por su parte, el doctor Ruiz de la Roja explica que “la enuresis, pasados los 5 años, tiene una tasa de curación alta, pero los estudios nos indican que la temprana intervención permite que dejen de orinarse antes y que las complicaciones sean más leves y desaparezcan antes” asegura. Por ello, es importante realizar siempre un estudio médico adecuado para llegar a un diagnóstico exacto. El médico, pediatra o urólogo, es el único capacitado para determinar la causa real del trastorno, y determinar el tratamiento a seguir. Sin embargo, solo 2 de cada 10 niños o jóvenes son evaluados y tratados por un médico.

Manos a la obra, con ayuda del pediatra

Según establece el protocolo de intervención terapéutica de la Asociación Española de Pediatría, la intervención debe abarcar estos pasos:

·        Explicar a los padres que se trata de un trastorno benigno y que generalmente se autolimita.

·        Reducir la ingesta de líquidos antes de ir a la cama.

·         Levantar al niño por la noche para que orine.

·         Reasegurar al niño y evitar que se sienta culpable para evitar efectos emocionales secundarios.

·         Establecer un período de observación con al menos dos semanas de autorregistros y refuerzos positivos antes de iniciar un tratamiento más específico, dada la alta tasas de curaciones espontáneas.

·         Establecer una terapia de modificación de conducta, que incluya:

1.      la aplicación de un Pipi-stop (60-80% respuestas): un aparato que emite una alarma cuando hay humedad en las inmediaciones y que se coloca en el calzoncillo o en la braguita y funciona automáticamente despertando al niño. El aparato consta de un pequeño sensor, una placa de baquelita con un circuito eléctrico impreso y un timbre que se dispara cuando el sensor detecta humedad.

2.      Entrenamiento en retención voluntaria.

3.      Entrenamiento en cama seca: alarma + entrenamiento en limpieza + despertar por la noche + control de retención + práctica positiva.

·         Tratamientos farmacológicos: el médico establecerá, en caso de ser necesario, las dosis de Imipramina o desmopresina que considere oportunas.





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