CIRUGÍA ESTÉTICA El factor psicológico

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Según los expertos, las operaciones de cirugía estética a veces esconden complejos y trastornos psicológicos que deben ser descubiertos y tratados. En el mes de la salud mental, recordamos algunos aspectos a tener en cuenta antes de someterte a una operación de este tipo.

Las personas con cierto grado de adicción a las operaciones estéticas suelen ser personas con unas ideas de perfección determinadas, dañinas en algunos casos, que pueden provocar ansiedad y que deben ser tratadas. Así se ha expresado terronAmaya Terrón, psicóloga colegiada y fundadora de Psicología Amaya Terrón, quien asegura que antes de someterse a una intervención de cirugía estética se deben chequear los aspectos de la personalidad, las expectativas y la estabilidad emocional del paciente, así como tener en cuenta su edad y madurez psicológica.

No aptos…

  • No son buenos pacientes para cirugía estética aquellos con una imagen pobre de sí mismos, basada únicamente en su aspecto físico.
  • Las personas que por su juventud aún tienen aspectos físicos que desarrollar.
  • Las personas impulsivas o con tendencia a la temeridad.
  • Aquellas con tendencia a tomar decisiones poco razonadas o bajo la influencia de terceros.
  • Las personas sensibles al rechazo o socialmente mal adaptadas y con la creencia de que ganarán habilidades sociales tras la intervención. En general, explica Amaya Terrón, las personas que quieran cambios radicales en su imagen por una incapacidad de relacionarse debido a su aspecto físico no serían los pacientes ideales para estas operaciones, ya que las expectativas sobre la cirugía deben situarse en un plano estético, no psicológico. “Muchas de estas personas tienen la expectativa de que tras la intervención su vida social va a dar un giro y nada más lejos de la realidad”.

Aptos…

  • Personas con una autoestima sana y un concepto del yo lo suficientemente estable como para no depender de factores externos como el aspecto físico únicamente. “Querer mejorar es algo saludable, algo que todos en cierta forma queremos, el problema es cuando nos queremos sentir distintos modificando nuestro aspecto”, señala Amaya Terrón.
  • Personas sanas desde el punto de vista psicológico y físico, capaces de discernir con claridad si los beneficios de la intervención son mayores que los riesgos que conlleva.

La clave del sí, en las expectativas
¿Qué esperas tú de una operación estética determinada? Esta pregunta es esencial tenerla en cuenta a la hora de determinar si un paciente es o no apto para someterse a este tipo de operaciones. Según la psicóloga, la clave está en las expectativas, que deben situarse en un nivel estético y no psicológico. El hecho de modificar algún aspecto puntual de nuestra imagen no es algo negativo si previamente hemos aceptado y trabajado nuestras expectativas. La cirugía estética mejora, pero “aquellas personas que buscan un cambio radical en sus cuerpos o rostros buscando una forma de sentir distinta pueden acabar con el dinero gastado inútilmente y con ilusiones perdidas”.

Por lo tanto, “antes de que las personas se sometan a estas operaciones deben hacer el ejercicio de revisar los motivos reales que les lleva a someter su cuerpo a un cambio, en muchas ocasiones radical”. “Es importante que el paciente se pregunte: ¿Lo hago por mi o por otras personas? ¿Me siento presionado o soy libre en la elección?”. También es importante que todas las personas que vayan a someterse a una intervención de cirugía estética se sometan a un estudio psicológico, por parte de un profesional de la psicología, para que averigüe si la persona es estable emocionalmente y no carga con ninguno de estos trastornos psicológicos:

1. La dismorfofobia, que según explica Amaya Terrón es una creencia obsesiva o una preocupación personal exagerada por poseer un defecto en el aspecto físico y que es prácticamente imperceptible para otra gente. “Las personas que padecen este tipo de trastorno, son temerosas de la opinión que otras personas puedan hacer sobre ellas y su aspecto físico. La imagen corporal está distorsionada y pueden llegar a describirse a sí mismas como “deformes” o “monstruosas”, cuando en realidad su aspecto es normalizado. Les provoca una gran ansiedad el hecho de exponer el motivo de su miedo o fobia y no responden a racionalización”.
2. Otro problema que se esconde detrás de la intención de someterse a una intervención es la aceptación social; “existen personas que creen que al tener un estándar de cuerpo o aspecto físico van a ser aceptados y/o queridos socialmente. Una búsqueda desesperada externa de aprobación que condiciona sus decisiones y hace poner constantemente su vida en peligro es un problema psicológico que difícilmente se corrige con bisturí”, apunta Amaya.
3. También existen ciertos complejos que atormentan a la persona la cual les da un valor sobredimensionado y de ahí el malestar que producen. Como pensamientos distorsionados que son, pocas veces tienen que ver con la realidad del individuo y realmente es la propia persona la que ha exagerado ese complejo y le ha dado importancia superior a la debida. “Es en estos casos cuando debemos plantarnos hasta qué punto es una percepción propia o producto de la propia persona y su nivel de exigencia consigo misma.
4. La baja autoestima es otra de las razones que se ocultan detrás de una intervención estética. “Una autoestima que se base o dependa de factores externos de forma exclusiva no es una autoestima sana desde el punto de vista psicológico y debe ser revisada antes de someterse a cualquier cambio estético por la poca estabilidad de este aspecto de la psique”, añade. En todos estos casos, comenta Amaya, “la intervención quirúrgica no soluciona el malestar de la persona, pues existe un problema de fondo más complejo. No olvidemos que lo construido sobre pilares inestables, por muy robusto que sea, es inestable”.

La adicción existe
Hay dos tipos de operaciones de estética: la reparadora o reconstructiva que está encaminada a reconstruir o reparar la forma o la función de aquellas estructuras del cuerpo que o bien por problemas genéticos, traumas externos como heridas o quemaduras, cirugías previas o tumores han quedado afectadas estéticamente dañando la autoestima de la persona. Y la otra es la cirugía estética que se realiza para mejorar las estructuras del cuerpo o el rostro con la intención única de mejorar estéticamente su aspecto externo y la autoestima como consecuencia. “Ambas son perfectamente aceptables y tienen sus funciones y motivos. Sin embargo, uno de los peligros que entraña la cirugía estética es la adicción a las operaciones, ya que algunas personas, cuando superan el miedo a los retoques, se enganchan a la necesidad psicológica y enfermiza de repetir una y otra vez en busca del cuerpo perfecto. “Detrás de la adicción a los cambios en estética hay un tipo de ansiedad que merece ser atendida”, reconoce Amaya. “Las ideas de perfección son bastante dañinas en las personas, y éstas deben ser tratadas de antemano. La necesidad de cambio constante es un pensamiento y conducta que no es aconsejable y que puede llevar a las personas a tomar decisiones erróneas de las que puedan arrepentirse en un futuro y a exponerse a correr riesgos innecesarios”.

¿Y los adolescentes?
“Cuando un adolescente quiere someterse a un cambio estético hay que tener especial cuidado porque hay aspectos de su cuerpo que quizá no se hayan desarrollado lo suficiente y porque son más vulnerables a dejarse influenciar por modas y grupos de referencia y éstos pueden cambiar en el tiempo, sin embargo, la operación perdurará a la moda”, explica Amaya.

“En estos casos, hay que preguntar y valorar objetivamente la parte del cuerpo a operar. Hay casos en los que puede ser la solución a un problema puntual, pero hay que tener mucho cuidado en este perfil de paciente, dadas sus particulares características, influenciabilidad, impulsividad, inmadurez psicológica, tendencia a adaptación al grupo e inestabilidad en decisiones”, comenta.

“Lo que podemos hacer si nuestro hijo nos plantea esto es escucharle, atender a su demanda y actuar como su aliado sin juzgarle ni quitándole importancia, ofreciéndole nuestra confianza, pero tomándonos muy en serio sus motivos. Quizá detrás de esta petición haya algo más que merezca ser atendido y que tras una operación quede encubierto”, añade Amaya.

¡Reflexiona antes!

  • Pregúntate la verdadera motivación que te lleva a someterte al cambio.
  • Valora otras alternativas menos intrusivas antes de someterse a técnicas más agresivas para el cuerpo.
  • Habla con personas allegadas y de confianza que te pueden apoyar sin dejarte influir en sentido contrario. Una ayuda pre y post operatoria siempre es aconsejable.
  • Asegúrate de conocer la titulación y los trabajos previos realizados del cirujano.
  • Habla con franqueza y total honestidad de lo que esperas con el cirujano antes de tomar la decisión y déjate ayudar por las opiniones de expertos.
  • Valora objetivamente el riesgo/beneficio y las posibles complicaciones que se puedan derivar.
  • Infórmate todo lo posible sobre lo que van a hacer y no vayas “a ciegas”.
  • Tanto en el preoperatorio como en el postoperatorio, sigue las indicaciones del cirujano.
  • Psicológicamente pregúntate no solo el porqué, sino el para qué, y prepárate para la decisión tomada.

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