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Cólico nefrítico: la piedra de toque

Cólico nefrítico: la piedra de toque

Cólico nefrítico: la piedra de toque

Muchos lo definen como el dolor más insoportable experimentado en su vida. Y no es para menos, ya que el cólico nefrítico se produce cuando un cálculo o piedra se queda atascado en el tracto urinario, con las molestias que ello supone.

El cólico nefrítico se define como un dolor, generalmente muy intenso, que se produce por el taponamiento de la salida de la orina del riñón. Esta obstrucción o taponamiento está producida por la presencia de uno o varios cálculos renales, los cuales se definen como una agregación de sales minerales y compuestos orgánicos que normalmente están disueltos en los líquidos biológicos (como la orina) pero que pueden acumularse en zonas como el riñón y el tracto urinario, dando lugar a formaciones de material duro y cristalino.

Cuando se forma una piedra pequeña en el riñón, ésta puede desprenderse y salir al exterior junto con la orina sin provocar dolor. En el caso del cólico, esta piedra suele ser de mayor tamaño, lo que dificulta que pase por la única vía de salida que tiene, los uréteres, un tubo de un centímetro de diámetro, que une al riñón con la vejiga, con lo que el cálculo queda atrapado, bloqueando el flujo de la orina y propiciando que, para  dejarle paso, las paredes musculares del uréter sufran espasmos. Seguir una alimentación saludable (proteínas y azúcares en su justa medida, dieta hipocalórica) y, sobre todo, beber un mínimo de litro y medio de agua al día, son buenas medidas a adoptar para prevenir esta dolorosa patología y, sobre todo, evitar que se repita. De ahí que el cólico nefrítico resulte tan doloroso.

Arenillas y piedras

El tamaño de las piedras puede variar de un milímetro (en forma de arenillas fácilmente eliminables) a varios centímetros de diámetro. Puede aparecer una única piedra o también, presentarse varios cálculos. Se estima que las personas afectadas por piedras en el riñón (litiasis renal) sufren su primer episodio de cólico nefrítico entre los 20 y los 40 años, siendo la prevalencia de esta patología mayor en los hombres que en las mujeres.

En cuanto a la tipología de los cálculos, éstos dependen de las sales y otros compuestos orgánicos que intervienen en su composición. Así, se habla de cálculos de oxalato cálcico (un buen número de los que se forman en el riñón pertenecen a este tipo), de fosfato cálcico, de la mezcla de ambas sales, de ácido úrico o de fosfato armónico magnésico.

El desarrollo de las piedras en el riñón se relaciona con la disminución de la cantidad de orina producida a su vez por la escasa ingesta de agua, el abuso de dietas ricas en proteínas o la ingesta de ciertos medicamentos. También se asocia con otros factores de tipo genético e incluso ambiental. Así, por ejemplo, se sabe que los cálculos de ácido úrico son más frecuentes en determinadas regiones de España y, también, que su aparición es más propicia en ciertas épocas del año, explica el doctor José Enrique Robles, especialista del Departamento de Urología de la Clínica Universitaria de Navarra.

A vueltas con el calcio

Respecto al hecho de si los afectados por un cólico nefrítico deben seguir algún tipo de régimen alimenticio especial, el doctor Robles señala que hay que diferenciar dos tipos de situaciones. Si se trata del primer episodio de cólico nefrítico o cálculo renal, no hay que seguir ninguna precaución especial. En el caso de que el paciente cuente con antecedentes de cólicos de repetición, lo más importante es intentar averiguar cuál es la razón metabólica de ese trastorno para, una vez determinada y analizada, indicar una dieta adecuada a ese problema.

En este sentido, hasta hace poco se aconsejaba a los pacientes con cálculos renales llevar una dieta pobre en calcio (evitar la ingesta de  leche y
derivados). Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado lo inadecuado de esta medida. Un grupo de expertos de la Universidad de Harvard ha llegado a la conclusión de que eliminar este mineral de la dieta puede provocar el efecto contrario, ya que, según ellos, los regímenes pobres en calcio tienden a aumentar la absorción intestinal de oxalato, el otro componente de los cálculos oxalo-cálcicos; limitan el aporte de fósforo, lo que disminuye el nivel de una sustancia, los pirofosfatos, que son inhibidores de la formación de cálculos, y, además, aumentar el riesgo de osteoporosis. ?Mientras a algunos pacientes les beneficiaría una dieta reducida en calcio, a otros puede traerles complicaciones e incluso agravarles la situación, de ahí que para determinar si se puede prescindir o no del calcio en la dieta haya que estudiar a cada paciente, señala el urólogo.

Diagnóstico primero. Dieta después

Diagnosticar correctamente el tipo de cálculo que produce el cólico es, por tanto, fundamental, ya que de ello va a depender la supresión o inclusión de ciertos nutrientes en la dieta diaria. Algo similar a lo que ocurre con el calcio se produce también con el ácido úrico: esta sustancia puede ser responsable tanto de la formación de cálculos de ácido úrico como de cálculos de oxalato cálcico. ?En aquellos casos en los que se hayan diagnosticado cálculos de ácido úrico es conveniente reducir la ingesta de aquellos alimentos que lo incrementan: carnes rojas, frutos secos, embutidos, vísceras, alcohol, marisco…

Sin embargo, y según comenta el experto, no hay que adoptar medidas restrictivas en lo que a la dieta se refiere, ya que ésta ocupa un lugar secundario en el tratamiento de esta patología. Ha habido muchos pacientes que, por ejemplo, al diagnosticarles un cálculo cálcico han prescindido totalmente de la leche y sus derivados y, al cabo de un tiempo, han vuelto a padecer un episodio de cálculos, de lo que se desprende que la dieta
puede no ser tan determinante, afirma el doctor Robles.

Lo que sí se puede prescribir para todas aquellas personas que hayan padecido algún episodio de cálculos o cólico nefrítico son unos consejos generales que no son especialmente restrictivos, sino que hacen referencia más bien a la necesidad de llevar un estilo de vida sano: ?Intentar aumentar la ingesta de líquidos, procurar hacer una dieta razonablemente baja en calorías, reducir la cantidad de azúcares de absorción rápida y de sal, incrementar la actividad física y procurar que la dieta no sea monótona ni restrictiva, salvo que se conozca cuál es el trastorno metabólico que ha producido el cálculo, recomienda Robles.

La importancia de los líquidos

La primera y más simple de las medidas para los pacientes con litiasis renal es aumentar la ingesta de agua, algo que no siempre se consigue. Pero, además, mantener el organismo debidamente hidratado es indispensable para asegurarse unos  riñones en perfecto estado. Así, por ejemplo, la pérdida de agua y sal provocada por el calor puede dar lugar a la aparición de insuficiencias renales. Lo ideal es consumir  un mínimo de un litro y medio de líquidos al día, de los cuales, aproximadamente el 75 por ciento deben ser agua y el resto infusiones, caldos y zumos, preferentemente colados, recomienda el doctor Robles.

En cuanto a los zumos, la mejor elección son los cítricos ya que contienen unos compuestos, los citratos, que son unas sustancias inhibidoras de la cristalización y, por tanto, previenen la formación de cálculos. El doctor Robles recomienda limitar la ingesta de café (contiene mucho oxalato), de las bebidas carbónicas (son ricas en azúcares) y del alcohol.

Pero, volviendo al agua: ¿vale cualquier tipo? Lo mejor es consumirla natural y, entre las distintas opciones existentes, elegir la que contenga menos iones. ?Es muy aconsejable leer con detenimiento la etiqueta ya que hay aguas que, pese a ser minerales, contienen mucho calcio o mucho bicarbonato. De todas formas, para los casos de cálculos y cólico nefrítico lo que importa del agua es su volumen, es decir, la cantidad ingerida, aunque siendo puristas habría que buscar siempre aquella que sea de mejor calidad.

El control del peso, fundamental

Una dieta completa e hipocalórica es el tipo de alimentación más adecuado no solo para prevenir la formación de cálculos sino también para combatir uno de los factores que los propician: la obesidad. Así lo ha confirmado un estudio reciente realizado por expertos del Brigham and Womens Hospital, de Boston, según los cuales, no hay ninguna duda de que los cálculos renales están relacionados con la obesidad. La explicación que dan los investigadores es que, dado que la mayor parte del aumento de peso en la edad adulta se debe a incrementos en la grasa en lugar de aumento en el músculo o en el hueso, esta relación entre el sobrepeso y el mayor  riesgo de litiasis renal puede deberse a que el tejido adiposo desempeña un importante papel en la formación de los cálculos.

Claves para identificarlo y tratarlo

  1. El dolor aparece de forma repentina en la zona lumbar o espalda
    baja y se irradia hacia el abdomen anterior y los genitales.
  2. Se trata de un dolor intermitente, que surge cada pocos minutos,
    y que puede durar horas o días.
  3. No mejora cambiando de posición.
  4. Se trata de un dolor inquietante. Muchos de los que lo padecen lo
    definen como una sensación de tipo lacerante.
  5. Se asocia a náuseas, vómitos, sudoración y sensación de hinchazón
    abdominal.
  6. El color de la orina puede ser oscuro o turbio.
  7. No suele producir fiebre.
  8. Una de sus principales consecuencias es que existe la posibilidad
    de padecer más de un cólico nefrítico a lo largo de la vida. Se estima que
    un 50 por ciento de los pacientes
    sufre un nuevo cálculo en los cinco años siguientes al episodio.
  9. Como el dolor puede llegar a ser muy intenso se puede aplicar
    calor local.
  10. En cuanto a los fármacos, los analgésicos son los medicamentos
    prescritos para aliviar este dolor.
  11. No todos los cálculos se expulsan y hay que recurrir entonces a
    una sencilla intervención, la LEOC (litotricia extracorpórea por ondas de
    choque), que es el tratamiento de elección en los cálculos de gran tamaño
    localizados en el tracto urinario. Es muy efectiva, ya que deshace la
    piedra para que pueda ser fácilmente expulsada por el organismo.




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