Epicondilitis o codo de tenista: dolor y falta de fuerza

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La epicondilitis o codo de tenista es la lesión más común del codo, un trastorno que provoca dolor en su cara externa, en la región del epicóndilo. Afecta a las personas que realizan de forma repetitiva movimientos de hiperextensión del codo, por lo que es muy común que lo sufran jugadores de tenis o deportes similares (de ahí su sobrenombre). Pero otras muchas ocupaciones y profesiones pueden desencadenarlo.

El codo de tenista es una inflamación de los tendones que unen los músculos del antebrazo con la parte exterior del codo, que se dañan debido al uso excesivo y al repetir los mismos movimientos una y otra vez. Esto produce dolor y sensibilidad en la zona, que puede irradiarse hacia la parte externa del brazo o antebrazo.

Es común en personas que practican deportes como el tenis o el squash, pero también como consecuencia de un sinfín de ocupaciones: en la carpintería o la construcción (al trabajar con un destornillador o taladro), en una oficina por el uso reiterado del ratón del ordenador, o en las tareas del hogar al llevar peso cuando realizamos la compra o cogemos en brazos a un niño repetidamente.

Dolor y falta de fuerza

El síntoma principal es el dolor, que aparece primero levemente (se manifiesta al realizar movimientos tan simples como desenroscar un bote de conservas o levantar cualquier objeto, aunque no sea muy pesado) para empeorar con el tiempo. También se pueden notar falta de fuerza y rigidez.

Epicondilitis o codo de tenista: hacia la curación

Si hay sospecha de epicondilitis, lo primero que debe hacerse es evitar los movimientos que provoquen dolor y acudir al especialista, porque por lo general el dolor no pasará con el tiempo, es más, puede cronificarse y hacer más difícil su curación.

1.      El tratamiento inicial consiste en evitar los ejercicios y movimientos que causen dolor, dejando en reposo de la zona, aplicar hielo y, si el especialista lo considera, tomar antiinflamatorios. Puede ser útil la utilización de una codera o férula inmovilizadora (normalmente durante unas semanas).

2.      Cuando el dolor es intenso, puede ser necesarias inyecciones de corticoides en la zona. Una vez que la fase aguda ha pasado y el dolor se ha mitigado, se puede iniciar un programa de rehabilitación con ejercicios específicos, masajes y otras terapias (electroestimulación, ultrasonidos).

3.      En raras ocasiones se requiere de cirugía, pero puede plantearse si tras al menos 9 meses de tratamiento conservador los síntomas no remiten.

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