Muerte súbita en el deporte: la intensidad importa

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La intensidad en el deporte puede determinar el riesgo de muerte súbita en pacientes con alguna patología cardíaca de base, siendo el ciclismo, el running o el fútbol las actividades deportivas que más demanda energética conllevan, y, por lo tanto, que mayor riesgo tienen, tanto a nivel de competición como recreacional.

Saber que tu hijo padece una miocardiopatía (enfermedad genética que afecta al músculo cardíaco o una canalopatía (alteración genética eléctrica del corazón), enfermedades ambas que conllevan un mayor riesgo de aparición de arritmias ventriculares (malignas) y de muerte súbita en menores de 30 años, produce una gran preocupación y muchas preguntas relacionadas con la práctica del deporte. ¿Existe riesgo de muerte súbita si mi hijo únicamente practica deporte a nivel recreacional? ¿El riesgo es mayor si compite? ¿Qué deportes están permitidos? ¿Cuál entraña más riesgo? ¿Qué edades son más peligrosas? Sobre estas cuestiones han debatido extensamente los cardiólogos reunidos en el IV Congreso Virtual de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) eCardio20. Esta vez, son las estadísticas las que llaman a la calma: la incidencia de muerte súbita en el deporte es rara, ocurriendo en solo uno o dos casos por cada 100.000 deportistas al año. Eso sí, en pacientes diagnosticados, la evidencia apunta al mantenimiento de la práctica deportiva en perfiles de bajo riesgo y siempre en un ambiente seguro.

Muerte súbita en el deporte: riesgos según la edad

El deporte puede desencadenar arritmias e incrementar el riesgo de muerte súbita si se padece alguna de las siguientes patologías:

  1. “En pacientes por debajo de 30 años, tanto las miocardiopatías como las canalopatías constituyen la primera causa de muerte súbita en el deporte”, explica la doctora Esther Zorio, cardióloga de la Unidad de Cardiopatías Familiares y Muerte Súbita del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia y miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).
  2. Por encima de los 30 años, “la cardiopatía isquémica, es decir, la enfermedad coronaria que se manifiesta fundamentalmente como un infarto agudo de miocardio o una angina de pecho, se sitúa como la primera causa de muerte súbita asociada al deporte”, asegura la experta. 

También en deporte recreacional

A menudo pensamos que la muerte súbita se produce solo cuando se producen deportes de competición. Sin embargo, al estar directamente relacionada con el deporte de intensidad, la muerte súbita es más frecuente cuando se practican deportes con más demanda energética como el ciclismo, el running o el fútbol, y también a nivel recreacional. De hecho, la doctora Zorio asegura que “el riesgo es similar tanto si hablamos de deporte competitivo como recreacional”, por lo que las recomendaciones son las mismas. Por el contrario, los deportes menos asociados a muerte súbita son aquellos con baja carga estática y dinámica: el golf, el yoga o el críquet, por ejemplo.

¡Practícalo en un ambiente seguro!

Según explica la cardióloga, a la hora de practicar deporte es importante hacerlo en un ambiente seguro y promoviendo la comunicación con el deportista, su familia y entrenador.

  1. Evitando situaciones de riesgo añadidas como caídas.
  2. Evitando la deshidratación.
  3. Evitando olvidos en la toma de la medicación.
  4. No superando la barrera del 60-80% de la frecuencia máxima cardiaca.
  5. Contar en el entorno con personal formado en técnicas de reanimación cardiopulmonar (RCP) y un desfibrilador (DESA).

Miocardiopatía arritmogénica: la más frecuente

Según explica la doctora Begoña Benito, cardióloga de la Sección de Arritmias del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, la miocardiopatía arritmogénica, sin ser la más frecuente, sí puede ser causa importante de muerte súbita en el deporte. “En su modalidad más típica, esta enfermedad se produce por mutaciones en los discos intercalares, es decir, en las estructuras que unen unas células con otras. Esto conlleva que se pierda la arquitectura normal del músculo cardiaco llegando a aparecer fibrosis o depósitos grasos preferencialmente en el ventrículo derecho. Ese tejido anormal es la fuente de arritmias”, explica. Entre los 20 y los 40 años, la enfermedad puede manifestarse en forma de arritmias malignas, especialmente durante la práctica deportiva. “Esta etapa es peligrosa porque hablamos de pacientes jóvenes que, en muchas ocasiones, no son conscientes de que tienen esta cardiopatía de base y en los que el deporte supone un riesgo para presentar arritmias graves”, afirma la experta. A partir de los 50-60 años, si la enfermedad ha progresado, además de las arritmias puede producirse insuficiencia cardiaca por una pérdida más extensa del tejido cardiaco normal.

Deporte no

“La práctica de ejercicio en sujetos con esta enfermedad puede favorecer que se desencadenen arritmias malignas y muerte súbita, sobre todo si es intenso y prolongado”. Pero también, prosigue la experta, “practicar deporte acelera la progresión de la enfermedad, de forma que se favorece la evolución a la fase de insuficiencia cardiaca”. Por ello, una vez confirmado el diagnóstico en un individuo, se desaconseja la práctica deportiva, si bien un estudio reciente ha demostrado que caminar 2,5 horas a la semana a ritmo bajo-moderado (recomendación para la población general establecida por las Sociedades Europea y Americana de Cardiología) no parece empeorar el pronóstico, por lo que posiblemente los pacientes con miocardiopatía arritmogénica, podrían acogerse a esta recomendación global, aunque se necesita más información al respecto.

Cómo se diagnostica

La miocardiopatía arritmogénica no es fácil de diagnosticar porque la presentación entre pacientes es muy heterogénea. Para su diagnóstico se utiliza una escala que incluye diversos criterios (ecocardiograma, resonancia magnética, holter, antecedentes de la familia o biopsia del tejido). De todos ellos, la resonancia es la prueba que más información aporta hoy en día, permitiendo detectar además formas de afectación del ventrículo izquierdo, que no son las más típicas. “El diagnóstico de esta enfermedad sigue siendo clínico. El estudio genético, positivo en el 50% de los casos aproximadamente, es una herramienta útil especialmente para el estudio de familiares y, en ocasiones, para determinar la agresividad de la enfermedad. También puede servir para confirmar el diagnóstico definitivo de casos límite según los criterios clínicos”, destaca la cardióloga.

Canalopatías familiares

Algunas canalopatías pueden presentan electrocardiogramas normales y para desenmascararlas los cardiólogos utilizan test de provocación, que son fundamentalmente la prueba de esfuerzo y el test farmacológico dependiendo del tipo de canalopatía. Respecto a la indicación de un DAI (desfibrilador automático implantable) en este grupo de enfermedades, “su implante está indicado sobre todo en pacientes que ya han tenido una parada cardiaca”, explica la doctora Larraitz Gaztañaga, médico adjunto de la Unidad de Arritmias del Hospital Universitario de Basurto.

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