Corte de digestión: medias verdades

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Corte de digestión

Lo que popularmente conocemos como “corte de digestión” se denomina en realidad  hidrocución o shock termodiferencial y no, no se produce por bañarse tras la comida.

Varias generaciones de españoles hemos tenido que esperar hasta tres horas para bañarnos tras la comida para evitar el temido “corte de digestión”. ¿Es realmente aconsejable hacerlo? Pues bien, para empezar este término es inapropiado ya que no se trata en realidad de un fallo del proceso digestivo: es cierto que provoca síntomas estomacales como el vómito, pero esto no quiere decir que la digestión se interrumpa. Lo que sí puede ocurrir cuando nos bañamos es un síncope por hidrocución, que se debe a la diferencia de temperatura entre el cuerpo y el agua, y esto también puede ocurrir teniendo el estómago vacío. Es cierto, sin embargo, que una comida copiosa antes del choque térmico puede aumentar las posibilidades de padecerlo.

Cuando la temperatura corporal es alta, (hemos estados expuesto al sol largo tiempo por ejemplo) y entramos en contacto repentino con el agua fría, el organismo desencadena un sistema de protección provocando una vasoconstricción severa, afectando a la respiración y a la circulación. En el peor de los casos podría producirse un síncope o parada cardíaca de consecuencias fatales, más si se está nadando por el riesgo añadido de ahogamiento. Durante la digestión, más si hemos comido en exceso, el aparato digestivo demanda mucho oxígeno dejando al cerebro y al corazón poco irrigados lo que también puede desencadenar el proceso. Ahora bien, si las dos horas de reposo después de comer las aprovechamos para tostarnos al sol para después darnos un ansiado y repentino chapuzón, la medida preventiva no servirá de nada e incluso será contraproducente.

Los síntomas que nos pueden alertar de un shock termodiferencial son palidez, escalofríos intensos, náuseas y vómitos, zumbido de oídos y dificultad en la visión, que pueden acabar en pérdida de consciencia.

Hay que evitar bañarse en agua fría

·         Después de una comida muy copiosa o de haber tomado alcohol

·         Tras haber practicado ejercicio físico intenso

·         Después de una exposición prolongada al sol

Lo ideal es meternos en el agua poco a poco, mojando cada parte del cuerpo. De esta forma conseguiremos que nuestro organismo se acostumbre a la temperatura fría del agua. Si empezamos a encontrarnos mal durante el baño, procurar salir inmediatamente del agua.

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