Cosmética infantil: las reglas del juego

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Cosmética infantil
Cosmética infantil

El característico “olor a bebé” y la ternura, absolutamente “achuchable”, de su piel son las primeras imágenes que nos vienen a la mente al hablar de cosmética infantil. Pero el aseo de los más pequeños tiene una serie de peculiaridades y reglas del juego que es importante seguir y que lo sitúan a años luz de las rutinas de higiene que siguen los adultos.

La piel –y el pelo, y las uñas, y las “partes íntimas”- de los más pequeños poco o nada tienen que ver con la de los adultos. Por ejemplo, su epidermis es mucho más vulnerable y sensible ya que es más fina (hasta un 60%) y absorbe gran cantidad de los ingredientes que contienen los productos que se le aplican, de ahí que sea más propensa a las erupciones. Además, sus glándulas sudoríparas no garantizan la suficiente hidratación de las capas cutáneas superficiales, por lo que tiende a la sequedad y a irritarse con más facilidad. Y tampoco es capaz de producir la cantidad suficiente de melanina para protegerse del sol y de las radiaciones UV.

Limpio y protegido, tanto “en seco” como “en mojado”

El doctor Venancio Martínez Suárez, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y asesor de la campaña Los cuidados de la piel del bebé: hecho, mitos y verdades, puesta en marcha por Johnson’s, hace hincapié en la necesidad de conocer bien la piel del bebé no solo para tratarla adecuadamente sino también para desmitificar muchas ideas erróneas que existen al respecto: “En comparación con la piel de un adulto, la barrera cutánea es más vulnerable, y por eso los bebés tienen una mayor tendencia a la sequedad y la irritación”.

Teniendo en cuenta todas estas peculiaridades, no es de extrañar que la formulación de la cosmética dirigida a los bebés sea distinta y, también, que haya algunos productos “exclusivos” para los más pequeños de la casa, formulados, como explica el experto, para limpiar e hidratar su piel de forma eficaz sin afectar al desarrollo de la barrera cutánea. Muchos de ellos están concebidos para la “limpieza en seco”, como es el caso de las toallitas y de las aguas y lociones dermolimpiadoras que no necesitan aclarado. Otro de los productos “solo para bebés” son las cremas y bálsamos específicos para el cuidado de la zona del pañal.

Cuestión de “pelos”

Un dato curioso: se puede decir que el pelo que luce el bebé al nacer y durante sus primeros años es “transitorio” ya que el cabello no alcanza su madurez hasta los 9-10 años, de ahí la necesidad de utilizar champús específicos que además de cuidar este pelo tenga otras características (buen olor y, sobre todo, no picar en los ojos). Muchos de los productos de baño para los primeros meses sirven tanto para el pelo como para el resto del cuerpo, pero en cuanto el peque “luzca melena” es mejor utilizar un champú infantil.

Muchos papás se asustan al comprobar que en el cuero cabelludo de sus bebés aparece una especie de “caspa” de color blanco-amarillento rodeada de zonas grasosas: es la costra láctea. Aunque es muy antiestético y molesto (causa picor), se trata de un trastorno muy frecuente y en absoluto grave. Es una manifestación de la dermatitis seborreica que se elimina con el uso de productos adaptados que exfolian y calman la sensación de picor al tiempo que hidratan la delicada piel del bebé.

Otro “susto capilar” que se llevan los padres, sobre todo en niños un poco más mayores, es la aparición de los piojos. Tal y como explica Eduardo González Zorzano, experto del departamento médico de Cinfa, la mejor manera de prevenir una infestación de estos “bichitos” es vigilar constantemente la cabeza de los niños, especialmente si tiene hermanos mayores o si hay algún brote de piojos en el colegio o guardería. “Sobre todo, conviene revisar el cabello con una lendrera y, si no hay infestación, recurrir a repelentes específicos de piojos de venta en farmacia si el niño está contacto con otros menores infestados. No se debe usar un pediculicida si no se confirma que existen piojos, ya que podríamos generar resistencias”. En caso de que haya que usar un pediculicida, es importantísimo leer las instrucciones del fabricante o consultar al farmacéutico, “y, sobre todo, examinar el cabello con una lendrera y arrastrar los piojos mechón a mechón. Se puede colocar una toalla o un paño blanco sobre los hombros del niño, para así ver mejor a los parásitos cuándo caigan”. El experto hace hincapié en la importancia de repetir el tratamiento siete días después de la primera aplicación, para asegurarse de que se han eliminado todos los piojos y liendres.

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