Nuevo diccionario beauty para arrancar el curso

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diccionario beauty

Ya se sabe: septiembre es el nuevo enero en lo que a la adopción de buenos hábitos se refiere. Y en este contexto, la incorporación de los ingredientes y tendencias cosméticas de última generación a las rutinas diarias puede hacer mucho más llevadero ese “propósito de enmienda”. Este es el nuevo diccionario beauty para arrancar el curso.

Reseteo: este es uno de los términos más utilizados en esta época del año. Y aunque la vuelta a la rutina (incluida la cosmética) siempre se hace cuesta arriba, en el caso del cuidado de la piel hay que ponerse en marcha cuanto antes, sobre todo teniendo en cuenta los daños colaterales producidos por el sol y las vacaciones. Para las más reticentes puede resultar un buen aliciente conocer e introducir en los cuidados diarios algunos de los productos e ingredientes que marcan tendencia en el mundo de la cosmética.

Aceites: opción “top” de hidratación integral

Superadas algunas reticencias iniciales (sobre todo en el caso de las pieles grasas) respecto a su textura, las formulaciones en aceite han ido escalando puestos como tendencia cosmética y, desde luego, resultan indispensables en esta época del año en la que toca nutrir, reparar y regenerar. Su misión “básica” consiste en reponer o complementar los aceites naturales de la piel, asegurando así los niveles óptimos de humedad. Además, y dependiendo del aceite en cuestión, proporcionan beneficios añadidos: antiinflamatorios, calmantes, reparadores, antioxidantes…

Los expertos insisten en recordar que los aceites nunca deben sustituir a la crema hidratante de día, ya que el cometido de ambos productos es distinto (los aceites serían los “guardianes” de la hidratación, mientras que las cremas son las “productoras” y/o “potenciadoras” de esta función natural de la piel). Otra advertencia a tener en cuenta es la importancia de consultar a un profesional (dermatólogo, farmacéutico experto en dermocosmética) sobre cuál es el aceite más adecuado a cada tipo de piel (¡no todos funcionan igual en todas las epidermis!).

En cuanto al manual de uso, lo habitual es mezclar unas gotas de aceite con la hidratante facial o corporal y también con la base de maquillaje, para así potenciar el efecto de ambos productos. También se puede utilizar como producto único por la noche y como reparador después de una limpieza profunda e hidratación. En el caso de los aceites capilares (una opción que cuenta cada vez con más adeptos), se aplican directamente sobre el cabello, repartiéndolos uniformemente con las yemas de los dedos y/o con el peine.

Y una premisa máxima que hay que recordar en todos los casos: con muy pocas gotas basta y, más que aplicarlos directamente sobre la zona a tratar (perfectamente limpia), lo mejor es depositarlos primero en la palma de la mano y a partir de ahí repartirlos mediante un masaje circular, hasta que penetren totalmente.

A los aceites más “clásicos” (argán, té verde, almendras dulces…) se han incorporado nuevas opciones con reconocidas propiedades cosméticas. Es el caso del aceite de germen de arroz, una auténtica “bomba” antiaging ya que es muy rico en vitamina E, coenzima Q10, carotenos y betacarotenos, ácidos grasos Omega 3 y Omega 6 y fitoesteroles. Con estas credenciales, no es de extrañar su multi-efecto: atenúa las manchas, tiene una acción drenante, eliminando las bolsas y ojeras, mejora el aspecto de las estrías…

Otro aceite cada vez más presente en las farmacias es el superpoderoso aceite de oliva, base de las formulaciones cosméticas de firmas como La Chinata. Su elevado poder de penetración (llega hasta las capas más profundas de la piel, nutriendo y reteniendo la hidratación de las membranas celulares) le permiten mejorar la oxigenación y frenar el envejecimiento cutáneo, además de potenciar la acción de los otros aceites con los que se combina.

Brumas faciales (face mist): más allá del frescor

Son tendencia absoluta en lo que al cuidado facial se refiere, debido sobre todo al efecto frescor que proporcionan, pero para sacarles todo el partido hay que conocerlas mejor. “Lo primero que hay que tener claro es que una bruma no es un agua termal. Lo único que tienen en común ambos productos es su forma de aplicación. Es cierto que hace años las únicas brumas que existían eran las aguas termales, pero poco a poco han ido apareciendo fórmulas sofisticadas que añaden al agua diversos ingredientes para alcanzar objetivos concretos. Existen, por ejemplo, aguas florales que se conocen como hidrolatos y que aportan a la piel nutrientes 100% naturales que pueden estimular las defensas cutáneas, más allá de su acción hidratante”, explica la farmacéutica Esther Sansi, creadora y responsable de Sansi-Farma (@Sansi_Farma).

Tal y como señala la experta, existe un tipo de bruma para cada necesidad ya que, dependiendo de su formulación, ejercen un efecto determinado sobre la piel: “Se trata de cosméticos efectivos y muy seguros a nivel cutáneo, ya que sus formulaciones no introducen sustancias tóxicas”. Entre sus propiedades destacan, además de la hidratación, su capacidad regeneradora, calmante, antiinflamatoria y anti-polución, entre otras. “También son muy efectivas para fijar el maquillaje y, de hecho, aportan muchísima luminosidad e hidratación, además de ser muy refrescantes”.

Para optimizar las posibilidades que ofrecen las brumas, Esther Sansi ofrece algunos trucos: “Se pueden utilizar como tónico ya que tienen un pH ligeramente ácido que ayuda a reequilibrar el pH de la piel de forma inmediata, algo que hay que tener muy en cuenta justo después de la limpieza. Asimismo, se pueden aplicar en cualquier momento del día para ‘despertar’ la piel. Yo recomiendo llevarlas siempre en el bolso, ya que es un auténtico reset a todos los niveles”.

C (vitamina): un clásico de plena actualidad

Las propiedades cosméticas de la vitamina C se conocen desde hace tiempo y son tan “rotundas” que aunque han ido surgiendo nuevos ingredientes, ninguno ha sido capaz de desbancarla del Olimpo de las formulaciones antiedad. “Esta vitamina contrarresta la producción de radicales libres por parte de la piel, de ahí su potente efecto antioxidante y antiarrugas. Y, además, tiene una importante acción antimanchas”, ha explicado la dermatóloga Andrea Combalia durante la presentación del último lanzamiento de Eucerin, Hyaluron Filler 10% Vitamin C Booster.

Tal y como destacó la doctora Combalia, para beneficiarse de todo el potencial que tiene esta vitamina es muy importante protegerla del sol y del oxígeno, ya que se degrada cuando está expuesta a estos elementos, de ahí que las nuevas versiones se encaminen a las monodosis y a las formulaciones individuales para 7-10 días de uso (“periodo tras el cual ya se puede comprobar los cambios que este ingrediente produce en la piel”, dijo Combalia).

Efecto booster: el “it” que llegó para quedarse

Sin duda, los booster son el cosmético más “it”, que ha cobrado especial relevancia en el contexto de la cosmética anti-polución y con una presencia cada vez mayor en los rituales cotidianos de belleza. Pero, ¿cuál es exactamente la función de estos productos? Básicamente, potenciar y acelerar los efectos de otros cosméticos junto a los que se aplican, así que la primera seña de identidad de los booster es que siempre deben utilizarse “en compañía de otros” y nunca como producto único. La mayoría de las formas cosméticas los están incorporando a sus gamas y en la oferta actual se pueden diferenciar dos tipos: los “booster-booster”, esto es, productos formulados como tales, caracterizados por una combinación muy concentrada de principios activos y una acción cosmética específica (hidratación, firmeza, antiedad, iluminador, potenciador del bronceado, détox…) y que se aplican siempre mezclados con otros cosméticos (añadiendo unas gotas de producto) y los “serum con efecto booster”, que incorporan a la ya de por sí potente concentración de principios activos que ofrecen los serums ingredientes con una acción potenciadora.

Tanto unos como otros resultan ideales para la reparación de los daños solares y otros efectos negativos que el medioambiente produce en la epidermis. Se aplican siempre sobre la piel perfectamente limpia y desmaquillada.

Microbiota y prebióticos: también en la piel

Sí, es un hecho: la microbiota está “de moda” y prácticamente día sí y día también aparece una nueva prueba científica del papel que juega en nuestro bienestar, incluido el aspecto físico y el estado de la piel. Paola Gugliotta, experta en Dermocosmética y fundadora de la firma Sepai, explica que “nuestra piel alberga millones de bacterias (buenas y malas) que forman una capa llamada microbiota cutánea. Se trata de la primera línea de protección y defensa contra las enfermedades, el enrojecimiento, la inflamación y la infección. Esta capa es la que mantiene la piel perfectamente sana gracias a un delicado equilibrio entre bacterias buenas y malas. Cuando este equilibrio se altera, comienzan los problemas”.

En la misma línea, los expertos de la firma Ami Iyök Ecosmetics, que acaba de lanzar al mercado la línea Microbiota Skinwarriors, destacan que muchas enfermedades cutáneas están relacionadas con el desequilibrio de la microbiota, y, en muchos casos, pueden aparecer síntomas de rosácea, acné o dermatitis atópica. “Además, el microbioma es único en cada persona y depende de varios factores como la genética, el estilo de vida o la dieta o de agentes externos como el sol y la polución. La clave para mantener la piel en buen estado está en la variabilidad y diversidad de las bacterias que forman la microbiota”.

Esta evidencia de que la microbiota cutánea –y no solo la intestinal- también existe ha acelerado la aparición de cosméticos que incluyen ingredientes dirigidos a asegurar su correcto funcionamiento. Es el caso de los prebióticos que, tal y como insiste Paola Gugliotta, son los únicos ingredientes en este sentido que se pueden incluir en las formulaciones cosméticas (a pesar de que algunos declaran incluir también probióticos): “Los probióticos son un conjunto de microorganismos vivos que una vez incorporados (al cuerpo o al organismo receptor, normalmente el intestino), permanecen activos en cantidad suficiente como para alterar la microbiota intestinal y equilibrarla; mientras que los prebióticos son la ‘comida’ de las bacterias buenas, que sirven de alimento para la microbiota de la piel o del intestino. Por ejemplo, cuando el Propioni bacterium (una bacteria ‘mala’) se desequilibra, aparece el acné, y es aquí cuando activos como los prebióticos actúan. Hay que tener en cuenta que en cosmética no es posible el uso de bacterias vivas (probióticos) porque los análisis de seguridad que evalúan las fórmulas requieren que éstas no contengan prácticamente ninguna bacteria viva. Además, los conservantes se introducen en las fórmulas cosméticas precisamente para eliminar cualquier bacteria, sea buena o mala”.

Además de recurrir a este tipo de ingredientes específicos, la experta señala que la mejor forma de cuidar la microbiota cutánea es evitar dañar las bacterias que la forman, “y para ello hay que utilizar formulaciones que sean amables, es decir, que incluyan conservantes tan suaves y seguros que hagan que el pH de la fórmula sea compatible con el de la piel. Si los conservantes no están adaptados o si el pH del producto está fuera de rango, ‘matarán’, literalmente, a las bacterias presentes en la microbiota cutánea, tanto las buenas como las malas”.

 

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