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La dificultad para deglutir incrementa el riesgo de padecer neumonía en los ancianos

La dificultad para deglutir incrementa el riesgo de padecer neumonía en los ancianos

Dejar de fumar, mejorar el estado nutricional, una correcta higiene oral o la vacunación antineumocócica reducen el riesgo de contraer NAC

La neumonía adquirida en la comunidad (NAC) es una infección respiratoria común, siendo una causa frecuente de hospitalización y mortalidad en la población anciana. Cabe resaltar que la edad es un factor de riesgo significativo en esta enfermedad, ya que un 42% de los casos diagnosticados son pacientes mayores de 65 años.

Los factores de riesgo de la NAC pueden ser múltiples. Investigaciones recientes revelan que la exposición al humo del tabaco en personas mayores de 65 años que nunca han fumado genera un aumento significativo del
riesgo de contraer NAC. Asimismo, se ha
demostrado que una correcta higiene oral
es un factor de prevención
efectivo ya
que la limpieza de la cavidad oral puede
influenciar en el inicio o progreso de infecciones respiratorias. En hombres, la ingesta abundante de alcohol también supone un importante factor de riesgo.

“Entre las principales medidas de prevención de la neumonía adquirida en la comunidad es esencial dejar de fumar, mejorar el estado nutricional y mantener una correcta higiene oral realizando visitas periódicas al odontólogo”, asegura el Dr. Jordi Almirall Pujol, intensivista y miembro de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). “También es importante destacar la efectividad de la vacuna antineumocócica ya que reduce un 46% el riesgo de contraer NAC”, añade.

En este sentido, estudios recientes también añaden la disfagia orofaríngea como factor de riesgo importante en el desarrollo de NAC en población anciana. “Las investigaciones realizadas nos permiten constatar una fuerte y evidente asociación ente la disfagia orofaríngea y la presencia de neumonía adquirida en la comunidad en pacientes mayores de 65 años”, explica el Dr. Almirall. “Las exploraciones clínicas de los pacientes del estudio, realizadas con la técnica de la videofluoroscopia, muestran que el 52,6% de los pacientes ancianos con NAC presentan graves penetraciones o aspiraciones silentes durante la deglución“, añade.

Los resultados del estudio, presentados durante la XVII Reunión de Invierno Conjunta de las Áreas SEPAR, se han obtenido a partir de una muestra de 36 pacientes ingresados por neumonía en comparación con otro grupo de control de 72 pacientes sanos. El descubrimiento de dicha asociación de factores se ha constatado mediante la exploración clínica de los pacientes con la técnica de volumen-viscosidad y la posterior confirmación por videofluoroscopia. La investigación realizada es la primera de la literatura científica que utiliza la videofluoroscopia para determinar la prevalencia de las aspiraciones durante la deglución en pacientes mayores de 65 años con NAC.

La aspiración de pequeñas cantidades de secreciones de la orofarínge durante el sueño es un hecho frecuente en la población anciana. En las personas sanas la eliminación de la mayoría de estos patógenos de la orofarínge se produce a través del flujo salival y con una deglución eficiente. “Cuando existe un deterioro en la eficacia de la deglución se produce una reducción del aclaramiento mecánico que a su vez produce potenciales patógenos que pueden colonizar la orofarínge y ser una fuente potencial de infecciones pulmonares”, explica el Dr. Almirall. A lo que añade, “en el abordaje de la disfagia orofaríngea es necesario adoptar estrategias eficaces de evaluación, y tratamiento, ante cualquier sospecha de aspiraciones silentes en ancianos”.

Ambos estudios proporcionan las bases necesarias para establecer intervenciones preventivas en NAC. “Para reducir la prevalencia de la NAC en la sociedad española es necesario definir estrategias dirigidas a la población en general y estrategias específicas para aquellos colectivos en especial riesgo”, concluye el Dr. Almirall. En las investigaciones realizadas también se han observado otros factores de riesgo como la exposición reiterada al polvo de profesionales como constructores o carpinteros; el contacto con animales, excrementos o vísceras; cambios repentinos de temperatura o el hacinamiento, entre otros.



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