Dormir, ¡qué sano!

Dormir, ¡qué sano!

Dormir es sano: este verano, incorpóralo a tus hábitos

Además de ayudarte a adelgazar, estarás previniendo infartos, déficits cognitivos y de memoria, así como problemas de ansiedad y depresión.

El insomnio afecta al 35% de la población y el 17% toma ansiolíticos para remediarlo. Lejos de ser un trastorno menor, se trata de un problema importante, ya que en su forma crónica el insomnio se ha asociado a una reducción en la calidad de vida y en el rendimiento diario, así como a problemas de hipertensión, diabetes y obesidad, condicionando la aparición de otras enfermedades.

Conciliación, fragmentación o mantenimiento, despertar precoz, sensación de sueño no reparador y paradójico, son los principales motivos de consulta en sueño, según el coordinador del Grupo de Sueño de la SEN, el doctor Hernando Pérez Díaz.

 

El estrés, punta de lanza

Que el estrés no deja conciliar el sueño es una realidad de la que dan fe el 80% de los españoles, según los datos extraídos de la última encuesta de INFITO sobre el insomnio. Y es que, según explica el doctor Juan Carlos Ocaña, profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Alcalá, especialista en fitoterapia y colaborador de INFITO, “el estrés influye de forma negativa porque hace que nuestro sistema nervioso simpático, que reduce su actividad al acostarnos, esté siempre alerta impidiéndonos dormir bien”. De hecho, el 60% de los encuestados por INFITO sufren irritabilidad, el 59% pérdida de la capacidad de concentración, la mitad sufre ansiedad y el 47% somnolencia diurna

España líder europeo en consumo de benzodiacepinas

La encuesta de INFITO recuerda los peligros del consumo de ansiolíticos sin control médico y de forma prolongada, por los efectos secundarios que pueden causar, entre otros, la dependencia y la somnolencia diurna. Algo preocupante teniendo en cuenta que España se sitúa a la cabeza entre los países europeos que más toman ansiolíticos, a base de benzodiacepinas, para aliviar los trastornos del sueño o el estrés. Según diferentes informes, “Es importante advertir que el control sobre estos medicamentos tiene que ser estricto y que deben ser prescritos por un médico”, asegura el. Los psicofármacos pueden generar importantes efectos secundarios como “la somnolencia, alteración de la capacidad de reacción, fatiga o pérdida de memoria, que pueden a su vez revertir el trastorno del insomnio y provocar otros problemas de salud”, añade. También pueden generar dependencia y abstinencia si se dejan de tomar, así como problemas de tolerancia, que hacen que cada vez se necesite un mayor consumo de ellos.

Pasiflora, la melisa y la valeriana
¡Acúnate!

1.      En su lugar, el consumo de plantas medicinales como la pasiflora, no producen los efectos adversos de los fármacos de síntesis y actúan como sedantes y ansiolíticos naturales. La pasiflora, según Teresa Ortega, vicepresidenta de INFITO y profesora de Farmacología de la Universidad Complutense de Madrid, “se utiliza para tratar o mejorar la calidad del sueño, tiene un componente de actividad ansiolítica por lo que combate el estrés y nos ayuda a dormir”.

2.      La melisa también es especialmente útil como ansiolítico “y actúa sobre el aparato gastrointestinal disminuyendo el dolor abdominal por lo que nos ayuda a hacer la digestión contribuyendo a mejorar la calidad del sueño”, añade.

3.       Por su parte, la valeriana al actuar sobre receptores benzodiacepínicos favorece la conciliación. Lo importante, según esta especialista, es que las plantas medicinales “se utilicen siguiendo el consejo de un profesional y a día de hoy el más cualificado para ello es el farmacéutico, por lo que debemos acudir a la farmacia para adquirir esos preparados”. En las farmacias se obtienen “productos con una calidad asegurada que va a garantizar su eficacia y seguridad”, afirma la profesora Ortega.

Por último, para dormir bien el doctor Ocaña recomienda seguir las llamadas medidas de higiene del sueño: que la siesta no dure más de 30 minutos, no practicar deporte durante las tres horas anteriores a ir a dormir, acostarse al menos dos horas después de cenar, no tomar alcohol durante la cena, no utilizar dispositivos electrónicos en la cama ni hacer llamadas, así como acostarse y levantarse a la misma hora.

Más obesidad

Un estudio elaborado por investigadores la Universidad de Nebraska-Lincoln (Estados Unidos), y publicado en Journal of Health Psychology, ha demostrado que dormir poco durante la noche provoca un aumento de la ingesta excesiva de comida, tanto en adultos como en niños. Los expertos han comprobado que después de una mala noche, la hormona que controla el apetito se ve afectada y provoca un mayor estrés emocional lo que, a su vez, hace que aumenten las ganas de comer para compensar la falta de energía.

Deterioro cognitivo y Alzheimer

Según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, Estados Unidos; el Centro Médico de la Universidad de Radboud, en Países Bajos, y la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, ha demostrado que interrumpir una noche de sueño en adultos sanos de mediana edad provoca un aumento de beta amiloide, un péptidoasociado con la enfermedad de Alzheimer. Y que una semana dando vueltas en la cama conduce a un aumento de otra proteína del cerebro, tau, que se ha ligado a daño cerebral en el Alzheimer y otras enfermedades neurológicas. “Creemos que quizás el sueño crónico pobre durante la edad media puede elevar el riesgo de Alzheimer más adelante en la vida”. asegura el profesor del Departamento de Neurología en la Universidad de Washington, David M. Holtzman, autor del estudio.



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