hipercolesterolemia

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la primera causa de muerte en el mundo. La aterosclerosis, derivada de unos niveles altos de colesterol “malo” o LDL, provoca el 85% de las muertes relacionadas con estas patologías. Concienciarnos del riesgo que implica tener estos niveles lipídicos altos y un buen control por parte de los pacientes de riesgo, es clave para doblegar la curva de fallecimientos y graves secuelas.

La enfermedad cardiovascular ateroesclerótica (ECVA) es la acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias en el recubrimiento de las paredes de las arterias. Esta acumulación, llamada placa, puede provocar el estrechamiento de las arterias, obstruyendo el flujo sanguíneo y causando infartos y accidentes cerebrovasculares. En España y a nivel mundial, las enfermedades del sistema circulatorio son la primera causa de muerte y, particularmente, la aterosclerosis es responsable del 85% de las muertes relacionadas con las enfermedades circulatorias. Los agentes que contribuyen a desarrollar esta patología son muchos: la genética, el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo, la alimentación y la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial o la diabetes.

Controlar el LDL o “colesterol malo”, punto de partida

Los niveles elevados de colesterol merecen mención especial como factor de riesgo debido a su incidencia, consecuencias y difícil control: el 70% de los pacientes de alto y muy alto riesgo cardiovascular no logra mantenerlo a raya, según los datos de la encuesta europea EUROASPIRE V. Cifras similares proporciona el Registro de Pacientes de Alto Riesgo Cardiovascular (REPAR): solo el 26% de los pacientes con enfermedad coronaria habían alcanzado los objetivos de colesterol LDL (c-LDL). Asimismo, existe otro factor que complica mucho reducir su incidencia: la falta de concienciación por parte de la sociedad sobre los riesgos que entraña no mantenerlo a raya.

La hipercolesterolemia o colesterol alto es la principal causa de aterosclerosis y su descontrol en sangre puede contribuir al desarrollo de hasta el 60% de los infartos o anginas de pecho y el 40% de los ictus. Hay que tener en cuenta que estamos ante una enfermedad silente que, a pesar de afectar al 50,5% de la población adulta, no provoca ningún síntoma. Incluso cuando ya se ha diagnosticado sus síntomas son invisibles, hasta que se produce un evento isquémico, por ejemplo.

La principal causa de la aterosclerosis es tener el colesterol “malo” (LDL) elevado, ya que esto conlleva la formación de placa de ateroma y el endurecimiento prematuro de las arterias.

Qué es y por qué aparece

El colesterol es una sustancia grasa que viaja en la sangre y que está presente en todas las células del organismo. Este lípido se transporta unido a otras moléculas formando las llamadas lipoproteínas, entre las que destacan dos: las lipoproteínas de baja densidad (LDL o Low density lipoproteins), y las lipoproteínas de alta densidad (HDL o High density lipoproteins). Tal y como explica Cardioalianza (Agrupación de organizaciones de pacientes con enfermedades cardiovasculares), las HDL son las encargadas de recoger el colesterol no utilizado y devolverlo al hígado para su almacenamiento o excreción a través de la bilis, por ello se las denominan “colesterol bueno”. Por su lado, las LDL son las encargadas de transportar el colesterol desde el hígado a todas las células del organismo y reciben el nombre de “colesterol malo” porque su acumulación en sangre de manera persistente puede producir placas de ateroma en la pared de las arterias (aterosclerosis).

En la mayoría de los casos, el colesterol es consecuencia de una dieta poco saludable y una vida sedentaria, aunque también puede tener un origen genético como es el caso de la hipercolesterolemia familiar. También existen otros factores de riesgo cardiovascular que pueden contribuir a la formación de placa en las arterias: la diabetes, la hipertensión arterial, el sobrepeso y la obesidad, el tabaquismo o la edad avanzada.

5 claves para combatir la enfermedad ateroesclerótica

  1. Practica regularmente alguna actividad física, te ayudará a bajar de peso y a evitar la acumulación de grasa en las arterias.
  2. Sigue una dieta saludable: consume frutas, verduras, pescado, cereales y aceite de oliva (dieta mediterránea); evita las comidas precocinadas y los alimentos ricos en grasa animal.
  3. Controla otros factores de riesgo: el colesterol, la diabetes, la hipertensión arterial y el tabaco.
  4. Puede ser necesario recurrir a un tratamiento farmacológico para reducir los niveles de colesterol (estatinas, inhibidores de la absorción de colesterol, quelantes de ácidos biliares o inhibidores de la proproteína convertasa subtilisina/ kexina 9), la reducción del riesgo de complicaciones (antiplaquetarios o anticoagulantes), o de la presión arterial (inhibidores de la ECA, betabloqueantes o bloqueantes de los canales de calcio).
  5. En algunos casos será inevitable realizar algún procedimiento quirúrgico como la angioplastia y colocación de stent, o una cirugía de bypass.

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