Curso escolar plagado de incertidumbres

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La crisis del Covid-19 ha traído un sinfín de incógnitas a los hogares de todo el mundo. Las últimas por despejar se refieren en su mayoría al inicio del curso escolar: ¿es segura la vuelta a las aulas? ¿están los centros preparados? ¿podrán los padres conciliar vida laboral y familiar? El mes de septiembre abrirá la caja de Pandora.

Sin duda, no son tiempos para planificar. Ante la ola de rebrotes de coronavirus que hemos vivido en toda España y con una inmunización masiva aún lejos de materializarse, todas las familias miran al mismo lado: ¿habrá vuelta a las aulas? ¿continuarán las clases online para los alumnos y universitarios? ¿serán en parte presenciales? ¿podremos los padres conciliar trabajo y familia sin morir en el intento? Parece ser que sí, pero con mucha cautela. Veamos las preferencias de los españoles: según el estudio de opinión pública de Ipsos sobre la crisis del Covid-19, un 24% de los españoles preferiría esperar entre 4 y 6 meses a la hora de enviar a sus hijos a los centros educativos en lugar de hacerlo ya en septiembre, mientras que 6 de cada 10 apoyan limitar el número de días de asistencia presencial para reforzar así las medidas de contención del coronavirus. Además, un 12% de los encuestados en España no se siente seguro a la hora de plantearse la reincorporación de los niños a la escuela a largo plazo. Está claro que nos debatimos entre el miedo y la necesidad de seguir con una normalidad que en nada se va a parecer ya a la de toda la vida. La cuestión es, ¿cómo se materializará la vuelta al cole?

Socializar, esencial entre los más pequeños

Sea como sea, la Asociación Española de Pediatría ha actualizado sus recomendaciones para la reapertura de centros educativos de edad infantil (menos de 6 años), poniendo el acento en la importancia de la socialización en la enseñanza de los más pequeños y en que también ellos puedan volver a su “nueva normalidad”, lo que incluye la vuelta a las escuelas infantiles. “La edad comprendida entre los 0 y 6 años es extremadamente vulnerable y sensible a los cambios, además de ser una etapa fundamental para el desarrollo emocional, educativo y la implantación de hábitos de vida saludables. Muchas familias, por diversas circunstancias familiares, económicas, sociales o formativas, no pueden ofrecer a los pequeños los estímulos adecuados para este desarrollo”, asegura la doctora María José Mellado, presidente de la AEP. “La evidencia científica más reciente nos ha demostrado que los pequeños no son los “grandes contagiadores” como se pensaba al inicio de la pandemia y, como ya sabíamos, la COVID-19 representa en los niños alrededor de 1% de los casos globales y cursa en la inmensa mayoría de los casos de manera leve en la edad pediátrica. Otro aspecto determinante para esta nueva directriz, es el momento epidemiológico, en el que se propone la reapertura que es claramente favorable en cuanto a número de casos de nuevos diagnósticos,” explica la doctora Mellado.

Burbujas socializantes

En los menores de 10 años, la AEP propone que, si se mantiene en el aula la distancia entre alumnos al menos de entre 1,5 m como recomienda la OMS, puede contemplarse la retirada durante la clase de las mascarillas, que en muchos casos serían desplazadas del lugar óptimo y manoseadas, perdiendo así su efecto preventivo. También propone flexibilizar los horarios de entrada y de salida de forma que se permita una mejor distancia física entre alumnos y se eviten aglomeraciones en la puerta de la escuela. Así, tanto para las entradas y salidas, como para la estancia en las aulas, y, sobre todo, para las pausas de recreo y de comidas, la AEP plantea crear grupos fijos de compañeros de un número reducido de niños, una especie de “burbujas socializantes con un mismo profesor que facilite el contacto mínimo con otros grupos. Estos grupos facilitarían también el aislamiento posterior y trazabilidad de la infección en caso de aparición de algún caso. La burbuja debe ser lo suficientemente pequeña para que puedan observarse unas normas claras de comportamiento. Esta medida posiblemente sea más efectiva cuanto más se complemente con medidas de higiene. Igualmente recomiendan la actualización del calendario vacunal antes de la reincorporación a las aulas.

Inicio del curso escolar: cinco premisas

  1. A la escuela, sin fiebre: la AEP propone un compromiso o acuerdo firmado por los padres de que el niño no irá a la escuela si tiene > 37,5ºC, fiebre, tos, diarrea u otras manifestaciones que sugieran enfermedad o que ha estado en contacto con algún familiar enfermo o personas posiblemente infectadas, en cuyo caso debe ser atendido por el pediatra para que valore el aislamiento. Es importante tener en cuenta que este grupo de edad es el que presenta una mayor frecuencia de procesos febriles, y una menor capacidad de comunicar sintomatología, por lo que el profesor debe estar atento a inicio de fiebre en la escuela y a cuadros compatibles con la enfermedad.
  2. Más vigilancia: para el personal que trabaja en la escuela debe seguirse el mismo protocolo de vigilancia de temperatura, síntomas y aislamiento si ha contactado con personas sospechosas de enfermedad, además de asegurar el uso de mascarillas y todas las medidas de prevención rigurosas entre el personal educativo. Debería habilitarse una zona de “aislamiento” por si la aparición de la fiebre ocurre una vez los niños o los profesores ya están en la escuela.
  3. Más tiempo al aire libre: otro aspecto clave es maximizar el tiempo en el exterior, al aire libre, dado que la transmisión del virus es claramente más frecuente en ambientes interiores o cerrados, y relativamente infrecuente en el exterior. Se recomienda, por tanto, que aquellos centros que dispongan de espacios al aire libre trasladen una parte o la totalidad de actividades docentes al exterior.
  4. La comida, en el aula: lo ideal sería que cada grupo pudiera comer en la propia aula, minimizando así el contacto con otros niños y el de compartir superficies o material de comedor. Los comedores, si se utilizan, deberán ser muy rigurosos en cuanto a la higiene, uso individual de utensilios y mantener la distancia de seguridad (puesto que no se puede usar mascarilla comiendo). La alimentación debe ser sana, adecuada a la edad y con nutrientes de alto valor biológico. En los centros en los que sea jornada continua se podría recomendar que, en la medida de lo posible, coman en sus domicilios, al igual que en guarderías.
  5. Atención a la vulnerabilidad: igualmente, la AEP propone articular protocolos para trabajar conjuntamente con los equipos de Pediatría de Atención Primaria y con los Servicios Sociales Comunitarios de referencia, para atender de forma integral y prioritaria a los niños con necesidades especiales y apoyar a sus familias. También habría que tener implantados canales de evaluación del funcionamiento adecuado del centro, la implantación en el inicio de tareas en casa mediante la tecnología digital (dibujos, letras etc.); así como valorar ayudas a las familias más vulnerables (maternidad reciente, monoparentales, extensos horarios laborales, cambios de horario en jornada de trabajo etc.) que precisen ayuda concreta en este periodo de reincorporación de los más pequeños a las escuelas infantiles. En este sentido, el Consejo de Ministros ha aprobado una inversión de 40 millones de euros para el Programa para la Orientación, Avance y Enriquecimiento Educativo, #PROA+, que responde a la situación de emergencia educativa del curso 2020-21 provocada por la pandemia del Covid-19, y que permitirá al Ministerio de Educación y Formación Profesional distribuir los fondos entre las Comunidades Autónomas para atender al alumnado más vulnerable.

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