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Margarita del Val es doctora en ciencias químicas e investigadora científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa en Madrid.​​ Estudia la respuesta inmunitaria frente a las infecciones virales. Es académica de la Real Academia Nacional de Farmacia. Recientemente ha recibido la medalla de honor a los valores sociales que le ha concedido la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) por su labor divulgativa a la sociedad.

Usted ha equiparado el coronavirus con otros agentes infecciosos con los que la humanidad convive desde hace años. Pero entonces, ¿qué lo hace tan agresivo y preocupante?

Que es un virus nuevo frente al que no tenemos nada de defensas. El enemigo no es poderoso, pero nuestras barreras son inexistentes, por lo que el balance al inicio de la pandemia es muy negativo para la población. Nadie en la humanidad se había enfrentado a este coronavirus en la infancia o juventud, cuando nuestro sistema inmunitario responde mejor, y nadie estaba preparado para combatirlo. Siempre que aparezca un agente infeccioso totalmente nuevo pasará lo mismo, igual que ocurrió en el pasado con las infecciones ya habituales.

Según la comunidad científica, este virus ha venido para quedarse. Pero, ¿cómo podremos dominarlo para que deje de ser un agente tan peligroso?

La situación mejora drásticamente cuando los más vulnerables, o todos, tenemos inmunidad. Esto se logra idealmente sin riesgo, con las vacunas, o si no con el riesgo conocido de la infección. El coronavirus no se hará un enemigo menos peligroso, pero como población tendremos la memoria inmunitaria que es una barrera muy potente y muy duradera. Lo mismo ocurre con las demás infecciones habituales: tenemos la memoria inmunitaria desde que las pasamos de pequeños.

¿Habrá nuevas variantes susceptibles de dotar al virus de mejores formas de infectar a los humanos o de evadir la protección de las vacunas?

Solo ha habido dos variantes que se contagian mejor, alfa y delta, y es de esperar que sigan surgiendo variantes de este tipo, cada vez más contagiosas, porque para propagarse tienen una ventaja clara sobre los mismos coronavirus no variantes. Ninguna variante se ha evadido de las vacunas, ninguna se ha extendido más fácilmente entre los vacunados, ni es probable que lo hagan.

La quinta ola ha hecho mella en los más jóvenes este verano, en parte por la mayor infecciosidad de la nueva variante Delta. ¿A qué nos enfrentamos con esta nueva mutación?

Las variantes más contagiosas se controlan exactamente con las mismas medidas que ya conocemos (y ahora tenemos además una medida más, las vacunas), solo que hay que aplicarlas cada vez un poco más contundentemente para que sean eficaces, y justo al inicio del verano se hizo lo contrario: bajar la guardia.

¿La infecciosidad de la Delta aumenta el umbral de población necesaria que debe ser vacunada para controlar la pandemia?

Teóricamente sí. Pero lo que haría falta en la práctica son otras vacunas que hiciesen que pudiésemos pensar en la inmunidad colectiva, vacunas que nos hiciesen a los vacunados ser totalmente seguros, no contagiarnos, y actuar de escudo eficaz que limite la propagación del coronavirus. Estas vacunas son muy buenas en evitar las enfermedades graves y la muerte (son vacunas espectaculares), pero no evitan que los vacunados nos infectemos. Por eso, ahora mismo, lo único que protege a cada persona es estar vacunado uno mismo. Los no vacunados siguen con el mismo riesgo personal que siempre, cada uno según su condición y edad. Y nos infectaremos todos, y más de una vez, en los próximos meses o años. Mejor que nos pille vacunados a cada uno de nosotros.

Qué avances veremos en los próximos años para controlar al virus. ¿Habrá que vacunarse cada año y será necesaria una tercera dosis de refuerzo?

Las vacunas que empleamos frente a otras infecciones en niños y adultos se administran en pauta completa una vez en la vida, y en general es suficiente. La memoria inmunitaria es muy poderosa y duradera. A veces hace falta un recuerdo algunas décadas después. Estas vacunas frente al coronavirus tienen todas las características de esas otras vacunas clásicas, son muy potentes, y además los científicos han detectado ya que inducen sin problemas las poblaciones de células inmunitarias de memoria relevantes para la protección. Solo hay una vacuna que administramos todos los años, y esa es la de la gripe, que es menos potente.

Por otra parte, este coronavirus es poco variable, por lo que el enemigo a batir es más controlable que el virus de la gripe, que puede variar unas 10 veces más y además puede reorganizar su material genético. Esto, junto con una vacuna más débil, hace que la gripe sea el único caso en que tenemos que repetir la vacunación cada año.

El coronavirus no parece ir por este camino del virus de la gripe y la vacuna de la gripe: no hay ninguna evidencia de que personas con un sistema inmunitario normal, en que les prenda bien la vacuna, estén manifestando más enfermedad grave o requiriendo más hospitalización que antes. Obviamente, se vigilan estos extremos en tiempo real, para poder reaccionar si fuese el caso más adelante.

Al cierre de esta edición, la recomendación adoptada por la ministra de Sanidad junto con el Interterritorial es la de una dosis más para tener la pauta completa de la vacuna Covid sólo a inmunodeprimidos y personas con el sistema inmunitario débil y con alto riesgo, como los muy mayores en residencias.

Israel es uno de los países que más rápidamente ha desplegado sus campañas de vacunación. Sin embargo, la variante Delta ha disparado los contagios hacia los niveles alcanzados en el pico de la pandemia. ¿Quiere esto decir que la inmunidad de las vacunas escapa a esta variante Delta?

No hay evidencia de que ninguna variante se escape a las vacunas, la delta tampoco. Vacunar rápido no es sinónimo de hacerlo mejor, y de hecho la campaña de vacunación de Israel no es ejemplar. Israel se ha dejado poblaciones de alto riesgo y edad avanzada sin vacunar, notoriamente entre judíos ortodoxos y beduinos. En contraste, Islandia, Portugal, España, Irlanda, son ejemplos de países en que se ha vacunado a más del 95% de la población mayor de 60 años, reflejando la fortaleza del sistema sanitario de prevención y la madurez de la población. A Israel y a Islandia les ha llegado una fuerte nueva oleada en verano, y han subido los casos. Lo importante no son los casos, sino los casos graves y fallecimientos. En Israel la proporción de vulnerables no vacunados ha conllevado un número importante de fallecimientos, relativo a su población. En contraste, en Islandia la proporción de fallecimientos ha sido notoriamente menor. Esas campañas como la de Islandia y España son las que funcionan, y la situación de Israel no hay que achacarla a una variante circulante, sino a un exceso de confianza y a una campaña de vacunación incompleta. Si se contagia más la variante delta, hay que poner medidas más potentes, y vacunar a los no vacunados, mientras que no ayuda el revacunar a los que ya están bien protegidos.   

Más de 1,2 millones de israelíes, un 12% de la población, se han revacunado ya con una tercera dosis de la vacuna. ¿Esto va a ocurrir también aquí? ¿Complicará esto llegar a la ansiada cota de vacunación del 90%?

Israel lo ha hecho, pero, de nuevo, en eso no es ejemplar porque no hay evidencia de que sea necesario. Justamente hoy 1 de septiembre ha emitido su informe muy completo en este sentido el Centro Europeo de Control de Enfermedades, y lo ha respaldado la Agencia Europea del Medicamento. Se recomienda que la pauta completa para inmunodeprimidos y población muy mayor en residencias consista en 3 dosis, mientras que para el resto de la población mantiene las dos dosis habituales. Urge a que se priorice completar esta pauta de 2 dosis en todos los ciudadanos mayores de 12 años. Además, comenta que usar más dosis en la población general vacunada de la Unión Europea sin evidencia de su necesidad agravaría el problema mundial de falta de suministro de dosis para países de pocos recursos.

Qué secuelas puede dejar la COVID-19 en los más jóvenes. ¿Estas secuelas podrían afectar incluso a quienes hayan pasado el virus de manera asintomática?

Hay muchos interrogantes sobre las secuelas o “COVID largo”, pues incluyen síntomas muy diversos y pueden estar complicados por importantes factores psicológicos sobre todo en la primera oleada, cuando había más incertidumbre. Requieren mucho más estudio. Por ahora, no se han incluido asintomáticos, pero preocupa que las secuelas son relativamente frecuentes en personas que no han requerido hospitalización. Hay que saber cuánto duran, cómo de graves son, cómo de intensas, si imposibilitan o no la vida diaria y qué riesgo tienen. Las más preocupantes implican fatiga importante, falta de concentración y niebla mental, o pérdida permanente del gusto y el olfato.

Los síntomas cognitivos de deterioro de la memoria y las dificultades de concentración son especialmente preocupantes para los jóvenes que van a la escuela o a la universidad, y ponen de relieve la importancia de la vacunación. Cómo afecta el coronavirus a estas áreas.

Todavía no se ha valorado cuánto protegen las vacunas del COVID largo, aunque es un punto también importante. La atención se concentra todavía en cuánto protegen de síntomas graves y si en alguna población surgiera algún indicio de que la inmunidad se vaya perdiendo.

¿Nos tenemos que preocupar ante la llegada del invierno?

Sí, pero más bien ya con la entrada del otoño, que el año pasado hizo subir rápidamente la oleada de casos de SARS2 de otoño y que en 2009 inició la oleada de la pandemia de gripe A. Esta oleada de casos de otoño en 2021 es esperable, lo que deseamos es que su impacto en fallecimientos sea todavía menor que en la oleada de este verano. Para ello, es importante animar a que todos los que han pospuesto la vacuna o alguna dosis porque la evidencia para las embarazadas ha tardado en llegar, por las vacaciones, recelo, miedo o dudas, o incluso por creer erróneamente que los demás les protegeríamos a ellos, que se vacunen en los primeros días de septiembre para enfrentarla, personalmente, lo mejor protegidos posible. Que tengan más respeto al virus que recelo a las vacunas.

En qué escenario se contemplaría una reinstauración de restricciones e incluso un nuevo confinamiento.

Las restricciones, siempre que no se apliquen suficientemente las medidas ya conocidas para reducir el número de fallecimientos. Un nuevo confinamiento es impensable, si no lo hubo en las oleadas de otoño e invierno del año pasado, ya que estamos en una etapa muy diferente y más favorable de la pandemia tras la campaña de vacunación.

Lo que sí se ha demostrado es que ninguna vacuna es 100% efectiva y tenemos que actuar con precaución para protegernos y reducir la tasa de infección. Qué medidas hay que seguir contemplando de manera obligatoria.

Todas en su justa medida. Sin olvidar la ventilación y el número reducido de contactos.

¿Con qué porcentaje de la población vacunada podemos plantearnos relajar las medidas de manera prácticamente total?

Con el 100% de la población de riesgo vacunada. Lo importante es la calidad de los vacunados, no el número global. Hay bolsas todavía de los tramos de 30 años, 40, 50, y algo menos del tramo de 60, que siguen sin vacunarse. Los de 20 se están vacunando muy rápida y responsablemente.

¿Ve necesaria la implantación del certificado COVID-19 para poder acceder a salas de conciertos, recintos culturales y deportivos, bares y restaurantes, gimnasios, hoteles y cines, entre otros espacios?

No lo veo necesario en España, en que la población es muy madura, está viendo y entendiendo las ventajas de la vacunación, y está contribuyendo a una campaña de vacunación ejemplar, incluso en comparación con otros países de Europa.

El curso arranca con los niños de primaria sin vacunar y con muchos de secundaria sin la segunda dosis. En qué medida esto puede ralentizar la llegada de la normalidad a las aulas.

Lo que saca de su normalidad a los niños es que les pedimos medidas de reducción del contagio para que no lleven la enfermedad a familiares vulnerables. Por eso la prioridad es la vacunación completa de los grupos vulnerables directamente. En este sentido este curso empieza con una situación mucho mejor que el anterior, incluso mejor que cuando acabó el anterior.

Qué les diría a los padres más reticentes a la vacuna.

Es importante animar a que todos los que han pospuesto la vacuna o alguna dosis porque la evidencia para las embarazadas ha tardado en llegar, por las vacaciones, recelo, miedo o dudas, o incluso por creer erróneamente que los demás les protegeríamos a ellos, que se vacunen en los primeros días de septiembre para enfrentarla, personalmente, lo mejor protegidos posible. Que tengan más respeto al virus que recelo a las vacunas.

La autorización para la comercialización de test de antígenos en farmacias ha demostrado ser un éxito. ¿Estaría de acuerdo con que se vacunara en las farmacias?

No hace falta vacunar en las farmacias, la campaña funciona muy bien con las vías actuales de vacunación para las dosis disponibles. Los test de diagnóstico de antígeno a disposición de cada ciudadano en las farmacias permiten que, en el caso de infecciones sin síntomas o al inicio de los síntomas, cada uno tome las riendas de su vida con responsabilidad y se analice antes de contactar con una persona de especial riesgo.

En qué medida cree que la figura del farmacéutico está desaprovechada dentro del Sistema Nacional de Salud.

En comparación con otros países europeos, se ha tardado mucho en acercar el diagnóstico de coronavirus con test de antígeno a los ciudadanos a través de las farmacias. Lo ideal sería que también desde las farmacias se facilitase la notificación de los casos positivos por test de antígeno. Sin embargo, la utilización y venta de los test de anticuerpos ha sido más controvertida y el nivel de asesoramiento de su utilidad (nula como diagnóstico) desde algunas farmacias es mejorable.

Cómo calificaría la gestión de este colectivo desde el inicio de la pandemia.  

Ejemplar de todo punto durante el confinamiento y las etapas más duras, ayudando al ciudadano, asistiendo personalmente a los más vulnerables, facilitando el acceso a la medicación, enfrentándose a la incertidumbre del contagio manteniendo las farmacias accesibles. Un comportamiento poco reconocido.

Pese a la duro de la pandemia, en alguna ocasión ha criticado que no se haya producido un incremento de la inversión en investigación en nuestro país, ¿cómo es esto posible?

Ha habido un gran reconocimiento por parte de los ciudadanos de la importancia de la investigación y de los científicos en traernos las soluciones para esta pandemia, desde diagnóstico a contención, prevención y vacunas, hasta la comunicación. Sin embargo esto no se ha traducido en sus votos en las elecciones que han tenido lugar, lo que posiblemente no empuja a los políticos elegidos a apoyar la ciencia. Con los fondos europeos se está haciendo un cierto plan de choque para mejorar el estado precario de la investigación en España, precario en todos los niveles, pero no se refleja en la necesaria subida en inversión en los Presupuestos, ni en la estabilidad de las convocatorias, ni en un Pacto por la Ciencia de todos los partidos, ni en la flexibilización de la gestión diaria de la investigación. Es necesario hacer todo esto porque los investigadores, las infraestructuras, la fortaleza y calidad de los grupos de investigación y la generación del conocimiento no se improvisan, sino que son labor sostenida de años de apoyo suficiente desde la Administración del Estado.

Volviendo la vista atrás, qué cree que se ha hecho mejor y qué peor.

Se ha hecho muy bien la labor solidaria y colaborativa a todos los niveles, la labor asistencial de los sanitarios, desde salud pública, farmacias, y atención primaria hasta hospitales, el contacto de ciudadanos con los científicos gracias a la responsabilidad de los medios de comunicación, y alabo la madurez y responsabilidad alcanzadas por la sociedad. Está siendo un éxito la campaña de vacunación. Se falló al inicio en la falta de acción temprana, igual que en la mayoría de los países occidentales, y durante todo el tiempo se ha fallado en la coordinación de las distintas autoridades y medidas. Se falló en la coordinación de la labor social y la acción sanitaria para las residencias de mayores. Nos ha pillado sin preparación como país la falta de compatibilidad de los datos (sanitarios y sociales de todo tipo), y por tanto ha fallado la información disponible para la comprensión de la pandemia y para la toma de decisiones. Ha fallado la atención a la desigualdad en todos los sentidos (de género, social, laboral, de recursos), que se ha incrementado durante la pandemia.

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Pertenezco a la primera promoción de Periodismo que salía del "horno" de Sevilla (en todos los sentidos), allá por el año 94. La falta de experiencia de una facultad que empezaba me llevó a tener...